El Partido Popular no esperaba esta noche electoral. Juanma Moreno repitió hasta la saciedad que no había que dar la mayoría absoluta por garantizada, que todo iba a depender de un puñado de votos y que el subidón de Adelante Andalucía podía trastocarlo todo. Pero, en privado, prácticamente todo el mundo en la formación daba por descontado que superaría la barrera de los 55 escaños, la de la mayoría absoluta. Se hicieron apuestas entre los cargos autonómicos, y muchos hablaron de 58 representantes. “Drama total”, resumió uno de ellos.
En el imaginario popular, la de este domingo iba a ser una noche mágica. El regreso, por fin, de las mayorías absolutas y el freno definitivo a Vox y sus chantajes. El propio Moreno, que logró evitar errores relevantes en campaña, trasladó a la opinión pública que era o votarle a él o enfrentarse a ese “lío” que han tenido que gestionar María Guardiola en Extremadura, Jorge Azcón en Aragón y que pronto afrontará Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León. “Paciencia y tranquilidad” es la receta en el feudo de Mañueco, conocido el resultado electoral andaluz.

Pero, además, en el PP preveían el retorno “a la moderación y la centralidad” como fórmula para ganar en solitario. La vuelta de Borja Sémper a la primera línea de la política reforzaba esa tesis, como se encargaron de enfatizar en Génova. “La mayoría absoluta era importante para Juanma, pero también para Feijóo porque marcaba un punto de inflexión”, corroboran distintas fuentes del partido. Aunque “tampoco fue con la moderación”, en palabras de un líder territorial.
El ánimo real del partido, con el escaño 53 inamovible, era de frustración. De “pena” ante la incapacidad de alcanzar la absoluta, con un Vox que resiste y aumentó en un escaño su representación. El PP perdió cinco escaños. “Vaya sofocón”, contestó un miembro del Gobierno de Moreno. “Tendremos que vender que es un buen resultado, pero no es lo que esperábamos”, confesaba otro dirigente autonómico. Las caras en su sede provincial eran un poema.

Durante la campaña, incluso se sugirió desde el equipo de Moreno que antes de pactar con Vox, no había que descartar la repetición electoral. “¿Otras elecciones? Cuidado con los experimentos, esto ya ha sido una sorpresa”, responde un barón autonómico. “Guardiola también sugería eso y, al final, cedió y Vox ya está en su gobierno”, rememora otro dirigente. El propio Moreno, en su primer discurso tras los resultados, quiso cerrar la puerta a esa posibilidad. “Prioridad nacional”, gritaban eufóricos los de Santiago Abascal.
Este lunes, Feijóo ha convocado la Junta Directiva Nacional, el máximo órgano entre congresos del partido, para arropar a Moreno. El guion no cambiará pese a la agridulce noche electoral. “Si hoy se celebraran elecciones generales, Pedro Sánchez estaría fuera de la Moncloa”, sentenciaron. “Sacamos casi veinte puntos al PSOE… hemos ganado todas las elecciones que se han celebrado”. Pero esperaban más, y no parece que esté más cerca un posible gobierno en solitario del líder gallego.

Isabel Díaz Ayuso, que asistirá al órgano interno, fue la primera en felicitar públicamente a Moreno. “Estará encantada, después de que nadie le haya apoyado con el lío de su viaje a México, cada vez se queda más sola con las absolutas”, maliciaba un parlamentario. “Seguimos ganando en las encuestas y defraudando en las urnas”, se despedía un último dirigente.
