Madrid o la Plaza Cataluña de Barcelona no son nuevas, ni tampoco las escenas de contenedores ardiendo o duras cargas policiales contra manifestantes en las calles francesas. Lo novedoso de las protestas sociales juveniles que emergen en Europa son sus protagonistas: miembros de la Generación Z -jóvenes nacidos entre 1997 y 2012-, que perciben un futuro personal y profesional cada vez más complicado en el viejo continente.
En Francia, un país abonado a las movilizaciones sociales, son conscientes de que la presión popular se traduce en ocasiones en logros políticos. Así pasó en las últimas grandes movilizaciones contra el presidente Macron, cuando aprobó subir el año de jubilación de 62 a 64 años. La rabia en las calles logró paralizar la medida, en un país donde las pensiones suponen gran parte del gasto público y que mantiene uno de los niveles de deuda más grandes de Europa.
La educación, en Francia
La Generación Z francesa ha protagonizado ahora duras escenas de violencia, con incidentes en centros educativos e incluso agresiones a maestros. Lo hacen reclamando mejoras en un sistema educativo. Las demandas centrales son la falta de profesores y sustitutos, aulas deterioradas, horarios excesivos, clases masificadas, calor insoportable en las aulas y más financiación pública. También exigen reformar o suprimir Parcoursup, la plataforma estatal de admisión universitaria.

Las cifras hablan por sí solas. En Francia, la tasa de desempleo juvenil ronda el 20%, y el crecimiento del PIB cayó al 0% en el segundo trimestre de este año. Las pensiones drenan las arcas, y no hay voluntad política de reformar el sistema. Pese a que la izquierda aboga por mantener o incrementar el gasto, la incógnita es cómo financiarlo. Para apaciguar las llamas, el gobierno de Macron prometió reforzar la sustitución docente y revisar reparaciones, horarios y pausas para comer, pero los estudiantes consideraron la respuesta insuficiente y mantuvieron la presión.
La vivienda, en España
España también afronta un problema generacional, dado que tiene una de las poblaciones más envejecidas de Europa. La movilización social tras el desahucio y la muerte de Maricarmen llevaron al presidente Pedro Sánchez a convocar elecciones anticipadas. La Generación Z española tomó las calles tras conocerse la trágica historia de la anciana de 87 años. El sueño de tener una vivienda digna parece más lejano que nunca para la juventud española.

La oposición acusa al gobierno español de intentar sacar rédito político de la tragedia de Maricarmen, y le echan en cara no haber tomado medidas efectivas para frenar el encarecimiento del coste de la vivienda ni haber implementado medidas para fomentar una mayor oferta de casas disponibles. En las grandes ciudades, la juventud se conforma mayoritariamente con alquilar habitaciones o pisos compartidos a precios astronómicos.
El descontento británico
En Reino Unido, donde la tasa de desempleo juvenil ronda el 16%, el descontento juvenil también se centra en el difícil acceso a la vivienda, especialmente dentro de Londres y en los alrededores. En un discurso reciente, el premier Andy Burnham prometió la promoción de políticas públicas para garantizar un mejor acceso a la vivienda, así como un blindaje al sistema de pensiones y el estado del bienestar, medidas destinadas a proteger a los sectores más envejecidos de la sociedad británica.
La universidad, en Bélgica
En Bélgica, las movilizaciones se reactivaron a principios de octubre, aunque tienen raíces en las protestas iniciadas en mayo contra los recortes educativos y el plan del Gobierno de la Comunidad francesa de subir las tasas universitarias.

El conflicto surgió tras el anunció del encarecimiento de hasta un 35% de las matrículas, defendido por el gobierno como una medida para contener el gasto público. Los estudiantes se niegan a asumir que el coste de la crisis presupuestaria se cargue sobre los hombros de los estudiantes.
Estallido social en Portugal
En Portugal, el estallido social juvenil también ha puesto el foco en la crisis de la vivienda. Con la vista puesta en las calles españolas, miles de jóvenes salieron a las calles de Lisboa y Oporto el pasado 10 de octubre bajo el lema “Así no se puede vivir”. Esta semana, se registraron fuertes cargas policiales contra los manifestantes. Entre los eslóganes, se repiten mensajes como “quiero salir de la casa de mis padres antes de cumplir los 50 años” o “con este sueldo no se puede vivir”.

Las protestas portuguesas reclaman frenar los desahucios sin alternativa habitacional, limitar la compra de vivienda por fondos inmobiliarios y recuperar inmuebles vacíos mediante iniciativa pública para destinarlos a vivienda. En las principales ciudades portuguesas, es habitual encontrarse con propiedades abandonadas, que se debe en parte a las complejas leyes de herencia que llevan a muchos propietarios a renunciar a la propiedad de las fincas.
Albania: de la educación al primer ministro
La furia juvenil se ha expandido también hacia el este del viejo continente. En Tirana, la capital de Albania, las protestas estudiantiles comenzaron a principios de semana y se extendieron después a otras ciudades. Miles de estudiantes reclaman mejores condiciones universitarias, revisión de las tasas, más ayudas económicas y mejores perspectivas laborales tras graduarse.

El movimiento en las calles albanesas ya va más allá del sistema educativo, y los manifestantes piden la dimisión del primer ministro socialista Edi Rama, al que acusan de corrupción y mala gestión. Las protestas aumentaron de intensidad este jueves, con enfrentamientos entre manifestantes y policía, boicots universitarios y extensión a ciudades menores. Según la agencia Reuters, edificios de los ministerios de Educación o Justicia fueron incendiados.
La brecha generacional
Tim Vlandas, profesor de Oxford, explicó al New York Times que el hilo conductor que une todas las protestas juveniles europeas es la brecha generacional. La Generación Z clama por mayor inversión educativa, un mercado laboral estable y un acceso a la vivienda digna. En cambio, los mayores de 65 años priorizan el sistema de pensiones y el estado del bienestar, la protección del valor de sus propiedades o una inflación baja. Dado que la población mayor representa segmentos más amplios de las poblaciones, su influencia política también ha crecido. Vlandas considera que esto supone un “estancamiento económico sostenido democráticamente”.
Otros analistas destacan el riesgo político que podría derivar en caso de que las demandas juveniles no encuentren respuesta institucional. Entre otros escenarios, podría producirse una radicalización de las movilizaciones, extenderse las huelgas y provocar conflictos presupuestarios que deriven en mayor inestabilidad política en el viejo continente.






