Poco queda del ‘Podemos’ que hace ya más de 10 años irrumpió en el Parlamento. La formación morada, que aterrizó por primera vez en el Congreso de los Diputados el 20 de diciembre de 2015 con 69 diputados y más de 5 millones de votos, ha ido perdiendo cada vez más fuerza. Desde entonces, la sangría de votos que pierde el partido fundado por Pablo Iglesias es cada vez mayor. En abril de 2019 consiguieron 42 escaños, que bajaron a 35 en las elecciones de noviembre de ese mismo año, y se redujeron drásticamente a tan sólo 5 diputados en las últimas elecciones de julio de 2023.
El desgaste de la formación, las dinámicas internas y las continuas rupturas y escisiones dentro del partido han hecho que progresivamente se haya diluido. Pese a todo, Podemos no está acabado. A pesar de su reducido tamaño en el Congreso de los Diputados, su posición en el Grupo Mixto ha sido estratégica y sus votos más que necesarios en esta legislatura, en la que cada escaño se ha sumado con calculadora.

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Un giro de 180º
El desgaste es tal que la formación ha tenido que cambiar radicalmente su estrategia política. La campaña del partido para las próximas elecciones del 29 de noviembre no tiene nada que ver con lo que hemos visto hasta ahora. Nada queda del tradicional morado que ha definido al partido y ha llegado a teñir parte de la simbología de los movimientos sociales en España. Tampoco leemos la palabra ‘Podemos’ en el cartel, que arrastra ya más críticas que elogios tras su incapacidad para poder sumarse al pacto con el ‘Frente Amplio’. En su lugar: Irene (Montero). Ha sido ella la elegida por la formación en un reconocimiento implícito de que los candidatos ya suman más que la propia marca del partido.
En la página habilitada por el partido para esta campaña, Irene Montero encabeza la portada. Lo hace con un color azul de fondo mientras se despliega una paleta de colores en la que ni vemos el morado ni leemos ‘Podemos’. Aunque desde la formación morada aseguran a este periódico que la nueva imagen responde a una “apuesta por un mensaje directo, reconocible y sin artificios”, los expertos advierten de que dentro de Podemos son conscientes de que Podemos no empuja lo suficiente.
“No estamos ante un simple cambio de diseño. Estamos ante un intento de separar a la candidata del desgaste acumulado por su organización, de las disputas internas y de una izquierda que ha sido incapaz de articular una candidatura unitaria”, explica el consultor y analista de Comunicación Política Javier Sánchez a este periódico.
Según el experto, los colores elegidos no son una simple casualidad. “El morado deja de ser el protagonista y aparecen tonos más suaves, rosados y azulados, junto a una fotografía de Irene Montero que busca transmitir una imagen más serena y accesible”. En definitiva, explica Sánchez, “hay una clara intención de suavizar códigos visuales asociados a una etapa de confrontación y presentar a la candidata desde un registro menos combativo”.

“Paz, casa y trabajo”
Aunque desde Podemos insisten en que el lema de esta campaña, “paz, casa y trabajo”, simplemente responde a “tres palabras cotidianas que condensan preocupaciones de millones de personas”, tampoco el eslogan parece casualidad. La confrontación con otras esferas sociales queda apartada, y se abre un registro mucho más conversacional, más suave. “El objetivo parece ser ampliar el perímetro electoral. Cuando una formación necesita recuperar espacio, puede insistir en los símbolos que la identifican ante sus fieles o intentar reducir las barreras que esos mismos símbolos generan fuera de su núcleo. Podemos ha optado por lo segundo. No renuncia necesariamente a su ideología, pero sí intenta que esta no aparezca asociada, desde el primer impacto visual, a toda la mochila de la marca”, explica a Artículo14 Sánchez.
Podemos, que desde hace tiempo es consciente de su descalabro, sabe que pagará caro su fracaso en las negociaciones con el Frente Amplio. Cuando desde este periódico preguntamos a la formación por esto, ellos prefieren no responder. “Entiendo la pregunta, pero no vamos a entrar en ese tema”, responden desde la formación. Desde el resto de partidos que sí forman la coalición, lo tienen bastante más claro. Fuentes de uno de los partidos del Frente Amplio recuerdan a este periódico que “muchos vienen de Podemos” y que, por eso, conocen bien la casa: “Saben lo que hay. Lo han pasado muy mal… Salieron de ahí tocados”.

La ruptura
La ruptura se consumó el viernes 16 de octubre, a escasos minutos de que se cerrara el plazo para registrar coaliciones, y se trabó por el liderazgo y el reparto de las listas. El consultor compara la campaña de Montero con la de Zohran Mamdani, el alcalde de Nueva York que ganó las elecciones en noviembre de 2025 con un mensaje centrado en la vivienda, el coste de la vida y el transporte: “La fórmula de Irene, ‘Paz, casa y trabajo’, responde a una lógica parecida: menos debate sobre la identidad del partido y más atención a necesidades reconocibles”. La diferencia, advierte, es que “Mamdani no se limitó a cambiar la estética, sino que construyó una campaña territorial y digital con una capacidad de movilización extraordinaria. Replicar el lenguaje visual no garantiza replicar el resultado”.
El riesgo del personalismo, añade, “puede sustituir visualmente a un partido, pero no puede sustituir por sí sola toda la estructura política que un partido necesita para competir y gobernar”. A su juicio, la operación dice tanto de Montero como de la situación de la organización: “Cuando una organización tiene que retirar sus símbolos para ampliar su espacio, está reconociendo que esos símbolos ya no funcionan igual para todos los públicos. Si Irene fracasa en esta campaña, ya no le quedará ningún cartucho a Podemos”.
“La paradoja es que Podemos intenta recuperar transversalidad borrándose a sí mismo”, concluye Sánchez. “Quiere que la candidata llegue más lejos que el partido, pero tendrá que demostrar que detrás de su nombre hay algo más que una nueva identidad visual: un proyecto reconocible, una base movilizada y una capacidad real de representar a una izquierda que, hoy, sigue dividida o confundida”.
