El otro día fui a ver La bola negra y el público estaba completamente hechizado. Esa fue mi sensación. Cuando acabó la película, la gente lloraba y trataba de recomponerse. Hubo muchos aplausos. Más aún cuando en la pantalla aparecieron Javier Ambrossi y Javier Calvo. Conectaron con ellos más de 70 salas y estuvo bien que contasen anécdotas del rodaje. Era el estreno y me pareció una estrategia de promoción maravillosa. Nadie se movía de su sitio. Hacía calor, pero todos querían más. Nunca había vivido algo así.
Los Javis han logrado que muchas personas acudan de nuevo en masa a los cines. Está siendo un éxito de taquilla. Es todo un fenómeno que te atrapa, arrasa y agita. Mis amigos salieron diciendo que es “una obra maestra”, “sobrecogedora” y “poética”. La mayoría coincide a la hora de resaltar su apabullante belleza.
Inspirada en un proyecto homónimo de Federico García Lorca del que sólo se conservan cuatro páginas manuscritas y en la pieza teatral La piedra oscura de Alberto Conejero, la trama es un puzzle compuesto por tres piezas (repartidas en diferentes épocas: 1932, 1937 y 2017) que encajan a la perfección.
A mí la que más me gusta es la central, donde se cuenta la relación entre Rafael Rodríguez Rapún (la última pareja de Lorca) y Sebastián. El primero llega gravemente herido como prisionero republicano a un hospital militar. El segundo es un soldado al que le ha tocado estar en el bando nacional y debe custodiarle. Este último papel lo hace Guitarricadelafuente e impacta que esta sea su primera experiencia como actor. No se puede expresar mayor sensibilidad en una mirada.
No pienso desvelar qué es la bola negra. Ya se ha contado en muchos sitios y prefiero mantener el misterio para que lo resuelvan los espectadores. Lo que sí quiero compartir es mi escena favorita. Hay varios momentos emotivos, tremendamente barrocos, pero el que me estremece es aquel en que aparece el poeta granadino (en blanco y negro) comentando que “los campos de España están llenos de historias de amor enterradas y hay que arañar la tierra para que salgan”.
Ahí comprendes, de golpe, la magnitud de los Sonetos del amor oscuro y, por supuesto, te pones en la piel de todos aquellos hombres que sufrieron lo suyo por desear y querer a otros de su mismo sexo. Ya no hay nada que ocultar. Hoy, por suerte, eso ha cambiado. Aunque en este film hay un mensaje implícito: que los postulados de la ultraderecha no nos hagan regresar al pasado. La amenaza existe.
Pero ahora tenemos este recordatorio para evitar que eso ocurra. El dolor de ellos conmueve. También el de las mujeres que aparecen en un segundo plano. Así, hay un cameo de Glenn Close hablando en castellano. Interpreta a una famosa historiadora, que vela por la memoria histórica. Para ella lo importante “no son los hechos, sino las personas”.
Por otro lado, sobresale una descarada Penélope Cruz, la cupletista que baila y entretiene al ejército. Explosiva, repleta de matices, puro talento. Representa la libertad y una incómoda forma de sobrevivir en medio de los horrores de guerra.
Por último, destaca Lola Dueñas haciendo de madre histriónica y amargada. Me recuerda a una de aquellas Mujeres al borde de un ataque de nervios, de Pedro Almodóvar. También carga con sus traumas.
La bola negra ya ha conquistado los festivales por los que ha pasado y ha recibido varios premios. Todo apunta a que triunfará en los Oscar con cada una de sus sublimes escenas. La directora de fotografía, Gris Jordana, y el de arte, Roger Bellés, han construido un universo repleto de sentimiento. Es como un cuento. Cada imagen es una postal; cada melodía, perturba; cada diálogo, implica y salpica. De este modo, la moda lorquiana se extenderá por todo el planeta y llegará a nuevas generaciones.
Tenía expectativas muy altas y no me ha defraudado. Se aprenden varias cosas. Todo está repleto de detalles. Hay uno hasta en la claqueta que usaron para grabar. La vi en un reportaje que hicieron del equipo y me chocó leer en ella esta frase: “Equivocar el camino es llegar a la nieve”. Enigmática, ¿verdad? Ahora sé lo que significa. Los demás tendrán que ir a descubrirlo. Aviso: no sales igual que entras.

