Delia Rodríguez: “El parón de la Ley de Familias está posponiendo embarazos”

La socia directora de Vestalia advierte de que la parálisis de esta norma puede condicionar decisiones como llevar a un progenitor a una residencia o tener un segundo hijo

Delia Rodríguez, socia directora de Vestalia.
Delia Rodríguez, socia directora de Vestalia.

Delia Rodríguez fundó en 2015 Vestalia, despacho que dirige con su hermana Adriana, y que más allá de separaciones y divorcios, ha hecho suya una concepción integral del Derecho de Familia e Infancia, en el que también se ocupan de filiaciones y violencia de género, y abordan Sucesiones y Planificación Familiar y Patrimonial. Para las cuestiones puramente fiscales y mercantiles, el bufete, que estrena nuevas oficinas en la calle Velázquez de Madrid, trabaja con colaboradores especializados. Tienen un crecimiento lento pero constante, subraya, a pesar de que es un trabajo artesanal que no admite igualas. Hija de padres separados, le preocupa especialmente el menor en estos casos. Rodríguez, que llega a la entrevista con su hija de recogerla de su primer día de guardería, aborda el debate público y legislativo sobre la familia y temas como la custodia compartida, la renuncia o el Síndrome de Alienación Parental (SAP), lleno de tótems y tabúes, de manera clara y directa.

Pregunta. ¿Cómo ha sido la trayectoria del despacho?

Respuesta. Los primeros pasos del despacho comenzaron en 2015. Lo fundamos mi hermana, Adriana Rodríguez, y yo. Empezamos como un despacho familiar, formado únicamente por dos hermanas, con una vocación muy marcada.

En mi caso, siempre he tenido una inclinación muy clara hacia el ámbito de la familia y la infancia. Y creo que, como ocurre muchas veces, las decisiones profesionales que tomamos de adultos tienen su origen en experiencias vividas durante la infancia. En mi caso no fue diferente. Viví la separación de mis padres en una época en la que los divorcios todavía eran un tema tabú, mucho más excepcional que hoy, y aquello me marcó profundamente.

Con el tiempo entendí que mi necesidad de proteger y cuidar a otros niños tenía relación directa con lo que yo misma había vivido. No fue un divorcio especialmente conflictivo, pero sí hubo silencios y falta de explicaciones. Y creo sinceramente que, para un niño, a veces un silencio puede ser incluso más doloroso que un conflicto abierto. Es como ese monstruo debajo de la cama que uno imagina y hace cada vez más grande.

Esa necesidad de protección fue lo que despertó mi vocación. Primero desde el ámbito educativo, donde desarrollé proyectos relacionados con la infancia, y más adelante desde el ámbito jurídico. Mientras terminaba mis estudios preparé oposiciones a juez, pero en un momento dado me pregunté qué quería hacer realmente. Ahí fue cuando tuve mis primeras experiencias en despachos tradicionales y detecté una carencia muy clara: una visión excesivamente fría y técnica del derecho de familia, muy centrada en el expediente y muy poco en las personas.

Vi entonces una oportunidad de construir algo distinto: un despacho que combinara el rigor y el detalle del trabajo artesanal con una visión más moderna, cercana y humanista. Queríamos conservar la excelencia jurídica tradicional, pero adaptada a los tiempos actuales.

Durante los primeros años irrumpimos con fuerza en el sector porque el derecho de familia estaba dominado por modelos muy tradicionales. Nosotros introdujimos una metodología distinta, incorporando psicólogos en los procedimientos y poniendo el foco absoluto en la protección de los menores. En aquel momento los despachos de referencia eran estructuras muy personalistas, asociadas al apellido de un abogado concreto. Nosotros queríamos construir algo diferente: un modelo más parecido a las grandes firmas mercantiles o fiscales, pero especializado en familia.

El crecimiento fue lento, pero constante. Es una materia que exige muchísimo detalle y un trato profundamente personal. No es un negocio de crecimiento rápido, pero precisamente por eso cada etapa ha tenido sentido.

Comenzamos en unas oficinas en Antonio Arias, en el barrio de Ibiza, en Madrid. Las diseñamos deliberadamente como una casa. No queríamos que quien entrara sintiera que estaba en un despacho frío lleno de títulos y manuales incomprensibles, sino en un espacio acogedor, tranquilo y humano, donde pudiera hablar de sus problemas personales con confianza.

