La menstruación ha dejado de ser un asunto íntimo. Millones de mujeres registran su ciclo en aplicaciones móviles, comparan sus síntomas en redes sociales y comparten cualquier alteración prácticamente en tiempo real. Esa nueva forma de vivir la salud menstrual ha convertido un hecho frecuente en uno de los fenómenos virales del verano. En las últimas semanas, TikTok, Instagram y Reddit se han llenado de testimonios de mujeres que aseguran haber experimentado un retraso inesperado de la regla, la desaparición del periodo durante junio o, por el contrario, dos menstruaciones en apenas unas semanas. Muchas insisten en que nunca antes habían tenido ciclos irregulares y hablan de una extraña coincidencia temporal. También Artículo14 ha comprobado que esto es real.
La pregunta se ha propagado con la misma rapidez que los vídeos: ¿está ocurriendo algo? Lo que no sorprende demasiado es la urgencia con la que han aparecido explicaciones, algunas casi místicas. Desde el punto de vista psicológico, el cerebro humano tolera mal las coincidencias. Cuando muchas personas experimentan algo parecido al mismo tiempo, tendemos a pensar que debe existir una causa igualmente extraordinaria. Preferimos una gran explicación a una suma de pequeñas casualidades.
Las redes sociales potencian todavía más ese mecanismo. Funcionan como una inmensa lupa, de manera que miles de experiencias individuales que antes habrían permanecido dispersas aparecen de repente reunidas en una misma pantalla. Lo que siempre ha ocurrido puede empezar a percibirse como un fenómeno completamente nuevo.
Del despertar de lo femenino a las tormentas solares
Las hipótesis que circulan son de lo más variadas. Entre ellas destaca la de la divulgadora espiritual Rin Lyons, que interpreta estas alteraciones menstruales como la prueba de que “la energía de lo Divino Femenino ha activado un campo unificado de conciencia y coherencia matriarcal al sincronizar nuestros ciclos lunares”. Según esta visión, los cambios menstruales serían la manifestación física de un despertar colectivo de la conciencia femenina. Su teoría aúna varios conceptos habituales de la espiritualidad New Age. Desde la sincronización de los ciclos con la Luna a la existencia de una energía femenina compartida o la llegada de una supuesta Nueva Tierra, una nueva etapa evolutiva de la humanidad.

Junto a estas interpretaciones espirituales aparecen otras hipótesis que apuntan a las altas temperaturas, cambios ambientales, tormentas solares, contaminación o incluso efectos tardíos de la pandemia. En los foros más conspirativos tampoco faltan referencias a antenas, grandes infraestructuras tecnológicas o programas secretos. Todas ellas tienen en común que ninguna dispone actualmente de evidencia científica que demuestre que pueda provocar alteraciones menstruales sincronizadas a escala mundial.
Qué dice la ginecología
Los ginecólogos también han observado algo, pero es muy distinto. Que la explicación espiritual no tenga respaldo científico no significa que hayan ignorado el fenómeno. La doctora Myriam Ribes, ginecóloga, reconoce que la conversación que se ha generado en redes no le resulta ajena. “Yo también he visto esos reels y la verdad es que sí tenemos la impresión de que en verano los ciclos menstruales pueden alterarse”. Uno de los argumentos más repetidos en redes es el aumento de las horas de luz durante junio. Ribes explica que esa hipótesis sí tiene un punto de partida fisiológico. “La luz tiene una relación con la melatonina y con la secreción de la hormona FSH, que aumenta con una mayor exposición a la luz. En teoría, el mes con más horas de luz podría influir en el ciclo”. Sin embargo, añade inmediatamente un matiz importante. “Los estudios realizados durante años muestran que, como mucho, la luz podría acortar el ciclo unas pocas horas. Es decir, no justificaría por sí sola alteraciones menstruales importantes”.

Si el verano puede alterar el ciclo, probablemente no sea por una misteriosa energía colectiva. Ribes recuerda que junio concentra algunos de los meses más estresantes del año, como final de curso, exámenes, preparación de vacaciones, cambios de horarios, viajes, menos horas de sueño, modificaciones en la alimentación y un mayor consumo de alcohol. “También influyen el calor y, sobre todo, los cambios de hábito y de horarios. Todos esos factores pueden afectar al ciclo menstrual”. Es decir, el verano reúne numerosos factores capaces de alterar temporalmente el delicado equilibrio hormonal que regula la menstruación.
Los ciclos irregulares no son algo extraño
Las sociedades científicas no han emitido ninguna alerta sobre un aumento global de alteraciones menstruales durante junio. Tampoco existen estudios que documenten un fenómeno colectivo de estas características. Lo que sí sabemos es que las irregularidades menstruales son muy frecuentes. Diferentes investigaciones estiman que entre un 14% y un 25% de las mujeres presentan ciclos irregulares en algún momento de su vida. Además, un ciclo considerado normal puede durar entre 21 y 35 días, por lo que una mujer con ciclos cortos puede tener perfectamente dos menstruaciones dentro del mismo mes natural sin que ello implique una enfermedad.
También existe investigación que demuestra que el ciclo menstrual modifica la respuesta del organismo al calor. Durante la fase lútea, dominada por la progesterona, la temperatura corporal basal aumenta unas décimas, lo que dificulta la disipación del calor. Sin embargo, la evidencia es mucho menos sólida cuando se plantea la pregunta inversa: si el calor puede alterar de forma significativa el propio ciclo menstrual. Es un campo que todavía necesita más investigación.
La más interesante de todo esto no tiene que ver únicamente con la ginecología. Antes una mujer comentaba con dos amigas que aquel mes se le había retrasado la regla. Hoy puede descubrir en unos minutos que otras diez mil cuentan exactamente la misma experiencia. Las aplicaciones de seguimiento menstrual y las redes sociales han cambiado nuestra percepción sin necesidad de que existan más irregularidades que antes. Y hay que reconocer que las explicaciones espirituales son más seductoras que las científicas. De momento, la evidencia médica mantiene una posición clara. No existen pruebas de que millones de usuarias hayan sufrido una alteración menstrual sincronizada por una causa común. Tampoco nunca antes tantas mujeres habían observado su ciclo al mismo tiempo y compartido sus experiencias de forma tan abierta. Ese sí es el gran despertar.
