Por momentos, la política exterior de la Administración Trump parece haberse desprendido de la urgencia, que fue una de sus nociones más básicas durante su campaña electoral. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, formuló con crudeza hoy mismo que Estados Unidos tiene “todo el tiempo del mundo” a la hora de afrontar su conflicto con Irán. La frase es tan presuntuosa que demuestra el desgaste de una estrategia concebida con improvisación. El escenario de una guerra prolongada era inadmisible para esta administración hace apenas unos meses.
El propio Donald Trump, en su red Truth Social, insistió en que no siente presión alguna por cerrar el conflicto. Al contrario, sugirió que el reloj corría en contra de Irán. Este desplazamiento del foco, de la resolución a la resistencia, puede ser una tenue capa de humo. Fuentes de empresas militares han explicado a Artículo 14 que “las negociaciones no van bien” y esas mismas fuentes aseguran “me comentan que Hegseth tiene los días contados si Irán no se resuelve pronto”. El Secretario de Guerra emerge como el ejecutor indisciplinado de una situación insostenible frente a sus seguidores, por mucho que cultive su estética de poder.

Porque Hegseth no solo habla de guerra. El encarna la guerra. Su imagen pública, trajes oscuros, cabello impecable, gestualidad televisiva, responde a una actitud contemporánea digna de repetirse en las redes donde la política se mide también en términos de presencia visual. Una política que convierte la apariencia en argumento, donde en el fondo, las decisiones y sus consecuencias, desaparecen tras una narrativa de seguridad y firmeza escénica.
Cuando Hegseth apartó a los independientes
Sin embargo, más allá de la superficie, el rastro de Hegseth en el Pentágono está marcado por una profunda reconfiguración interna. Desde su llegada, ha impulsado una purga sistemática de altos mandos militares. En apenas semanas, figuras clave como el general Charles Q. Brown Jr., la almirante Lisa Franchetti o el general Randy George han sido apartados. El argumento oficial habla de restaurar el “ethos guerrero” de las Fuerzas Armadas, pero el patrón sugiere la eliminación de voces independientes en un momento de alta tensión internacional.
El caso del secretario de la Marina, John Phelan, ilustra bien este clima. Su destitución, confirmada por el propio Trump tras una insólita visita de Phelan a la Casa Blanca para verificar su cese, refleja la volatilidad de los cargos ante el absolutismo del Presidente. Según diversas informaciones, las tensiones con Hegseth y su acceso directo a Trump habrían sido factores determinantes en la salida de Phelan. En un Pentágono donde seis de los ocho miembros del Estado Mayor Conjunto han abandonado sus puestos desde el regreso de Trump, la estabilidad institucional parece haber quedado en suspenso.

Esta dinámica de depuración se extiende en promociones de oficiales, especialmente entre mujeres y mandos afroamericanos, y a decisiones simbólicas como el cambio de nombres de bases o buques. El mensaje es que el aparato militar debe alinearse en valores con su narrativa. En ese sentido, la transformación del Departamento de Defensa en “Departamento de Guerra” no es una anécdota semántica.
La ideología de Hegseth
En paralelo, la dimensión ideológica de Hegseth eleva su complejidad. Su retórica incorpora elementos de un cristianismo militante que trasciende lo personal para impregnar la acción política. En una reciente oración pública, pidió a Dios que concediera “objetivos claros y justos para la violencia” y que “rompiera los dientes de los impíos”. Este lenguaje, que fusiona fe y estrategia militar, plantea interrogantes sobre los límites entre convicción religiosa y dedicación pública en una democracia secular.
Las consecuencias de esta guerra se dejan sentir en el plano internacional. La decisión de retrasar la entrega de sistemas HIMARS a Estonia, un aliado clave en la OTAN, debido a las necesidades del conflicto con Irán ha generado inquietud. Primero por el impacto inmediato en la defensa del país báltico, segundo por el mensaje que envía a sus otros socios sobre que los compromisos de Washington están subordinados a una guerra cuya duración, según sus propias palabras, no tiene horizonte claro. Informes recientes apuntan a un consumo significativo de municiones, con plazos de reposición que en algunos casos superan los cuatro años. Esta erosión de capacidades tanto afecta a la operatividad militar, como también a la credibilidad estratégica de Estados Unidos. Una guerra sin límite temporal exige recursos igualmente ilimitados, algo que rara vez se cumple en la práctica.

En este escenario, la figura de Hegseth aparece con la espada de Damocles sobre su cabeza. Por un lado, proyecta control, determinación y coherencia ideológica. Por otro lado, opera en un entorno donde la lealtad es volátil y su permanencia incierta. La misma lógica que ha llevado a la destitución de numerosos altos cargos podría aplicarse a él si los resultados no acompañan. En un sistema donde el presidente concentra la última palabra, ningún puesto está garantizado.
Ligado al conflicto en Irán
De hecho, la propia evolución del conflicto con Irán podría convertirse en el factor decisivo. Si la estrategia de “tiempo ilimitado” deriva en estancamiento o costes crecientes, humanos, económicos, diplomáticos, la presión sobre el Secretario de Guerra podría aumentar. Y en ese contexto, Hegseth, como rostro visible de la política militar, asumiría la responsabilidad. La historia reciente de la Administración Trump muestra que la proximidad al poder no inmuniza frente a su arbitrariedad.
En ese contexto, la pregunta es ¿cuánto durará el conflicto con Irán? La respuesta invita a cuestionar qué tipo de institución militar emergerá de este proceso. Y, más allá, qué implicaciones tendrá para el papel de Estados Unidos en el mundo. Porque si algo ha dejado claro Hegseth es que, al menos desde su perspectiva, el tiempo corre de su lado. Pero la historia reciente sugiere que las guerras prolongadas rara vez producen los efectos deseados. Y que, incluso quienes creen tener todo el tiempo del mundo, pueden agotar su margen más rápido de lo previsto.
