Durante mucho tiempo, en moda cumplir años tenía algo de tragedia griega. Cumplías 40 y parecía que alguien te mandaba discretamente a una túnica beige “favorecedora” y a desaparecer del plano. Como si después de cierta edad solo hubiera dos opciones: vestirse como una galerista de Berlín o como la tía prudente en una boda de día.
Por suerte, alguien con un par de luces en la industria debió hacerse la pregunta más obvia: ¿cómo hemos podido pasar tanto tiempo ignorando a las mujeres más interesantes de la habitación? Porque eso es exactamente lo que está pasando. La moda, siempre tan obsesionada con descubrir “lo nuevo”, acaba de darse cuenta de que una mujer de 55 puede ser infinitamente más magnética que una chica de 20 poniendo cara de aburrimiento en una campaña.
No es teoría. Está ocurriendo. Ahí están Linda Evangelista, Kristen McMenamy, Naomi Campbell o Carmen Dell’Orefice demostrando que una mujer no pierde interés con la edad, sino que lo gana. Y es lógico: a los 25 puedes estar guapísima; a los 55 puedes estar guapísima y, además, saber exactamente quién eres. Eso siempre viste mejor.

Durante años la moda confundió juventud con estilo. No es lo mismo. La juventud tiene frescura; el estilo tiene criterio. Y ahora mismo el criterio cotiza alto. Basta mirar ciertos desfiles de Saint Laurent, Loewe o Balenciaga para comprobarlo: trajes impecables, camisas masculinas, abrigos con presencia, ese lujo silencioso que básicamente dice “tengo un buen abogado y una opinión”. ¿Quién lleva eso mejor? Exacto.
Hay algo muy divertido en cómo han cambiado las fantasías de la moda. Antes era la chica imposible que desayuna café y cigarrillos en París. Ahora es una mujer que enseña sus canas, un reloj heredado y aporta algo que ahora parece escasear, personalidad. No va disfrazada de tendencia ni necesita probarse cada micro moda de TikTok ni llevar algo porque “lo dice el algoritmo”. No se pone un traje oversize porque lo haya visto en redes y probablemente ya llevó uno parecido antes de que se llamara oversize.

El nuevo lujo es tener criterio
También hay una razón práctica, claro. Las mujeres de más de 50 consumen lujo, pero no lo hacen de forma impulsiva. Saben lo que quieren, repiten marcas, invierten bien y no necesitan que nadie les explique por qué un buen abrigo merece más presupuesto que tres caprichos de temporada. Dicho de otro modo, la industria acaba de descubrir que sus mejores clientas existían. Y ya era hora.
Pero no es solo mercado. Es una nueva idea de lo aspiracional. Antes la moda vendía juventud; ahora empieza a vender aplomo. Que, si lo piensas, es bastante más sexy. Por eso muchas de las imágenes más interesantes de la moda actual no tienen que ver con la perfección sino con el carácter.
Y también una pequeña venganza. Porque durante décadas el edadismo fue el prejuicio más elegante de la moda: nadie lo nombraba, pero estaba en todas partes. En los castings, en las campañas, en los armarios pensados para “no llamar demasiado la atención”. Ahora empieza a resultar anticuado. Y, francamente, nada envejece peor que obsesionarse con la juventud.
Quizá ese sea el gran giro: la moda no está haciendo sitio a las mujeres maduras por generosidad. Está reaccionando a una evidencia. Son, simplemente, más interesantes. Y eso, para una industria que vive de producir deseo, es bastante importante.
