Opinión

La manta

María Dabán
Actualizado: h
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Si hay algo que odio en los hoteles es que los edredones sean tan cortitos que tengas que elegir entre pasar la noche con los pies helados o con los brazos fríos. Y no es que sea excesivamente alta, les aseguro que no es el caso. Cuando veo este tipo de cosas siempre pienso que, quien las diseñó estará en su casa tranquilamente con una enorme manta que cubra toda su anatomía pensando en qué bonito le quedó su proyecto, mientras yo lo odió profundamente en mi cama.

Este pensamiento me vino a la cabeza cuando pienso en los mediáticos juicios que se están celebrando en nuestro país. Los casos son distintos y los acusados también, pero todos comparten una cosa: en sus manos está tirar o no de la manta y ayudar a aclarar si los delitos de los que se les acusan son ciertos.

Quien se ha librado de sentarse en el banquillo es Jordi Pujol. Sus 95 años y su deterioro cognitivo le han librado de responder por unas acusaciones para las que se le pedían 9 años de cárcel, años que no hubiera cumplido de ninguna forma, a no ser que fuera como los habitantes de un pueblo de Palencia que visité con mi familia en cierta ocasión. Uno de los señores nos contó que la mayoría de los que allí vivían estaban entre los ochenta y muchos y los noventa y tantos. En tono de broma le dije. “Pues si viven tanto, ya vendré cuando me jubile”. A lo que, con sorna, me contestó: “Pues aquí estaremos esperándola”.

No seré yo quien cuestione el criterio de los forenses y del tribunal que está juzgando el caso, pero me produce verdadero asombro la indignación que causaba en algunos que el Molt Honorable pudiera ser acusado de corrupción. Para sus defensores a ultranza, sentar en el banquillo a Pujol era poco menos que juzgar a Cataluña y a la identidad catalana. Ya les adelanto que yo, como navarra, no siento lo mismo hacia mi paisano Santos Cerdán. Si ha cometido delitos, que responda ante ellos. Y punto.

Esta semana veremos también si Koldo y Ábalos tiran de su propia manta en el Supremo. Algunos dudan de que lo vayan a hacer porque confían en que, como la UCO no ha hallado su presunto botín, sean eximidos al menos de los delitos con penas más graves de cárcel. La abogada de Koldo ha dejado entrever en alguno de sus interrogatorios que pondrá el acento en el descontrol que había en las cuentas del PSOE porque, al parecer, no todos los gastos estaban tan registrados como decían en Ferraz. También será el turno de Aldama, que ya tiró en su día de su propia manta, pero que podría hacer todavía alguna revelación explosiva más, dejando al aire los pies de sus compañeros de banquillo.

Albert Camus decía que “inocente es quien no necesita explicarse”. Pero en estos casos hacen falta muchas explicaciones. Más de las que se han dado hasta ahora, aunque me temo que más de las que se darán.