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Por qué la generación Z besa menos: el 28% teme hacerlo mal

En el Reino Unido ya se habla de una “recesión del beso”. En España, los jóvenes no han renunciado al sexo, pero se lo piensan bien antes de acercar los labios

“Juventud, divino tesoro”, escribió Rubén Darío. La generación que hoy peina canas tomaba el tesoro al pie de la letra. Trasnochaba, bebía hasta el desparrame, fumaba a escondidas y besaba sin demasiado miramiento en una discoteca.  Al día siguiente ya decidía si el beso gustó o merecía directamente amnesia. A la Generación Z el tesoro le llega prudente. Bebe menos, fuma mucho menos y, a juzgar por los últimos datos británicos, hasta se lo piensa bastante antes de besar. ¿Qué ha pasado para que la juventud se vuelva tan comedida?

Los datos españoles confirman el fenómeno. La última encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES 2025), elaborada por el Ministerio de Sanidad entre estudiantes de 14 a 18 años, registra una caída generalizada del consumo. El alcohol es, con diferencia, la sustancia más extendida. El 51,8% declara haber bebido durante los últimos 30 días, frente al 56,6% de 2023.

Adiós a los excesos

Otra cosa son los excesos. Sólo el 17,2% reconoce haberse emborrachado durante el último mes, cuando dos años antes lo hacía el 20,8%. El consumo en atracón o binge drinking también ha descendido hasta el 24,7%. Ambos indicadores se encuentran en sus niveles más bajos desde el año 2000. Con el tabaco, la ruptura generacional es todavía mayor. El porcentaje de estudiantes que ha fumado durante el último mes pasó del 21% en 2023 al 15,5% en 2025 y sólo el 4,3% fuma diariamente. Son los niveles más bajos registrados en toda la serie histórica española.

No han dejado de beber, por tanto. Lo que parece haber perdido fuerza es la obligación de hacerlo para pertenecer al grupo. Algo parecido relata The Times sobre las universidades británicas. El alcohol forma parte de la vida universitaria, pero el estudiante que pide agua, un refresco o una cerveza sin alcohol ya no tiene que justificarse. La borrachera ha perdido su condición de rito de paso.

Alerta por el consumo de alcohol
Alerta en Reino Unido por el consumo de alcohol en menores
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¿Y qué ocurre cuando dejamos la copa y llegamos al romanticismo? Aquí llegan más sorpresas. Una encuesta realizada por YouGov en Reino Unido para The Big Kiss Report 2026 ha puesto nombre al fenómeno, la “recesión del beso”. El 35% de los británicos afirma besar románticamente menos que hace cinco años y casi uno de cada cinco lleva más de un año sin besar a nadie.

Entre los miembros de la Generación Z aparecen además razones que habrían resultado desconcertantes para generaciones anteriores. Casi un tercio reconoce haber evitado un beso por falta de confianza; el 40% da demasiadas vueltas a cuál es el momento apropiado para hacerlo y el 28% teme besar mal. Antes preocupaba que el otro no quisiera; ahora también preocupa no hacerlo de manera correcta.

España no dispone todavía de una encuesta equivalente que permita afirmar que nuestros veinteañeros se besan menos. Pero el beso ha entrado ya en las estadísticas oficiales. La Encuesta Nacional de Salud Sexual 2025, realizada por el Ministerio de Sanidad a 9.009 personas, incluye expresamente los “besos y caricias” entre las experiencias sexuales. El 93,9% de los españoles asegura haberlos experimentado alguna vez. La estadística se detiene justo ahí. Sabemos cuántos españoles han besado alguna vez, pero no con qué frecuencia lo hacen ni si un joven de 20 años besa hoy menos que sus padres cuando tenían su edad.

Inseguros en la intimidad

La Generación Z española no ha renunciado ni al amor ni al sexo. El Barómetro Juventud y Género 2025 de Fad Juventud muestra que el 53,8% de los jóvenes tiene actualmente pareja y sólo el 19,7% asegura no haberla tenido nunca. La mitad considera muy o bastante importante tener pareja y alrededor de siete de cada diez prefieren las relaciones monógamas.

Lo que sí parece es que estamos ante una generación sexualmente retirada. Los últimos datos recopilados por el INJUVE indican que el 18,1% de los jóvenes de 15 a 29 años no había mantenido relaciones sexuales. El porcentaje alcanza el 39% entre los 15 y los 19 años. Según esos mismos datos, un 9,7% mantenía relaciones sexuales sin compromiso con una sola persona y un 6,9% con varias.

El deseo, por tanto, permanece. Lo que ha cambiado es la negociación de la intimidad. El 81,8% de los jóvenes considera fundamental la comunicación dentro de una pareja, el 77,4% defiende la igualdad y el 72,1%, el respeto al espacio individual. Y la Encuesta Nacional de Salud Sexual aporta otro dato significativo: alrededor de dos de cada tres españoles aseguran que siempre necesitan conocer bien a una persona antes de mantener relaciones sexuales con ella. El viejo “una cosa llevó a la otra” ha sido desbancado por la conversación previa.

La relación entre sexo y alcohol no se aleja tanto de las generaciones anteriores. Un estudio nacional del Centro Reina Sofía de Fad Juventud realizado entre 1.200 españoles de 16 a 29 años reveló en 2025 que casi el 70% había mantenido alguna vez relaciones sexuales después de consumir alcohol. Sin embargo, casi la mitad considera que beber o consumir otras sustancias empeora la experiencia sexual, mientras sólo el 24,5% cree que la mejora.

Por tanto, conviene no confundir prudencia con abstinencia. La Generación Z bebe menos, pero bebe; practica sexo, pero parece cuestionar algunas de las viejas formas de llegar hasta él; quiere pareja, pero reclama espacio propio; y concede una importancia desconocida para generaciones anteriores al consentimiento y los límites. También besa menos, aunque en España todavía nos falta la estadística que lo confirme.

Química a través de la pantalla

El dinero explica en parte los nuevos hábitos. Salir cuesta más y una noche de copas exige un desembolso considerable para jóvenes que sufren las consecuencias de la inflación, alquileres prohibitivos y dificultades para emanciparse. Por otra parte, es una generación que sufrió la pandemia en edades decisivas para la socialización y ha aprendido a relacionarse a través de una pantalla. Ha crecido, por ello, con un vocabulario sentimental desconocido para sus padres. Consentimiento, límites, relaciones tóxicas, red flags, salud mental, responsabilidad afectiva… son conceptos que han permitido cuestionar comportamientos antes normalizados, aunque también pueden romper la naturalidad en la intimidad.

Y lo curioso es que nunca hubo tantas herramientas para conocer a alguien y probar si existe química: Instagram, TikTok, WhatsApp… Ni tanta presión. Los últimos estudios de Fad Juventud muestran la preocupación por resultar atractivo, tomar correctamente la iniciativa o “ser bueno practicando sexo”. La mejor muestra la aporta la encuesta británica con un solo dato: el 28% de los jóvenes reconoce tener miedo a besar mal.

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