Siempre he dicho que el pecado original de la invasión de Ceuta fue la falta de previsión del Gobierno, la falta de control en una frontera que en los días previos había sufrido ya un incremento de entradas ilegales en nuestro país (la Policía llegó a calificarlo como “una entrada masiva a nado”) que no obtuvo respuesta alguna por parte del Ejecutivo. Hasta el propio presidente de la ciudad autónoma, Juan Vivas, pidió el día 27 un mando único ante la presión migratoria que estaba sufriendo Ceuta, pero el Gobierno hizo oídos sordos a esta solicitud y, cuando tuvo lugar la invasión, ya era demasiado tarde.
Desde el principio, el Ejecutivo se esforzó en dejar claras dos cosas: una, que Marruecos no había tenido nada que ver en esto; dos, que el Ejecutivo no había recibido alerta alguna que hiciera prever algo así. Días después, y con Pedro Sánchez de vacaciones, comenzaron las fricciones entre los miembros del Gobierno. Margarita Robles apuntó que el Centro Nacional de Inteligencia sí que había advertido de lo que podía pasar, un extremo negado con contundencia primero por Fernando Grande-Marlaska y después, por el propio presidente del Gobierno y varios de sus ministros. Muchas crónicas incluían incluso el enfado que muchos de ellos tenían con su compañera de Gabinete por lo que consideraban una deslealtad por parte de la titular de Defensa… Poco a poco, el relato de Moncloa también fue virando y comenzaron a decir que lo que no había habido era “informes escritos” como tal. Es decir, que algo había habido. Para poner la rúbrica a este relato, Sánchez añadió que ningún informe había advertido “de la magnitud de la avalancha”. Y ahí estaba el matiz. “la magnitud”. Pero todo ese castillo de naipes se ha caído con la publicación, auspiciada por el propio Gobierno, de los documentos que recibieron esos días, publicación anunciada por el propio presidente durante su comparecencia en el Congreso el pasado día 3 ante la mirada seria de Margarita Robles que, desde su escaño, parecía decir, “pues espera la que te viene”.
Los documentos dejan claro que el CNI sí que alertó de lo que podía suceder, tanto a la delegación de Gobierno, como a la Policía Nacional, a la Guardia Civil e incluso a Rabat. Había grupos en whatsapp y en redes de hasta 200.000 personas que estaban promoviendo el asalto, y así se lo hizo saber uno de sus agentes a un responsable de la delegación. Moncloa asegura ahora que esto no era suficiente, que el CNI tendría que haber enviado una alerta oficial, y no hablar el tema “con un cargo menor”. Menor o no, la alerta se había dado, y venía de un miembro del CNI, no de una vecina cotilla de Ceuta que veía movimiento por la zona. Y nadie reaccionó, tampoco Interior, quizá porque bastante trabajo tiene haciendo fichas sobre periodistas.
Otros informes aseguran que Marruecos quizá no auspició la entrada masiva, pero mantuvo una actitud pasiva que la permitió, y en nuestro lado, por supuesto, el número de agentes era insignificante.
Si el Gobierno quería demostrar con estos documentos a los españoles que todas sus teorías eran ciertas, se ha equivocado. Las informaciones de todos los organismos dejan claro que estábamos a por uvas, y que solo Margarita Robles ha sido capaz de mantener una actitud digna en esta crisis. Más que nunca, la pregunta que cabe hacerse es, ¿pero aquí no va a dimitir nadie? Me da que no, porque ahora el relato es otro, el relato pasa por afirmar que estamos ante una crisis humanitaria y que quejarse de las 24 agresiones sexuales que han sufrido las mujeres, de la inseguridad, o de la insostenible situación que se vive en Ceuta es xenófobo. Ya saben, como dice Marlaska, pensar que hay violencia es algo subjetivo.

