Las mujeres en España trabajan hoy en día 7,6 años que hace apenas dos décadas. Si en 2005 una empleada trabajaba una media de 27,5 años hasta que se jubilaba, en 2025 esa cifra alcanza ya los 35,1 años, lo que supone un incremento de casi el 30%. Detrás de este dato, publicado este jueves por Eurostat, se esconde uno de los grandes cambios que ha sufrido el mercado laboral: la incorporación masiva de las mujeres al empleo.
Además, España ha sido uno de los países donde más ha crecido la vida laboral en los últimos 20 años, por debajo de Malta, donde las mujeres han pasado de trabajar 18,1 años en 2005 a 35,9 en 2025 (un 98,3% más); Hungría, han pasado de 26 a 35,8 años (un 37,7% más); Irlanda, de 29,1 a 37,9 años (un 30,2% más); y Luxemburgo, de 26,2 años a 33,8 (un 28,5% más). En quinta posición se sitúa España, donde los años que las mujeres dedican al trabajo ha crecido un 27,6%.

Aunque la cifra es positiva, la brecha entre los años que los hombres y las mujeres dedican al trabajo a lo largo de su vida todavía persiste, aunque en las últimas dos décadas se ha reducido. Mientras que en 2005 las mujeres trabajaban 27,5 años y los hombres lo hacían 37,9 años (una década de diferencia), en 2025 la vida laboral de las mujeres es de 35,1 años y la de los hombres de 38,5 años (3,4 años más).
A nivel general, los datos muestran también que España se sitúa ligeramente por debajo de la media europea, donde la duración prevista de la vida laboral de las mujeres alcanza los 35,4 años.
Vida laboral de hombres y mujeres en la UE
En el conjunto de la Unión Europea la vida laboral sigue aumentando. En 2025 alcanzó los 37,5 años, tres décimas más que en 2024 (37,2 años). Desde el año 2005 ha aumentado en 4,6 años en total, pasando de los 32,9 años que dedicaban al trabajo los empleados de los países de la Unión Europea hace 20 años, a los 37,5 años que dedican actualmente.
No obstante, las diferencias entre países siguen siendo muy marcadas. Países Bajos encabeza la clasificación con una vida laboral media de 44 años, seguidos de Suecia (43,4), Dinamarca (42,6), Estonia (41,5), Irlanda (40,7), Alemania (40,2) y Finlandia (40,1). En el extremo contrario se encuentran Rumanía (32,7 años), Italia (33,0) y Bulgaria (34,6).
En el caso de las mujeres, Suecia registra la vida laboral más larga de Europa, con 42,3 años, seguida por los Países Bajos (41,9) y Estonia (41,8). Italia continúa siendo el país donde las mujeres trabajan durante menos tiempo, con apenas 28,4 años de media, por delante de Rumanía (29,1) y Grecia (31,8).
Un cambio histórico en España
La evolución española resulta especialmente significativa porque hace veinte años el mercado laboral presentaba una realidad muy distinta. En 2005 -según datos de Eurostat- la tasa de empleo femenina era del 51% para mujeres de entre 20 y 64 años. Además, un gran número de mujeres abandonaban temporal o definitivamente el mercado laboral para poder cuidar por los escasos incentivos de conciliación.
En 2025, esa tasa ha crecido hasta el 67,6% y, aunque hoy en día hay un gran número de mujeres que también abandonan el mercado laboral, muchas de ellas retoman su trabajo pasado un tiempo y cuentan con más incentivos para poder compaginar la vida personal y el trabajo.
En estos datos también entra en juego el retraso en la edad de jubilación y el envejecimiento de la población impulsados por las sucesivas reformas del sistema de pensiones, así como la mejora de la estabilidad laboral.
Persisten diferencias con los hombres
A pesar del avance, la brecha entre hombres y mujeres sigue siendo importante. Según Eurostat, los hombres europeos tendrán en 2025 una vida laboral media de 39,5 años, cuatro años más que las mujeres (35,4). Países Bajos también lidera esta clasificación con 45,9 años, seguidos por Suecia y Dinamarca, ambas con 44,5 años.
Las diferencias responden, en gran medida, a que las mujeres siguen concentrando una mayor parte de las responsabilidades familiares y presentan tasas más elevadas de empleo a tiempo parcial o de interrupciones.
Y es que, aunque las mujeres trabajan hoy mucho más tiempo que hace dos décadas, continúan asumiendo una parte mayoritaria de las tareas domésticas y de cuidados, lo que condiciona sus carreras profesionales y explica parte de la distancia respecto a los hombres.

