Opinión

“Sánchez, rentista, estás en nuestra lista”: respeto, farsa y ardor revolucionario por la muerte de Maricarmen

MADRID, 07/10/2026.- Participantes en la acampada en protesta por la crisis de la vivienda recuerdan a Maricarmen, fallecida este miércoles, hoy en la Puerta del Sol de Madrid. EFE/Juanjo Martín.
Participantes en la acampada en protesta por la crisis de la vivienda recuerdan a Maricarmen, fallecida este miércoles, hoy en la Puerta del Sol de Madrid.
EFE/Juanjo Martín
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La muerte de Maricarmen Abascal monopolizó, a eso de las ocho y media de la tarde de este miércoles, las cabeceras, los informativos y las tertulias de los principales medios nacionales. Los acampados de Sol se enteraron de la noticia mientras estaban reunidos en asamblea y, al poco de guardar un minuto de silencio por la señora que, con ochenta y siete años, falleció en el hospital Gregorio Marañón catorce días después de su desahucio, cientos de ellos peregrinaron por la carrera de San Jerónimo hacia el Congreso, pacíficamente, al grito de “vosotros, rentistas, sois los terroristas”.

Hora y media después, la Gran Vía lucía bulliciosa, impasible y ajena a/enajenada de la protesta: la única aglomeración permanente se hallaba en la esquina de Libreros, junto a una tienda de yogur griego. Callao era una dehesa con manteros y un grupo que imitaba a Michael Jackson. Frente a El Corte Inglés de la calle del Carmen, un guitarrista le reventaba el sueño a dos vagabundos que intentaban dormir en la fachada del edificio de la Fnac.

A las 22:29, la Puerta del Sol era una vigilia monumental y respetuosa. Impresionaba la muralla humana que perimetraba la acampada. Una muralla compuesta por jóvenes silentes, sentados frente a una vela, como una antítesis solemne y decente de esos tanatorios en los que sólo falta que sirvan gildas y suene “Paquito el Chocolatero”. Una joven llora, abrazada a un chaval, bajo el edificio del letrero de Tío Pepe. Y otra mujer, que podría ser su madre, se limpia las lágrimas al lado del Oso, cercado por vallas repletas de carteles. Sobresale uno que reza: “Justizia Anderrentzat”. Está dedicado a Ander Sáenz, un santurzano que murió dos días después de ser reducido por agentes de la policía municipal de la localidad vizcaína.

Jóvenes perimetrando sentados la acampada de Sol en homenaje a Maricarmen Abascal.
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Más carteles de Sol. Junto al acceso de Cercanías y Metro: “Menos nazis y más yoga”; en una farola pegada a la tienda de La Liga: “¡No le hagamos el juego al Gobierno! ¡Por un proletariado que no deposite sus esperanzas en el Estado y la reforma! ¡Preparemos las condiciones para la revolución social!”; en la entrada de Carretas, junto a la Real Casa de Correos: “No son muertes, son asesinatos”, y debajo del lema, una tumba dibujada en la que se puede leer: “DEP. 2.11.38-7.10.26. ‘Luchad por lo que es vuestro’. Maricarmen”. Debajo, en rojo, han pintado flores. Al lado, cinco o seis veinteañeros beodos, como sacados de un cartel de Nuevas Generaciones, intentan regatear a unos bengalíes –o de por ahí– que venden camisetas de futbolistas falsificadas. Los borrachos no se salen con la suya.

Cartel, junto a la Real Casa de Correos, que denuncia la muerte de Maricarmen.
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A las 22:41, Doña Cuaresma permanece en Sol y don Carnal asoma por toda la zona de Huertas, con sus guiris y sus relaciones de garitos de reguetón y garrafón. A las 22:46, pasada la plaza de Canalejas, con el cadáver aún caliente de Maricarmen, una charanga toca música festiva mientras quince o veinte personas bailan, ridículas y sin vergüenza, a su alrededor. Miguel Ángel Villarroya les hubiera cantado las cuarenta soviéticas.

La concentración se torna más seria metros después: “¡Aquí están los antifascistas!”. El Congreso está cortado por la Cuesta de San Jerónimo y por Cedaceros. Los manifestantes han colocado velas en mitad de la carretera, frente al hotel Urban, y han pintado “DEP Maricarmen” bajo un corazón. La protesta es pacífica y respetuosa. Tanto, que a las once una joven toma la palabra y grita: “¡No queremos velas ni silencio, queremos lucha, incendiar las calles!”. Y la tropa se anima, claro. Del “que viva la lucha de la clase obrera” y al “huelga general ya, huelga general” pasamos al “capitalismo asesino”, seguimos por las amenazas e insultos a políticos en activo –“Ayuso, fascista, estás en nuestra lista”, “Y Sánchez, rentista, estás en nuestra lista”, “Abascal (Santiago, no Maricarmen, claro), hijo de puta”–, y continuamos por los cánticos contra los agentes que protegen a los acampados cuando están cerca de ellos los de Núcleo Nacional: “Ser policía vergüenza me daría”, “la Policía tortura y asesina”, “Policía asesina”, “ni tiros al aire ni por la nariz, fuera policía de los barrios de Madrid”.

Manifestantes protestando contra la vivienda, la policía y los políticos en la concentración tras la muerte de Maricarmen.
JFU

A las 23:29, la concentración era minúscula: sólo había gente de la esquina con Ventura de la Vega a Cedaceros. Un prudente Ignatius Farray rondaba por la retaguardia, lejos de los antidisturbios, por si se liaba; en las antípodas del cómico, se alineaban varios jóvenes con el rostro tapado que no parecían, precisamente, monaguillos del padre Ángel. La tensión aumentaba con el transcurso de los minutos. Un curioso que peinaba canas le deseó suerte a un agente, y este le respondió resoplando y alzando las cejas. A las 23:43, una manifestante le dijo a una amiga: “Es una encerrona total. Vámonos”. Y se fueron.