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Comer entre caballos sin salir de Madrid: La Hípica, el restaurante donde la sobremesa se va de paseo

En pleno entorno de El Pardo, La Hípica combina buena cocina, brasas y vistas a los caballos. Una escapada gastronómica a pocos kilómetros del centro de Madrid, sin necesidad de saber montar

En La Hípica, a las puertas de Madrid, los protagonistas no son únicamente los platos. También hay caballos, aire de campo, una terraza desde la que contemplar el horizonte y esa agradable sensación de estar lejos de todo cuando, en realidad, la ciudad sigue ahí, a unos kilómetros. El restaurante se encuentra junto a la hípica El Molino, en el entorno del Monte de El Pardo. Un escenario poco habitual para quienes están acostumbrados a buscar mesa entre semáforos, terrazas abarrotadas y coches dando vueltas para aparcar. Aquí la banda sonora cambia… el bullicio urbano deja paso al ambiente ecuestre, mientras el olor de la leña anuncia que la comida merece tanta atención como el paisaje. Y conviene llegar con hambre.

La primera sorpresa de La Hípica es su entorno por el hecho de sentarse a comer mientras se observa a los caballos, que siguen con sus asuntos, completamente ajenos a los dilemas humanos sobre si pedir croquetas o directamente un chuletón. El restaurante cuenta con varios espacios que permiten adaptar el plan a la ocasión: un comedor interior acogedor, una terraza porche con vistas a la actividad ecuestre y un mirador desde el que Madrid aparece en el horizonte. Naturaleza en primer plano, edificios a lo lejos y una mesa que invita a olvidarse del reloj. Puede ser una comida familiar, un encuentro entre amigas que tienen demasiadas cosas que contarse o una cita que termina varias horas después.

De las croquetas al chuletón, aquí manda la brasa

La cocina de La Hípica tiene una protagonista evidente: la parrilla de leña y carbón. Carnes maduradas, pescados y verduras pasan por el fuego en una propuesta que apuesta por el producto y los sabores reconocibles. Pero antes de llegar a los platos principales, merece la pena detenerse en los entrantes (sobre todo cuando la mesa es de esas en las que todo el mundo asegura que no tiene demasiada hambre hasta que aparece la primera fuente). La tortilla trufada, preparada al momento con cebolla caramelizada y trufa de temporada, es una buena manera de empezar. También las croquetas caseras, de jamón o de chuleta madurada con chimichurri y los torreznos de Soria, que llegan acompañados de patatas revolconas y un toque ahumado.

Quienes prefieran algo diferente pueden optar por los buñuelos cremosos de Idiazábal con compota de manzana o por las alcachofas a la parrilla con sal de jamón ibérico. Y para una mesa con ganas de darse un homenaje, los huevos rotos con carabinero a la brasa, salsa americana y patatas fritas son una apuesta segura.

Si hablamos de carne, La Hípica juega en su terreno. La carta incluye cortes como el lomo bajo Angus, el ojo de bife argentino, el solomillo a la parrilla y el lomo madurado de vaca seleccionada, con una maduración de entre 30 y 40 días. Para quienes prefieren convertir la comida en un acontecimiento, también figura un tomahawk que se sirve por peso y que está pensado para disfrutar sin mirar demasiado el reloj. La parrilla tampoco se reserva exclusivamente a los carnívoros. La lubina a la espalda, preparada para dos personas con refrito de ajo y guindilla, y la corvina salvaje a la parrilla son las alternativas ideales para quienes prefieren pescado.

Y si la idea es una comida de varias personas, los arroces también merecen atención. Entre ellos, el arroz negro con gambón y calamar de potera a la parrilla, una opción para quienes sostienen (con argumentos bastante razonables) que las mejores comidas son las que empiezan compartiendo. A estas alturas, alguien pronunciará inevitablemente la frase: “Yo no quiero postre, pero pruebo un poquito”. ¡Conviene desconfiar! La torrija casera de pan de mantequilla, preparada al momento y acompañada de helado de leche merengada, parece especialmente adecuada para quienes creen que un buen final puede mejorar todavía más una comida. También está la tarta árabe, con capas crujientes de pasta, almendras y crema pastelera, además de una tarta de queso suave y cremosa.

El atractivo de este sitio está en reunir elementos bastante sencillos que no siempre coinciden: buena comida, un entorno singular y tiempo para disfrutarlo. Es un restaurante para celebrar un cumpleaños, organizar una comida familiar, quedar con amigas o simplemente escapar durante unas horas de la rutina madrileña.

Y tiene algo que lo hace memorable: mientras uno decide si termina la última cucharada de tarta de queso o pide otro café, puede levantar la vista y encontrarse con un caballo al otro lado. No es el típico restaurante de Madrid. Y esa es, posiblemente, la mejor razón para ir. Porque hay fines de semana en los que lo único que apetece es cambiar de aires. Aunque sea durante una sobremesa. Y aunque el viaje termine mucho antes de lo que nos gustaría.

 

Dónde: M-612, km 3,4, junto a la hípica El Molino, Monte de El Pardo, Madrid.
Cocina: Carnes maduradas, pescados, verduras y arroces, con protagonismo de la brasa.
Imprescindibles: Tortilla trufada, croquetas de chuleta madurada, torreznos, huevos rotos con carabinero, lomo madurado y torrija casera.
Reservas: 644 10 33 63.
www.restaurantelahipica.es.

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