El Gobierno va a comenzar el curso político en septiembre como lo acabó: intentando convencer a los españoles de que lo anormal es lo normal. Eso es al menos lo que ayer hizo Sánchez en la entrevista que concedió a la Cadena SER. El presidente reaparecía públicamente después de sus largas vacaciones (más adelante hablaremos de esto) presentando un relato paralelo de lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en Ceuta. El presidente sostuvo que nadie advirtió de la magnitud de la invasión que se produjo los días 30 y 31 de julio. En los días previos a esos hechos, aseguró, el CNI compartió algunos informes de situación advirtiendo del aumento de las llegadas de inmigrantes y el Gobierno se puso manos a la obra: reforzó los controles en la frontera y aumentó el número de plazas para acoger a los que llegaran. Pero cualquiera que viera las imágenes de lo que ocurrió esos dos días habrá apreciado que nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad estaban a por uvas, y que allí ni refuerzo ni nada. Y no será porque Ceuta no viviera una situación parecida en el pasado… El relato paralelo del presidente cuenta también que Ceuta va a ver reforzada su economía gracias a un plan de ayuda de 168 millones. El problema es que, mientras la situación continúe así, con enfrentamientos, con inseguridad… los comercios y los bares seguirán cerrados, y poca recuperación económica va a haber.
El jefe del Ejecutivo sostuvo que la mayoría de los que entraron ya se han ido, y que en Ceuta solo permanecen unas cinco mil personas, (1200 de ellas menores), unas cifras que no se creen ya ni los sindicatos, que ayer emitieron un duro comunicado contra el Gobierno. El presidente insistió en el buen hacer de Marruecos y señaló como causantes de lo sucedido a los bulos extendidos por Israel, por Rusia y por la internacional ultraderechista. Al igual que hacía Franco, Sánchez ha encontrado ya, por lo visto, su propia conspiración judeomasónica, y no tuvo reparos, además en reprochar al rey que “en sus más de 20 años de reinado” (lleva 12, en realidad) no haya visitado Ceuta y Melilla, una actitud que, venía a decir, contrasta con la que él mismo ha tenido visitando numerosas veces las dos ciudades autónomas. Al presidente se le olvidó decir, eso sí, que los actos del jefe del Estado deben de estar refrendados por el Ejecutivo y que Felipe VI no hubiera podido ir allí sin el permiso de Moncloa.
Escuchando a Sánchez entendemos que haya estado desaparecido durante tanto tiempo. Si todo iba viento en popa, ¿qué motivos había para que no lo hiciera? Sobre todo, porque, según su teoría, él también tiene derecho a las vacaciones. Nadie lo niega, señor presidente, pero, por la misma razón, el presidente ceutí también hubiera tenido derecho a disfrutar de un descanso (e incluso a conocer a su nuevo nieto) y los habitantes de la ciudad autónoma también hubieran tenido derecho a andar con libertad por la calle, a ir a la playa o a disfrutar de su Feria en honor a Santa María de África, pero nada de esto ha sido posible, en parte por la lentitud y la desidia del Gobierno central.
A Sánchez le faltó ayer humanidad, le faltó empatía y le faltaron argumentos para convencer a los españoles de que su gestión de esta crisis ha estado a la altura de las circunstancias. El jueves tendrá que esforzarse mucho más si quiere que los grupos políticos compren la realidad paralela en la que parece haberse instalado.

