Nice Hand no nació de un plan empresarial perfectamente trazado, sino de una conversación entre madre e hija y de una ilusión que fue tomando forma poco a poco. Celia aportó su creatividad, su energía emprendedora y una mirada inquieta sobre el diseño; Mónica, la experiencia, la serenidad y la convicción de que los sueños solo se cumplen cuando se trabajan. De esa combinación surgió una firma que refleja tanto sus afinidades como la relación de confianza que han construido a lo largo de los años.
Especializada en prendas para invitadas y ocasiones especiales, la marca defiende una elegancia femenina alejada de las tendencias pasajeras. Diseñar y producir en España, cuidar los tejidos y los acabados y crear vestidos capaces de permanecer durante años en el armario no son para ellas argumentos comerciales, sino la consecuencia natural de una forma de entender la moda: con criterio, coherencia y respeto por el trabajo que existe detrás de cada prenda. Hablamos con ellas.

Mónica: En realidad, no hubo un instante concreto en el que decidiéramos crear una marca. Fue una idea que se fue gestando poco a poco. Celia siempre ha sido una persona muy creativa, con un sentido estético muy desarrollado, apasionada por la moda y, sobre todo, con un marcado espíritu emprendedor. Yo siempre he creído que los sueños hay que perseguirlos y trabajarlos, así que verla con esa ilusión hizo que, de forma natural, empezáramos a darle vueltas a la idea.
Llegó un día en el que nos sentamos a hablar en serio. Recuerdo perfectamente esa conversación porque, cuando nos levantamos de la mesa, la decisión ya estaba tomada: crearíamos NICE HAND. Nunca tuve dudas de que quería acompañarla en ese camino. Creo que solo ha sido posible porque, además de ser madre e hija, compartimos una relación muy especial, los mismos valores y una sensibilidad estética muy parecida. Esa conexión sigue siendo, a día de hoy, uno de los pilares de la marca.
Comenzamos diseñando prendas más sencillas, pero pronto entendimos que, si queríamos fabricar íntegramente en España y mantener el nivel de calidad que buscábamos, debíamos encontrar un segmento donde ese trabajo tuviera el valor que merece. Así fue como nos especializamos en la moda para invitadas y ocasiones especiales, sin perder nunca nuestra esencia: crear prendas elegantes, atemporales y confeccionadas para acompañar a la mujer durante muchos años, no solo durante una temporada.
Celia: No diría que NICE HAND estuviera escrita en nuestra historia familiar, porque en mi familia nunca hubo tradición de costura ni de confección. Pero sí creo que había una forma muy especial de entender la elegancia que, sin darnos cuenta, ha ido pasando de generación en generación.
Mi abuela siempre ha sido una mujer muy elegante, con muchísimo gusto. Le encantaba vestir bien y elegía cada prenda con gran cuidado. Mi madre creció con esa forma de entender la moda y después me la transmitió a mí de una manera muy natural. En casa nunca se trataba de seguir tendencias, sino de aprender a elegir prendas bonitas, de calidad, favorecedoras y apropiadas para cada ocasión.
Uno de mis mejores recuerdos es ir de compras con mi madre. Era uno de nuestros planes favoritos. Nos encantaba recorrer tiendas, descubrir marcas, buscar una prenda especial o simplemente pasear e inspirarnos. Siempre elegíamos la ropa entre las dos, tanto la suya como la mía, y si una de las dos no estaba convencida, era difícil que esa prenda terminara en casa. Compartir el probador, opinar y probar cosas nuevas era parte de la experiencia y nos divertía muchísimo.
Con el tiempo empezamos a fijarnos cada vez más en los tejidos, en la caída de una tela, en un patrón bien resuelto o en esos pequeños detalles que marcan la diferencia. Aprendimos juntas a valorar la calidad y todo el trabajo que hay detrás de una buena prenda.
Mirándolo con perspectiva, creo que NICE HAND no estaba escrita en nuestra historia, pero sí lo estaba esa sensibilidad compartida por la belleza, la calidad y la elegancia atemporal. Mi madre me enseñó a apreciar todo eso y yo, de alguna forma, le contagié mi ilusión por emprender. Al final, la marca nació de la unión de esas dos maneras de mirar el mundo.

Emprender juntas implica mezclar familia, creatividad y negocio. ¿Qué habéis aprendido la una de la otra trabajando como socias?