El nombre del despacho también refleja nuestra filosofía. “Vestas” hace referencia a las diosas protectoras del hogar y la familia. Nuestro centro neurálgico siempre ha sido la protección de la infancia. No como un eslogan comercial, sino como una convicción real que guía todas nuestras decisiones.

Ese enfoque fresco y humano hizo que creciéramos rápidamente en reputación, especialmente teniendo en cuenta que no veníamos de familias vinculadas al mundo jurídico. Éramos primera generación de abogadas.

Entre 2015 y 2020 consolidamos el despacho, crecimos en volumen de trabajo y participamos en distintos proyectos profesionales y solidarios. Pero fue en 2020 cuando se produjo el gran punto de inflexión. La pandemia cambió muchas cosas. Mientras algunas personas aprovecharon aquel tiempo para frenar, nosotros vimos una oportunidad de crecimiento.

Trabajamos de forma intensísima y empezamos a publicar contenido muy especializado sobre cuestiones familiares derivadas del confinamiento: custodias, visitas, desplazamientos de menores… Llegamos a tener artículos con más de 20.000 visualizaciones diarias. Eso nos dio muchísima visibilidad, llegaron intervenciones en medios de comunicación y surgió la necesidad de ampliar equipo.

A partir de ahí el crecimiento ha sido constante. Hemos incrementado facturación año tras año y hemos pasado a ser un equipo de diez personas, organizadas por áreas de especialización.

P. ¿Sobre qué asuntos asesoran?

R. Hoy trabajamos materias como custodias, modificaciones de medidas, violencia de género, violencia doméstica, sustracción internacional de menores, medidas de apoyo judicial para personas con discapacidad, adopciones internacionales y herencias, entre otras áreas. Pero siempre con un mismo eje: la familia.

P. ¿Tratan la fiscalidad en las herencias?

R. No pretendemos ser un despacho generalista. Todo lo Mercantil y Fiscal lo trabajamos con colaboradores especializados. Nuestra filosofía es ofrecer una cobertura integral sin perder la excelencia técnica. Preferimos colaborar con especialistas antes que asumir materias en las que no somos los mejores.

Uno de los grandes cambios del despacho en los últimos años ha sido el desarrollo del área patrimonial y sucesoria. Hemos detectado una necesidad enorme en familias empresarias y patrimonios elevados: integrar la planificación familiar, sucesoria y empresarial desde una perspectiva humana.

Muchas veces un cliente llega por un divorcio y detrás aparecen otras preocupaciones: testamentos, empresas familiares, sucesiones, protección del patrimonio o miedo a perder capacidades cognitivas en el futuro. Ahí es donde creemos que aportamos una visión muy novedosa.

Trabajamos protocolos familiares, planificación sucesoria y herramientas de protección enfocadas a la longevidad. Por ejemplo, ayudamos a matrimonios que no necesariamente están en crisis, pero que quieren dejar organizadas cuestiones relacionadas con futuras enfermedades, pérdida de autonomía o protección patrimonial.

No hablamos solo de fiscalidad o estructuras societarias. Hablamos también de miedos, dinámicas familiares y necesidades emocionales. Creemos que ahí el abogado de familia aporta una sensibilidad distinta que complementa perfectamente el trabajo técnico de fiscalistas o mercantilistas.

P. ¿Cómo asesoran sobre violencia de género?

R. Abordamos cuestiones muy delicadas vinculadas a violencia familiar y protección de menores. Contamos con un departamento especializado en violencia de género y violencia doméstica liderado por una profesional con más de treinta años de experiencia.

En este ámbito observamos con mucha atención las reformas legislativas recientes, especialmente las relacionadas con la protección de la infancia. La ampliación de la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia ha generado un debate muy importante dentro del sector jurídico.

Por un lado, porque endurece medidas relacionadas con custodias y visitas cuando existen procedimientos penales abiertos; y por otro, porque reabre debates complejos como el del llamado síndrome de alienación parental, concepto no reconocido científicamente pero alrededor del cual existe una enorme discusión jurídica y social.

Nosotros defendemos siempre la protección de los menores, pero también creemos que es fundamental analizar cada caso con rigor y evitar automatismos que puedan perjudicar injustamente a cualquiera de las partes.

Otro aspecto muy importante de nuestro trabajo es la confidencialidad. Trabajamos con personas con alta exposición mediática, familias empresarias y conflictos de enorme sensibilidad personal y reputacional. Nuestra filosofía siempre ha sido trabajar desde la máxima discreción. Llevamos filiaciones, lo que requiere de una especial cautela de confidencialidad porque son temas muy delicados de personas conocidas.

