La celebración de la Fiesta Nacional dejó este lunes una escena de creciente tensión en el centro de Madrid, lejos del recorrido oficial del desfile militar. Mientras miles de personas abandonaban la zona de Recoletos tras presenciar la parada castrense, varios grupos de jóvenes que portaban banderas de España a modo de capa se cruzaron en la Puerta del Sol con los acampados instalados en la plaza desde hace semanas.
Los primeros incidentes verbales se produjeron cuando algunos de los jóvenes lanzaron gritos de “perroflautas” y “guarros” al pasar junto al campamento. Aunque no se dirigían a concentrarse allí y continuaban su camino en dirección a Callao junto a familiares y amigos, varios de los acampados reaccionaron con evidente hostilidad sobre contra los jóvenes que llevaban banderas con la Cruz de Borgoña o alguno que llevaba la preconstitucional. Provistos con mascarillas para cubrir el rostro y otros ocultos bajo capuchas negras, comenzaron a observar de forma desafiante a los más jóvenes que llevaban banderas. Uno de ellos, ni si quiera se inmutó y, aún así, comenzaron entre cinco a seguirle en actitud intimidatoria, aunque estos evitaron responder a las provocaciones y continuaron alejándose de la plaza sin mantener contacto visual.
Más adelante, a la altura de la calle del Carmen un numeroso grupo de acampados había formado una especie de pasillo por el que debían transitar quienes regresaban del desfile. A su paso, les gritaban: “¡Aquí está el frente antifascista!”, independientemente de que portaran o no banderas, de que vinieran o no del desfile, de que les miraran o no. Algunos de los viandantes optaron por ignorar la situación, mientras otros respondieron verbalmente. Una mujer andaluza llegó a encararse con los concentrados recriminándoles su actitud: “Si solo estáis dándonos palmas…”, les espetó.
Mientras se podía ver cómo los policías nacionales corrían avisándose de que se podía liar aunque por momentos parecía insuficiente para controlar los distintos focos de tensión que se iban formando en el entorno de Sol. La Policía Municipal mantenía acordonados dos establecimientos impidiendo su acceso a los mismos. Uno de ellos, la heladería donde permanecían refugiados clientes y trabajadores con las persianas a la mitad mientras los que pasaban por allí se preguntaban qué había pasado.