Mónica: Trabajar juntas nos ha enseñado que las diferencias, cuando hay confianza y unos valores compartidos, no separan, enriquecen.
De Celia admiro muchas cosas, pero, sobre todo, su capacidad de trabajo, su perseverancia y su resiliencia. Vive todo con muchísima intensidad y, cuando las cosas se ponen difíciles, nunca se rinde; al contrario, encuentra la manera de levantarse y seguir adelante con más fuerza. Viéndola trabajar durante todos estos años, he entendido que los sueños no dependen solo del talento o de la ilusión, sino de la constancia y del esfuerzo diario.
Si ella respondiera a esta pregunta, creo que diría que yo le he aportado la experiencia, la prudencia y la importancia de construir un proyecto sólido, creciendo con paso firme y pensando siempre en el largo plazo. Siempre he creído que las decisiones importantes necesitan reflexión y que una empresa se construye poco a poco, sin perder nunca de vista el futuro.
Y hay algo que creo que ha sido fundamental para que trabajar juntas haya resultado tan natural: compartimos una sensibilidad estética muy parecida y los mismos valores. Nunca hemos tenido una discusión por un tejido, un estampado o un diseño. Cuando una de las dos ve algo de una manera distinta, la otra intenta mirarlo con sus ojos. Esa forma de escucharnos y de confiar la una en la otra hace que, al final, las decisiones siempre sean mejores de lo que habrían sido por separado.
Celia, estudiaste Ingeniería Industrial y ADE, pero acabaste creando una firma de moda. ¿Qué te empujó a dar ese salto y qué idea tenías de emprender antes de vivirlo desde dentro?
Celia: Siempre digo que estudiar Ingeniería Industrial y ADE no fue un camino que me alejara de la moda, sino una de las cosas que más me han ayudado a construir NICE HAND.
Desde pequeña, me gustaban mucho las matemáticas y las ciencias. De hecho, tuve la suerte de participar en un programa para alumnos con especial interés y aptitudes en matemáticas, y cuando llegó el momento de elegir carrera, Ingeniería Industrial era la opción que más me ilusionaba. Me atraía especialmente la organización industrial y la posibilidad de entender cómo funcionan las empresas desde dentro, por eso decidí complementarla con ADE.
La idea de NICE HAND surgió cuando estaba en segundo de carrera. Mi madre y yo decidimos emprender juntas y, durante varios años, compaginamos la marca con su trabajo y mis estudios. Fueron años muy exigentes, con muy poco tiempo libre, pero también aprendí muchísimo. Terminar una carrera como Ingeniería Industrial me enseñó a pensar de forma estructurada, a resolver problemas, a trabajar con disciplina y, sobre todo, a levantarme cada vez que las cosas no salían como esperaba. La universidad también me enseñó que equivocarse no es fracasar. Algunas de las lecciones más importantes llegaron precisamente después de un suspenso.
Antes de vivirlo pensaba que emprender consistía, sobre todo, en tener una buena idea y muchas ganas. Hoy sé que eso es solo el principio. Emprender significa convivir con la incertidumbre, tomar decisiones todos los días y entender que detrás de una marca hay mucho más que creatividad. Pero también he descubierto que no hay nada más gratificante que construir algo en lo que crees de verdad. Y, curiosamente, todo lo que aprendí en la universidad sigue acompañándome cada día en NICE HAND.

Vuestra marca tiene mucho que ver con valores: sostenibilidad, producción local, consumo consciente, prendas con recorrido. ¿Qué creéis que dice nuestra forma de vestir sobre la sociedad en la que vivimos?
Mónica: Creemos que la forma en la que compramos dice mucho más que cuál es nuestro estilo. Cada compra es una elección y, de alguna manera, también refleja nuestros valores: qué apoyamos, qué priorizamos y qué tipo de mundo queremos contribuir a construir con nuestras decisiones.
Vivimos en una sociedad en la que todo sucede muy deprisa y la moda no es ajena a ese ritmo. Las tendencias cambian constantemente y, muchas veces, parece que una prenda pierde valor en cuanto deja de ser una novedad. Nosotras, sin embargo, creemos que una prenda realmente bonita no debería depender del momento, sino de cómo te hace sentir cada vez que vuelves a ponértela.