Muchas veces nos preguntan si llevamos casos de personas conocidas, y precisamente quienes más valoran nuestro trabajo son aquellos clientes que no quieren aparecer en ningún sitio. Para nosotros el protagonismo siempre debe recaer en la protección del cliente y no en la exposición mediática del despacho.

A día de hoy, más allá del crecimiento empresarial, lo que más orgullo nos genera es haber contribuido a transformar la percepción de la abogacía de familia. Tradicionalmente se consideraba una materia menor, cuando en realidad afecta a las decisiones más importantes de la vida de una persona: sus hijos, su patrimonio, su legado y su estabilidad emocional.

Creo sinceramente que hemos conseguido demostrar que la abogacía de familia puede ocupar un lugar estratégico dentro de las grandes decisiones patrimoniales y empresariales, aportando una visión humana, preventiva y profundamente especializada.

P. ¿Qué les parece la Ley de Familias y cómo impacta su retraso?

R. Está totalmente parada. El sentir de las familias con las que yo hablo es que hay veces que posponen decisiones muy importantes porque esto está totalmente congelado y el hecho de no saber si de verdad vas a poder gozar de determinados permisos ampliados puede condicionar decisiones tan importantes como si al final vas a tener más tiempo para cuidar a tu madre que se encuentra enferma o llevarla a una residencia o si vas a poder tener un segundo hijo.

No es tanto las medidas en sí, sino cómo condicionan las decisiones familiares debido a la dificultad de conciliación que tenemos la mayoría, las tienen congeladas hasta saber si van a poder afrontar determinadas responsabilidades familiares. A lo mejor porque vienen por otra cosa, pero te acaban preguntando, “Oye, ¿sabes cómo está esto?” Incluso en un proceso de divorcio puede condicionar, podría suponer que un padre o una madre tenga mejor o peor disponibilidad y eso afecta directamente a la custodia.

P. ¿Qué otras novedades legislativas destaca?

R. Se va a ampliar la Ley Orgánica de Protección a la Infancia, que entró en vigor en el 2021, que ya incluyó novedades interesantes como, por ejemplo, la suspensión automática de las visitas con los hijos en el momento en el que hubiera cualquier procedimiento penal.

P. ¿Sin distinción de género?

R. No hablo de género, sino cualquier procedimiento penal en el que hubiera indicios de, tanto del progenitor hacia la progenitora como viceversa eso directamente suspendía las visitas del que estuviera denunciado como una cuestión preventiva. Este artículo no tiene género, este artículo se va a aplicar con independencia de quien sea el denunciado. En cuanto entró en vigor en 2021 generó un fenómeno social y jurídico interesante porque como anticipamos muchos profesionales desencadenó denuncias en procesos ya en curso o por empezar porque, aunque sea algo excepcional, siempre ocurre aquello de echa la ley, echa la trampa, y aunque no podemos tomarlo ni mucho menos como una generalidad, sí que es bueno visibilizar que hay personas que hacen un mal uso de determinados recursos porque perjudica a las verdaderas víctimas y creo que en ese sentido sí que debería seguirse de oficio y condenarse de manera mucho más firme cuando verdaderamente se sabe que alguien instrumentaliza una denuncia.

Es algo que comparado con la problemática social y la lacra de la violencia de género es residual, pero que también está ahí.

Entonces, este artículo causó mucho revuelo porque en el momento en el que había una denuncia, aunque luego prosperase o no, ese progenitor o progenitora no había podido relacionarse con su hijo ni con una llamada durante todo ese tiempo. Hay algunos juzgados con una supercarga, que tres meses se pueden convertir en un año. Conozco clientes que han dejado su bebé de 8 meses y entre denuncias y recursos, la criatura tiene cinco años y le han visto en un punto de encuentro.

Se ha anunciado que en el momento en el que haya un posible daño emocional, no hablo de físico ni psicológico, la custodia compartida ya no se va a poder acordar. Esto ha sido entendido por una parte del gremio como un posible retroceso en la custodia compartida en España. En primer lugar, nos ha costado décadas conseguir que la custodia compartida sea no un derecho de los padres, sino de los niños de poder criarse con los dos en las condiciones adecuadas siempre que se den los factores idóneos.

Hay que hacer un estudio pormenorizado de cada caso porque la custodia compartida no vale para todo el mundo.

