Irene Vallejo ha hablado públicamente por primera vez de la discapacidad de su hijo durante la entrega de los Premios Artículo14 Mujeres Excelentes de Aragón. La escritora zaragozana ha pronunciado uno de los discursos más emotivos de la ceremonia al recordar los años atravesados por la enfermedad rara del niño, que ahora tiene doce años, y el apoyo que permitió a su familia afrontar una realidad que alteró por completo sus vidas.
“En las enfermedades raras, una persona pone el cuerpo, pero toda su familia queda trastocada”, ha explicado Irene Vallejo al recoger el galardón. La autora ha querido agradecer el trabajo de médicos, terapeutas, docentes, familiares y personas cercanas que acompañaron el proceso. “Nada de lo que me sucedió fue en solitario”, ha señalado antes de resumir una de las enseñanzas que ha extraído de esa experiencia: “Cuidar lo frágil nos hace más fuertes”.
La escritora ha relatado cómo aquellos años modificaron sus expectativas y la obligaron a convivir con la incertidumbre. “Gracias al trabajo de muchos, la discapacidad no empañó nuestro futuro”, ha afirmado. Su hijo estaba este martes en el colegio y, según ha explicado después del acto, habría acudido a la ceremonia si no hubiese tenido clase.

Irene Vallejo ha contado también que fue el propio niño quien, al crecer, empezó a pedir aparecer con naturalidad en las fotografías y acompañarla en algunas firmas de libros. Hasta ahora, la autora había preservado esta parte de su vida familiar, aunque sí había hablado en ocasiones de la escritura de El infinito en un junco como un refugio durante una etapa especialmente difícil, marcada por largas estancias hospitalarias.
“Hoy mi hijo habla a su manera, habla a su modo, camina tambaleante, con sus manos, y yo escribo”, ha expresado ante los asistentes. Su intervención ha evitado convertir la discapacidad en una historia de superación simplificada. Vallejo ha hablado de fragilidad, dependencia y cuidados, pero también de la posibilidad de construir un futuro que no quede definido únicamente por un diagnóstico.
La literatura ocupó un lugar central en ese proceso. “La literatura también arropa. Escribir es una forma de invocar a esas personas que no están. Esa es la esperanza”, ha explicado. Para Vallejo, las palabras ofrecieron una manera de ordenar el miedo y de mantener cerca a quienes la habían sostenido. “Quiero dar las gracias por tener la oportunidad de hablar de esos territorios de penumbra”, ha añadido.
Su próximo proyecto literario estará precisamente centrado en la experiencia del cuidado, según adelantó la propia autora en mayo durante su participación en el Salón Internacional de la Edición y del Libro de Rabat. La reflexión nace de una vivencia personal, pero también de su interés por recuperar todas aquellas tareas imprescindibles que suelen permanecer fuera del relato público.

En su discurso, Vallejo ha situado a su madre como la primera figura de esa genealogía. “Mi gran referente fue mi madre; es el impulso que está tras mi último libro”, ha contado. Su fascinación por las bibliotecas también comenzó junto a ella: “Tanto amaba las bibliotecas que yo, en mi infancia, pensaba que todo el mundo quería trabajar en una biblioteca”.
La escritora ha reformulado después una frase conocida para ampliar la idea tradicional de maternidad: “Cuando se trata de inspiración, madre no hay más que muchas”. En esas palabras ha incluido a las mujeres que cuidan, enseñan, acompañan y transmiten historias, más allá de los vínculos biológicos. Esa red de afectos guarda una relación directa con la experiencia familiar que ha decidido compartir por primera vez.
Nacida en Zaragoza en 1979 y doctora en Filología Clásica por las universidades de Zaragoza y Florencia, Irene Vallejo alcanzó reconocimiento internacional con El infinito en un junco, publicado en 2019. El ensayo sobre la historia de los libros ha sido traducido a más de cuarenta idiomas y recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Ensayo en 2020. En abril de este año, la autora presentó su traducción al árabe en la Biblioteca de Alejandría, cerrando simbólicamente un recorrido que había comenzado precisamente en aquel espacio mítico.
El éxito del libro nació durante un periodo en el que la escritura parecía ofrecer pocas certezas. Irene Vallejo ha explicado en anteriores ocasiones que trabajó en él mientras acompañaba a su hijo en el hospital y que escribir tuvo entonces un efecto terapéutico. La historia de las personas que salvaron libros durante guerras, persecuciones y catástrofes se cruzó con su propia necesidad de encontrar amparo en las palabras.
Al recibir el Premio Artículo14 Mujeres Excelentes de Aragón, Vallejo ha unido por primera vez ambas partes de su historia. La autora de un ensayo dedicado a quienes protegieron los libros ha hablado de quienes protegieron a su familia y permitieron que su hijo desarrollara su propia manera de comunicarse y estar en el mundo. Su agradecimiento ha convertido una experiencia hasta ahora íntima en una defensa pública del cuidado, la inclusión y la dignidad de las personas con discapacidad.