Por eso nunca hemos entendido la sostenibilidad como un argumento de venta, sino como una consecuencia natural de nuestra forma de hacer las cosas. Diseñamos y producimos en España porque creemos en la calidad, en el trabajo bien hecho y en el valor de las personas que hay detrás de cada prenda. Buscamos tejidos que envejezcan bien, patrones atemporales y acabados cuidados para que nuestras clientas puedan seguir disfrutándolas durante muchos años.
Al final, creemos que consumir de forma más consciente no significa renunciar a la moda ni comprar menos por obligación. Significa elegir mejor. Porque cuando una prenda está bien diseñada, bien confeccionada y realmente te representa, deja de ser una compra más para convertirse en una de esas prendas que permanecen en tu armario durante muchos años.
¿Qué mujeres os inspiran, en la moda, en la cultura, en la empresa o en vuestra vida personal, y por qué?
Celia: No tenemos grandes referentes concretos. Nos inspira el trabajo de muchas personas y disfrutamos aprendiendo de proyectos muy diferentes, tanto dentro como fuera de la moda. Pero, sobre todo, admiramos a quienes construyen las cosas con coherencia, con paciencia y sin renunciar a sus valores.
Si pensamos en las mujeres que más nos han inspirado, la respuesta está mucho más cerca de casa. Mi abuela fue una de ellas. Perteneció a una generación de mujeres que, con discreción y sin hacer ruido, fueron adelantadas a su tiempo en muchos aspectos. Siempre ha sido una mujer muy elegante, con un gusto extraordinario y una gran personalidad. Nos ha enseñado, con su ejemplo, que la elegancia va mucho más allá de la ropa: tiene que ver con el criterio, la autenticidad y la forma de estar en el mundo.
También nos inspiran esas mujeres reales que forman parte de nuestro día a día. Mujeres que trabajan, emprenden, cuidan de los suyos, persiguen sus objetivos y siguen encontrando tiempo para cuidarse a sí mismas. Mujeres que eligen con criterio, que valoran la calidad y que prefieren construir un armario que las represente, en lugar de dejarse llevar por lo efímero.
Al final, más que inspirarnos en nombres concretos, nos inspira esa forma de vivir. Y es precisamente, para esas mujeres, para las que diseñamos cada colección.
Nice Hand tiene una estética muy femenina, elegante y cuidada. ¿Cuáles son vuestros referentes de moda, diseño o estilo a la hora de imaginar una colección?
Mónica: La inspiración puede surgir en cualquier sitio: en un viaje, en la arquitectura, en la naturaleza, en una combinación de colores, en la textura de un tejido o simplemente observando cómo una mujer lleva una prenda con naturalidad. Intentamos mantener siempre la mirada abierta y dejar que las ideas surjan de una forma muy orgánica.
Pero, si somos sinceras, con el tiempo hemos descubierto que nuestro mayor referente es la propia identidad de NICE HAND. Cuando diseñamos una colección no pensamos si una prenda está de moda o no. Nos preguntamos si esa prenda es realmente NICE HAND. Si transmite la elegancia, la feminidad, la calidad y la naturalidad que queremos representar.
Muchas veces descartamos una idea, no porque no sea bonita, sino porque sentimos que “no es suficientemente NICE HAND”. Y cuando una prenda consigue transmitir esa esencia, sabemos que vamos por el buen camino.
Al final, más que seguir tendencias, intentamos crear prendas con personalidad propia, pensadas para emocionar hoy y seguir teniendo sentido dentro de muchos años.
¿Cómo es vuestro proceso creativo desde que aparece una idea hasta que una prenda llega a una clienta? ¿Qué papel juegan los tejidos, los talleres y la intuición?
Mónica: Nuestro proceso creativo nunca es exactamente igual. A veces tenemos muy clara la silueta que queremos diseñar y entonces buscamos el tejido perfecto por su caída, su color o su estampado. Otras veces sucede justo al revés: encontramos un tejido que nos enamora y es ese tejido el que nos sugiere la prenda. Incluso, en algunas colecciones, diseñamos nosotras mismas los estampados para conseguir exactamente lo que estamos buscando.
Celia lidera todo el proceso creativo. Durante años dibujó a mano y hoy trabaja principalmente con herramientas digitales. La inteligencia artificial también se ha convertido en una gran aliada para ayudarnos a visualizar ideas y explorar posibilidades. Es una herramienta fantástica, pero nunca sustituye lo más importante: nuestro criterio, nuestra sensibilidad y nuestra forma de entender la elegancia.
