“Sally Rooney es una escritora, no una terrorista”. La frase abre la carta con la que más de 150 escritores, filósofos, cineastas y artistas han respondido a la suspensión de la distribución de sus novelas en el Reino Unido. Entre los firmantes figuran Annie Ernaux, Anne Carson y J. M. Coetzee, tres premios Nobel de Literatura, junto a autores como Zadie Smith, Julian Barnes y Arundhati Roy. Denuncian que la aplicación de la legislación antiterrorista está privando a los lectores del acceso a la obra de una de las novelistas más leídas de su generación.
La carta, publicada el 21 de octubre en New Statesman, reclama al Gobierno británico una modificación de la normativa que ha llevado a Faber a dejar de suministrar los libros de Sally Rooney. La editorial anunció la decisión el 14 de octubre, de acuerdo con la escritora, después de concluir que no podía transferirle los ingresos generados en ese mercado. Rooney había manifestado su intención de destinar beneficios de su obra a Palestine Action, el grupo de acción directa propalestino cuya prohibición entró en vigor en julio de 2025.
“Sus libros deben estar disponibles para el público”, defienden los firmantes. Consideran que su retirada, amparada en una legislación que califican de “mal concebida y draconiana”, constituye “un ultraje a los principios básicos de la libertad de expresión y manifestación”. La petición señala expresamente los efectos indirectos de la norma: “Rechazamos categóricamente la censura —ya sea directa o indirecta— e instamos al gobierno a cambiar de rumbo, modificando la legislación que nos ha llevado a este punto de absurdo represivo”.

El respaldo reúne a distintas generaciones y disciplinas. A Ernaux y Coetzee se suma la canadiense Anne Carson, distinguida este mismo mes con el Nobel de Literatura. También aparecen los nombres de Annie Proulx, George Saunders, Amitav Ghosh, Irvine Welsh, Colm Tóibín, Jhumpa Lahiri y Colum McCann, además de la ensayista Naomi Klein y el filósofo Slavoj Žižek.
Desde el cine han firmado Tilda Swinton, Susan Sarandon, Jessie Buckley y Sally Potter. La adhesión de Paul Mescal, Daisy Edgar-Jones y Lenny Abrahamson tiene una relación especialmente cercana con la autora: los dos intérpretes y el director contribuyeron a trasladar Gente normal a la televisión y a ampliar su público internacional. La movilización alcanza también a músicos como Kate Nash y al cineasta Jonathan Glazer.
El conflicto tiene una particularidad que resulta fundamental para entender su alcance. No existe una orden que prohíba leer las novelas de Rooney ni una resolución que censure su contenido. Faber ha interrumpido el suministro porque considera que pagar a la escritora puede exponerla a consecuencias penales, dada la finalidad que ella ha anunciado para esos ingresos. Los ejemplares que ya están en poder de las librerías pueden seguir vendiéndose: la editorial confirmó a la radiotelevisión pública irlandesa RTÉ que no serán retirados. El problema aparece cuando se agotan y los establecimientos necesitan reponerlos.
Esa diferencia explica por qué la carta habla de censura indirecta. Las historias de Conversaciones entre amigos, Gente normal, Dónde estás, mundo bello e Intermezzo no son objeto de la prohibición. Sin embargo, la posición política de su autora y su compromiso de financiación han terminado por afectar a su circulación comercial.
Faber expuso el dilema en un comunicado: “Vender la obra de una escritora y no poder transferirle los ingresos es una situación inaceptable para una editorial”. La suspensión afecta a todos los formatos en el Reino Unido, aunque la relación entre ambas partes continúa. “Seguimos siendo los orgullosos editores de su extraordinaria obra, que continuaremos distribuyendo en otros territorios”, añadió el sello.
Sally Rooney también ha explicado públicamente su decisión. En julio de 2025, recordó, Palestine Action fue declarado organización terrorista en el Reino Unido. Un mes después, ella escribió un artículo en el que expresaba su intención de seguir apoyándolo. La organización, subrayó, no está prohibida en la República de Irlanda.

