Israel

Tras el 7-O, Israel llega a las elecciones dividido en dos

Tres años después de la masacre, las familias de los rehenes exigen responsabilidades a Netanyahu mientras Israel afronta unas elecciones marcadas por el trauma, la división interna y los fallos de seguridad

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Visitantes del memorial dedicado a las víctimas del festival de música Nova, cerca de la frontera con Gaza, en el sur de Israel
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El Foro de Familias de los rehenes israelíes secuestrados por Hamás el 7 de octubre de 2023 ha cambiado su eslogan ante las inminentes elecciones del 27 de octubre, unos comicios considerados decisivos en el estado judío. “Todos a casa”, exigen los familiares de los ex cautivos y víctimas del peor ataque sufrido por Israel en toda su historia, en una clara referencia al primer ministro Benjamin Netanyahu, el único alto cargo que todavía no ha asumido responsabilidades por la masacre. En un solo día, fueron asesinados 1.200 israelíes y 251 fueron capturados por el grupo islamista.

La previa del aniversario del ataque sorpresa de Hamás, que ha cambiado la historia reciente de Oriente Medio, estuvo marcada por el intento de atentado terrorista en el vuelo Dubai-Tel Aviv a manos de un piloto de origen omaní. En los días posteriores al incidente, que pudo costar la vida de 180 pasajeros, la prensa israelí reveló que los fallos de protocolo del ministerio de transportes permitieron que durante años cientos de tripulantes de países con los que Israel no mantiene relaciones diplomáticas pudieran aterrizar sin control en Tel Aviv. Es otro inexplicable fallo de seguridad que ya está condicionando la campaña electoral.

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Pasajeros israelíes llegan en un vuelo de Flydubai procedente de Tabuk, Arabia Saudí, al Aeropuerto Internacional Ben Gurión, cerca de Tel Aviv, Israel
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Además, el Consejo de Seguridad nacional israelí advirtió este martes que, ante el tercer aniversario del 7 de octubre, Irán y Hamás podrían perpetrar nuevos ataques contra intereses israelíes o judíos. “Organizaciones terroristas, lideradas por Irán y sus proxis y elementos yihadistas globales, ven esta fecha como un triunfo significativo”, apuntó el organismo, que recomendó a israelíes evitar viajar a países como Jordania, Qatar, Somalilandia y Egipto, así como a evitar hablar hebreo en lugares públicos en cualquier destinación.

Netanyahu, que ha logrado escalar tímidamente en las encuestas y colocar a su bloque de derechas y religiosos en un empate técnico con el bloque opositor liderado por Gadi Eisenkot, emplea la carta del miedo como último recurso para perpetuarse en el poder. “Hamás intentará utilizar lo que queda de sus fuerzas para influir en las próximas elecciones. Estamos preparados, y ante cualquier evento responderemos con toda la fuerza”, advirtió.

Netanyahu
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, durante un memorial del 7-O
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En el tercer aniversario del 7 de octubre, las grietas siguen partiendo en dos a la sociedad israelí. Pese al profundo trauma que dejó la matanza en el sur de Israel, voceros mediáticos favorables a Netanyahu siguen acusando de traidores a los familiares de los rehenes, por haber presionado para imponer la tregua y lograr liberar así a sus seres queridos. Eisenkot, ex comandante en jefe del Ejército israelí que aspira a reemplazar a Netanyahu con una coalición de partidos de distinta afinidad ideológica, perdió a su hijo en combate en la Franja de Gaza. 

Eisenkot entró en política en 2022 junto a Benny Gantz, otro ex militar centrista que fracasó en el intento de conformar una coalición alternativa al actual premier. Si logra su objetivo, se convertiría en el primer lider israelí de origen mizrají (judíos procedentes del norte de África y Oriente Medio), y su oferta electoral se centra en reparar las divisiones internas, combatir el terrorismo judío en Cisjordania, promover el reclutamiento militar obligatorio para los ultraortodoxos o devolver a Israel a la normalidad institucional y diplomática. No obstante, ni Eisenkot ni sus socios aclaran sus propuestas para resolver el longevo conflicto palestinoisraelí, más allá de reparar las maltrechas relaciones con la Autoridad Nacional Palestina.  

La gente ondea banderas mientras espera la llegada del rehén israelí liberado Omri Miran y celebra su regreso a casa después el 17 de octubre de 2025
EFE/EPA/ABIR SULTAN

“Murieron por su culpa”, le recordaron a Netanyahu algunos familiares de las víctimas durante la ceremonia oficial de recuerdo en Jerusalén el martes por la noche. En el kibutz Nir Oz, epicentro de la matanza, un vecino escribió en la casa de la familia Shem-Tov, asesinada por completo a sangre fría mientras se escondían en el cuarto blindado del hogar: “Netanyahu, la sangre está en tus manos”. El líder que se autodefinía como “Mr. Seguridad” llevó a Israel a una guerra de siete frentes que se extendió casi tres años, y que comportó unos costes humanos, económicos y psicológicos sin precedentes para el estado judío.

“Estas elecciones van de responsabilidad, o de huir de ella”, declaró Eisenkot durante una entrevista al Times of Israel. En los meses posteriores a la masacre, los principales cargos del ejército y los servicios secretos presentaron su dimisión. Netanyahu, que además tiene abiertos todavía tres juicios por corrupción, ha evitado en estos tres años establecer una comisión de investigación estatal para depurar responsabilidades. Recientemente, se revelaron nuevas pruebas sobre los avisos directos que recibió el primer ministro desde Emiratos Árabes Unidos o Egipto, alertando sobre los inminente planes de Hamás para invadir el sur del país. Todas las alertas fueron ignoradas.

“Si, Dios no lo quiera, la actual coalición de derecha vuelve a ganar, conducirá a Israel por derroteros sombríos que ya vemos desarrollarse”, alertó el candidato opositor. Más allá de la sombra de la guerra, el actual ejecutivo israelí ha seguido avanzando a marchas forzadas la controvertida “reforma judicial”, que está deteriorando la independencia del sistema judicial. En Israel, un país sin Constitución ni segunda cámara, el Tribunal Supremo es considerado como el único ente capaz de frenar los pies al gobierno.