Opinión

La kryptonita

La actriz Milly Alcock leyendo el cómic 'Supergirl: Woman of Tomorrow'
La actriz Milly Alcock leyendo el cómic 'Supergirl: Woman of Tomorrow'
Actualizado: h

Supergirl, la nueva apuesta de DC, concebida como uno de los pilares del universo que James Gunn quiere reconstruir, se ha estrellado en los cines de manera estrepitosa, muy por debajo de las previsiones. Unos 38 millones de dólares en Estados Unidos y alrededor de 68 en todo el mundo durante su primer fin de semana resultan escasos para una producción que ha requerido de unos 170 millones de presupuesto. Mientras tanto, Toy Story 5 lidera la taquilla con una facilidad indisputada.

Ya habíamos vivido esto antes; en 1984, Supergirl, protagonizada por Helen Slater, llegaba a las pantallas, impulsada por el éxito del Superman de Christopher Reeve, para muchos el único Superman digno de tal nombre. La industria confiaba en repetir la fórmula, pero la película se convirtió en uno de los grandes batacazos del cine de superhéroes. Cuatro décadas después, otra actriz se enfunda la capa en una nueva etapa de DC para encontrarse con un público indiferente. El personaje vuela siempre con el viento en contra, y sin explicación para el fracaso, porque las  puntualizaciones inmediatas son conocidas pero poco convincentes: desgaste del género, críticas discretas, un personaje con menos peso popular que Batman o Superman, una actriz sosa, una promoción incapaz de generar entusiasmo. Si bien todo suma, ninguno de esos factores explica por sí solo un fenómeno que se repite.

Póster de Supergirl - Cultura
Imagen promocional con el póster de la película.
Warner Bros. Pictures

Las superheroínas se mueven bajo una lupa distinta. Las mujeres traen consigo un pliego de condiciones mucho más largo. Deben ser fuertes, cercanas, vulnerables, inspiradoras, modernas, imperfectas, vulnerables, hermosas, y, además, rentables. Cada estreno general dudas sobre todas las heroínas futuras, mientras que cada fracaso masculino pertenece únicamente a ese personaje. Llegaron más tarde al gran escaparate de Hollywood y no gozan del beneficio de la tradición de los héroes que durante generaciones han protagonizado cómics, series, juguetes, videojuegos y películas y forman parte del paisaje cultural desde la infancia.

El contraste con Toy Story 5 resulta revelador. Woody, Buzz y compañía, los entrañables juguetes de plástico con más de treinta años de historia, no cargan con ninguna misión cultural. No representan un cambio de paradigma ni una reivindicación. Se limitan a evocar la infancia, un refugio compartido por varias generaciones, y el momento en el que dejamos de jugar. Su nueva aventura, que enfrenta a los juguetes con las pantallas, es una historia sencilla y profundamente emocional.

Si la industria lleva años convencida de que el público busca universos cada vez más grandes, la taquilla insiste en otra dirección. El espectador también busca personajes conocidos, relatos comprensibles y emociones reconocibles. En tiempos de incertidumbre, el refugio suele imponerse al riesgo, y pocos refugios son tan eficaces como la nostalgia.

Supergirl - Cultura
Imagen promocional de la película de DC.
Warner Bros. Pictures

El tropiezo de Supergirl habla de todo eso. Habla del abuso de las franquicias, de la dificultad para levantar nuevos iconos y de la fuerza de los recuerdos. También revela una exigencia persistente hacia las protagonistas femeninas. Las películas de superhéroes fracasan de manera regular, pero Superman nunca tuvo que justificarlo. Batman tampoco. Solo a ellas se les sigue pidiendo que demuestren que merecen ocupar el centro del cartel, que no son kryptonita para la taquilla. 

TAGS DE ESTA NOTICIA