Opinión

Realidad vs. ‘doblepensamiento’: Sánchez tiene mucho que celebrar

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aplaude a su llegada al Congreso de los Diputados. EFE/J.J. Guillén
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
EFE
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Pedro Sánchez celebró su primer acto electoral este lunes, a las nueve y en el Palacio de la Moncloa, horas después de que el primer barómetro de Winston para Artículo14 mostrara que la derecha conseguiría, en las ya confirmadas generales del 29 de noviembre, 204 escaños –135, PP; 69, Vox–, amén de que “sólo” el 53% de los votantes del PSOE considera que el yerno de Sabiniano, el de las saunas, debería repetir como candidato. Además, El País y la Ser, medios friendly, cero sospechosos de integrar la máquina del fango, publicaban también una encuesta de 40 dB. en la que las formaciones lideradas por Feijóo y Abascal “asientan su mayoría absoluta”, y en la que los segundos crecen como nadie: 6 décimas. Tezanos: calienta, que sales.

Con la que ha caído, con la que sigue cayendo y con la que va a caer, que un 53% de los votantes del principal partido de la democracia patria –a la historia remito– continúe confiando en Sánchez es un dato extraordinario, tanto como para que el presidente haga el pino con las orejas. Casi cuatro millones de españoles todavía apuestan por el presidente que indultó a los golpistas del procés, que pactó con el prófugo Puigdemont y con EH Bildu, que permitió la suelta de mesnadas de violadores con la chapuza aquella de la Ley del sólo sí es sí, que no ha presentado presupuestos en toda la legislatura y que ha alquilado Ceuta a Mohamed VI. Por el espalda plateada de Ábalos, Cerdán, Koldo y Leire Latre. Por el marido de la esposa imputada. Por el hermano del director de orquesta condenado. Etcétera. Ahí sigue el tío, sabedor, como escribiera Larra en “La Nochebuena de 1836”, de que “el corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer”, y que posee un número de feligreses nada desdeñable y muy bien pastoreado por sus enanitos políticos y, sobre todo, mediáticos.

Porque Sánchez dio una nueva clase magistral de doblepensamiento –y van…–, esa facultad, según aquella criatura de Orwell que respondía al nombre de Emmanuel Goldstein, “de sostener opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente”; de “decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar ni por un momento de saber que existe esa realidad que se niega”. Por ejemplo, el presidente declaró que “las urnas volvieron a apostar por un gobierno de coalición progresista”. Falso, y a la votación del viernes de Junts remito. “Muchos confunden pactar con traicionar y bloquear con vencer”, continuó. “Con Bildu no vamos a pactar”, declaró en 2020. No dijo entonces traicionar, sino pactar.

Sigo: “Los intereses de la gente de a pie son pisoteados en el Parlamento por el beneficio de unos pocos”. ¿Acaso el Parlamento no sostiene a ese “gobierno de coalición progresista” por el que “las urnas volvieron a apostar” en 2023? También se ha referido a las “medidas valientes para impulsar el derecho constitucional al derecho a la vivienda”. Medidas llevadas al Congreso en el día 3.046 de su presidencia, con más de 270.000 desahucios ejecutados desde que duerme en Moncloa. De los creadores de pregúntele a Vivas, llega: “Hemos transferido más recursos a las CCAA para llevar a cabo más medidas que nunca, para que construyeran más vivienda, y se han comprado áticos y han privatizado hospitales”. Isabel Rodríguez, la del “cacao”, son los padres.

El hombre que prologó la legislatura dando a elegir entre alzar “un muro ante estos ataques recurrentes de la derecha reaccionaria a los valores de la España democrática y también constitucional, o bien le damos salvoconducto”, la remata con una disyuntiva similar: “Los españoles y las españolas tenéis que decidir qué papel queréis jugar en ella –en la época que viene–. Y también qué papel queréis que España juegue en ella. Si deseáis sumaros a esa ola ultraderechista que involuciona allí donde gobierna, o deseáis que España siga siendo un baluarte de apertura y de justicia social y de responsabilidad medioambiental. (…) Si preferís tener un Gobierno que trabaje por el interés de la mayoría social, o preferís entregar las riendas del país a una coalición ultraderechista que no ha propuesto nada y cuyo único objetivo es derogar y recortar los derechos y las libertades que hemos venido construyendo durante estos ocho años”. Populista y torticero, pero también convencido y motivado. Todo lo contrario que Feijóo, que compareció con la chispa de un cartón mojado. ¿Hay partido?

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