“Como consecuencia, el cumplimiento de los contratos para publicar mi obra en el Reino Unido podría constituir un delito grave”, afirmó. La escritora aseguró que la decisión de Faber llegó después de un proceso de consulta y deliberación y contó con su pleno consentimiento. “Me he esforzado por ser honesta con el público sobre mis creencias e intenciones, y estoy totalmente preparada para aceptar las consecuencias”.
El riesgo legal se relaciona con las disposiciones sobre financiación de la Ley Antiterrorista de 2000. Su artículo 15 contempla como delito proporcionar dinero u otros bienes sabiendo, o teniendo motivos razonables para sospechar, que serán o podrían ser utilizados con fines terroristas. El artículo 17 aborda los acuerdos que permiten poner esos recursos a disposición de otra persona. Los delitos de financiación previstos en estas disposiciones pueden conllevar penas de hasta catorce años de prisión. Esa pena máxima corresponde a esos delitos concretos; no describe de forma indiscriminada cualquier expresión de apoyo a la causa palestina.
La prohibición de Palestine Action continúa, además, sometida a revisión judicial. Fue una decisión del Ministerio del Interior británico, aprobada por el Parlamento y efectiva desde el 5 de julio de 2025. La cofundadora de la organización, Huda Ammori, la impugnó ante los tribunales.
En febrero de 2026, el Tribunal Superior consideró ilegal la decisión, entre otras razones por su incompatibilidad con los derechos a la libertad de expresión y reunión. El Tribunal de Apelación revocó posteriormente ese fallo y concluyó que la prohibición suponía una interferencia proporcionada en esos derechos. Ahora corresponde al Tribunal Supremo examinar el recurso: la vista está prevista para los días 4 y 5 de noviembre.
Mientras tanto, el Gobierno mantiene su defensa de la medida. El Ministerio del Interior sostiene que la inclusión del grupo en la lista de organizaciones prohibidas se basa en pruebas y que el derecho a la protesta legal sigue protegido. El desacuerdo se centra precisamente en la amplitud de las consecuencias de esa clasificación y en si la legislación antiterrorista es la respuesta adecuada a las actividades de la organización.

Para Rooney, esas consecuencias habían comenzado antes de la suspensión editorial. En septiembre de 2025 canceló un viaje a Londres para recoger el premio literario de los Sky Arts Awards por temor a ser detenida. También advirtió, en una declaración presentada ante el Tribunal Superior, de que sus libros podían desaparecer de las librerías británicas y de que la publicación de futuras obras podía quedar comprometida.
Su preocupación alcanzaba igualmente a las adaptaciones televisivas. Según explicó, la productora independiente responsable de Gente normal y Conversaciones entre amigos le había advertido de los riesgos de efectuar pagos si sabía o sospechaba que ese dinero podía destinarse a Palestine Action. Ambas series se habían emitido antes de la prohibición del grupo.
La dimensión comercial del caso es considerable. Gente normal ha vendido más de un millón de ejemplares en el Reino Unido, mientras que Conversaciones entre amigos y Dónde estás, mundo bello han superado, cada una, el medio millón. Su éxito televisivo amplió todavía más ese alcance: la adaptación de Gente normal acumuló 62,7 millones de reproducciones en BBC iPlayer en 2020.
La noticia de la suspensión ha provocado, entretanto, una carrera por conseguir los ejemplares disponibles. The Guardian informó el 21 de octubre de un aumento semanal del 291% en las ventas y recogió testimonios de librerías independientes que habían agotado sus existencias. La demanda crece precisamente cuando el suministro habitual se interrumpe.

El asunto también ha llegado al Gobierno irlandés. La ministra de Asuntos Exteriores, Helen McEntee, expresó su preocupación ante el Parlamento y anunció que abordaría la situación con su homólogo británico. La controversia afecta así a una autora irlandesa, a una editorial británica y a lectores que, dependiendo del país en el que compren, encuentran condiciones distintas para acceder a los mismos libros.
La carta de los escritores pide una respuesta política a esa situación. Su reivindicación se concentra en el acceso del público a la literatura y en los límites que debe tener una ley cuando sus efectos alcanzan la actividad editorial. Faber mantiene su compromiso con Rooney y ella mantiene su apoyo a Palestine Action. Hasta que cambien las circunstancias legales o alguna de esas decisiones, las librerías británicas podrán vender los ejemplares que conservan, pero no recibir nuevas copias de su editorial.