Esto puede llegar a ser muy perjudicial para los progenitores y por ende para los menores cuando luego al final se demuestre que ese daño emocional o bien no existía o bien a lo mejor la causa proviene del propio conflicto parental y de una separación. Yo, como hija de padres separados, por supuesto, también tuvo un daño emocional, pero no era culpa de nadie en concreto, era de la situación. Entonces, habrá que ponderar los intereses del juego para que el proteger al bajo la bandera de la protección de los menores nos se esconda otro tipo de de intereses partidistas.

Pero ha costado llegar hasta ahí, yo creo que además es un hito que no solamente beneficia a la infancia, sino también a las mujeres, porque las custodias exclusivas también significan una renuncia profesional inequívoca. Es una decisión legítima, creo que es parte de la libertad el poder decidir, pero yo ahí sí que creo que a las mujeres les falta información especializada y veraz, no hablo de chequear Google o Chat GPT, sobre qué puede ocurrir con esas renuncias el día de mañana en caso de separación y la gran mayoría de las mujeres no lo sabe cuando lo toma esa decisión.

P. ¿Qué deberían conocer?

R. Que en el caso de una separación o divorcio se van a encontrar en unas tesituras que por más que un juez pueda acordar una pensión compensatoria, que cada vez se dan menos porque el rol de la mujer en el mercado laboral es algo ya consolidado y hay muchas juezas, que han sacado una oposición y trabajan, por lo tanto la tendencia a dar pensiones compensatorias, esa visión también está ya cada vez más alejada. Esa mujer que ha estado 40 años casada, de repente se separa, se divorcia y nunca ha cotizado, entonces ahí lo veíamos todo muy claro, de hecho las pensiones compensatorias eran bastante elevadas, pero todo eso se va diluyendo a medida que la evolución social tiene lugar.

Yo las apoyo completamente porque entiendo como madre que puedan llegar a tomar esa determinación, pero al menos tienen que hablar con sus parejas de cómo se compensaría hipotéticamente en un futuro esa renuncia para que no se vean penalizadas si se separan, por ejemplo, que con 45 ó 50 años que hay un desempleo muy acuciante en el ámbito femenino, mucho más que en el masculino, que no se encuentren con un porvenir económico muy negro por esa falta de vacío profesional que las deja en gran desventaja.

P. ¿Qué opina sobre la prohibición del Síndrome de Alienación Parental (SAP)?

R. Se prohíbe expresamente ya en la Ley de 2021, tampoco es una novedad. Creo que es una forma de generar un impacto mediático que de dar una información verdaderamente novedosa. Es un fenómeno no reconocido por la comunidad científica que viene a hablar de esa alienación, de esa manipulación de los menores por uno de los progenitores, que en el caso originario del término siempre apuntaba a la madre, una cosa por la que también ha sido muy criticado porque implicaba que las madres son las alienadoras, cosa que no es cierta.

Esto no se ha reconocido por la comunidad científica y esta ley lo prohíbe, pero donde está el meollo de la cuestión es en que también se da a entender que se van a prohibir otro tipo de formulaciones, que hablemos de manipulación infantil o de interferencia parental o de mediatización infantil, todos ellos fenómenos o realidades que vemos todos los operadores jurídicos, tanto jueces, fiscales, como abogados, y que cualquier persona que trabaje en esto te va a decir que, por supuesto, existe, y es el pan de cada día.

Entonces, a mí sí que me suscita cierta preocupación ver como en la práctica, en caso de que entre en vigor esta ampliación, cómo va a repercutir en el día a día de los juzgados.

Y el último punto por terminar esta este tema es que se habla de que se va a escuchar a todo menor con independencia de su edad, no solo a los de 12 años para arriba. Ya se escucha a los menores de 12 cuando tienen cierta madurez o cierta edad, pero no tiene ningún sentido hacer desfilar a un niño de 4 años por un juzgado sin los recursos suficientes, de los que ahora carecemos. Es decir, un juez y un fiscal que se quitan la toga en el mejor de los casos y que charlan con un niño 15 minutos sin ningún tipo de apoyo profesional de un psicólogo facilitador.

Entiendo que para poder hacer este desarrollo del derecho del menor, un derecho del niño, tendríamos que contar con espacios adecuados para público infantil de corta edad y apoyo profesional de psicólogos que ayuden al tribunal a formular las preguntas de manera adecuada. Todos ellos recursos de los que nada se habla en la ley y no hay presupuestos. Nada se dice sobre cómo se va a llevar a cabo esto y a día de hoy los recursos son absolutamente insuficientes.

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