A partir de ahí comienza una parte mucho menos visible, pero igual de importante: los prototipos. Hacemos todas las pruebas que sean necesarias, corregimos patrones, ajustamos volúmenes y revisamos cada detalle hasta que sentimos que la prenda está exactamente como la habíamos imaginado. Nunca damos una prenda por terminada antes de tiempo. Es un proceso exigente, pero también es una de las partes que más disfrutamos.
Los tejidos son fundamentales. No solo determinan la belleza de una prenda, sino también su caída, su movimiento y cómo se comporta cuando la llevas puesta. Por eso los elegimos siempre buscando el equilibrio entre tres aspectos que para nosotras son irrenunciables: calidad, belleza y sostenibilidad.
Y, por supuesto, también hay un espacio para la intuición. A veces tenemos una corazonada difícil de explicar. Hay diseños que, desde el primer momento, sentimos que tienen algo especial. La experiencia nos ha enseñado a escuchar esa intuición, aunque siempre la acompañamos de mucho trabajo, muchas pruebas y mucha exigencia antes de que una prenda lleve la etiqueta de NICE HAND.

Celia, tu vestido de novia parece un capítulo muy especial dentro de tu relación con la moda. ¿Qué significó diseñarlo o vivirlo desde tu propia mirada estética, y qué aprendiste de ese proceso?
Celia: Siempre tuve muy claro que el día de mi boda llevaría un vestido diseñado por nosotras. No podía imaginarlo de otra manera. Era una oportunidad muy especial para crear exactamente el vestido con el que siempre había soñado y hacerlo desde la esencia de NICE HAND.
Fue un proceso muy emocionante que compartí con mi madre. Diseñamos el vestido juntas, cuidando cada detalle hasta encontrar el tejido perfecto: una organza de seda bordada de una delicadeza extraordinaria, de esas telas que, en cuanto las ves, sabes que son únicas. Como ocurre siempre en NICE HAND, no nos conformamos hasta sentir que todo estaba exactamente donde tenía que estar.
Pero, curiosamente, mi vestido terminó siendo solo una parte de la historia. También diseñamos los vestidos de más de veinte invitadas, entre ellas mi madre, la madrina, las hermanas del novio y muchas mujeres muy importantes para nosotras. Cada diseño era completamente diferente porque nacía de la personalidad y el estilo de quien iba a llevarlo, siempre manteniendo nuestra esencia NICE HAND. Verlas disfrutar del proceso y sentirse plenamente ellas mismas el día de mi boda fue una experiencia muy especial.
Creo que lo más valioso que aprendí es que un vestido puede ser mucho más que una prenda. Puede convertirse en el reflejo de una historia, de una personalidad y de un momento irrepetible. Aquella experiencia nos confirmó que acompañar a alguien en un proceso tan personal era exactamente lo que queríamos hacer. Comprendimos que nuestro trabajo no consiste solo en diseñar vestidos, sino en ayudar a que cada persona se sienta la mejor versión de sí misma en un día irrepetible. Al final, aquel vestido, que empezó siendo el vestido con el que yo soñaba, terminó abriendo un nuevo capítulo para NICE HAND.
Más allá de lo profesional, ¿cómo os definiríais la una a la otra? ¿Qué rasgo de Celia reconoces en Nice Hand y qué rasgo de tu madre está presente en cada colección?
Mónica: Si tuviera que definir a Celia, diría que es una persona tremendamente creativa, alegre y llena de ilusión. Tiene una curiosidad constante y una capacidad admirable para imaginar cosas nuevas y convertirlas en realidad. En NICE HAND hay mucho de ella: esa sensibilidad para el diseño, las ganas de seguir evolucionando y la valentía de hacer las cosas de una manera diferente, sin perder nunca nuestra esencia.
Celia: Si pienso en mi madre, lo primero que me viene a la cabeza es su generosidad. Siempre ha estado a mi lado, creyendo en mí incluso antes de que yo misma supiera hasta dónde podía llegar. Pero, además, tiene un criterio extraordinario. Es de esas personas que saben mirar una prenda y detectar cuándo ya está exactamente donde tiene que estar y cuándo todavía necesita un pequeño cambio. Su forma de entender la elegancia, su serenidad y su manera de hacer las cosas con calma y pensando siempre en el largo plazo están presentes en cada colección.
Al final, NICE HAND no se parece solo a una de las dos. Se parece a la relación que hemos construido durante todos estos años. Y creo que eso es lo más valioso que tiene la marca.

