La crítica ★☆☆☆☆

‘Michael’: el biopic de Michael Jackson banaliza a su protagonista

Un biopic que recorre la vida de Michael Jackson opta por detenerse antes de sus años más controvertidos, construyendo un retrato idealizado que esquiva acusaciones y conflictos reales

En una escena del biopic Michael, recién estrenado en cines, un joven Michael Jackson recibe un consejo de Berry Gordy, fundador de la mítica discográfica Motown y uno de los mentores del cantante. “En este negocio, se miente acerca de todo”, le advierte. Y resulta evidente que la propia película ha tomado nota de ello. A lo largo de sus 130 minutos de metraje, recorre la vida de Jackson desde sus años de niñez en Gary (Indiana) en la década de los 60 hasta los triunfales lanzamientos de sus álbumes Thriller (1983) y Bad (1987) dos décadas después, y su relato termina abruptamente en 1988 durante una de sus giras mundiales, quizá porque ese tal vez sea el último momento en el que una película sobre Jackson puede concluir de forma verosímil sin abordar las controversias, los escándalos, los comportamientos excéntricos y las acusaciones de abusos sexuales a niños que rodearon a la estrella en sus últimos años.

Dirigida por Antoine Fuqua, Michael no absuelve a Jackson de ninguna de las acusaciones formuladas contra él en los 90 y los 00, sino que las ignora por completo. La única víctima en esta película es el propio Jackson, retratado como un genio infalible que sufrió durante décadas a manos de su tiránico padre padre, Joe Jackson, que explotó su talento divino, controló sus decisiones y abusó de él sin descanso. Encarnado por Colman Domingo, ese progenitor de crueldad caricaturesca es todo lo opuesto al retrato absolutamente angelical que la película ofrece de su protagonista. Lo más cerca que su metraje está de mostrar al músico bajo una luz poco favorable es al sugerir que, a comienzos de los años 80, empezó a experimentar con la cirugía estética, especialmente en la nariz. Pero incluso eso, sugiere Michael, fue en última instancia culpa de Joe, y quizá también del público; todo el mundo exigía perfección a Jackson, que pasó varias veces por el quirófano para intentar alcanzarla.

Una escena de la película ‘Michael’.

Por lo demás, el Michael de Michael no presenta defectos, traumas ni frustraciones. Es un ser de luz que interrumpe encantado cualquier cosa que esté haciendo para firmar autógrafos a sus fans, que ve películas clásicas y come helado con su madre, y que dona millones de dólares a obras benéficas. No llega a curar a los enfermos, pero desde luego los visita con frecuencia en el hospital, como demuestran las innumerables escenas en las que Jackson aparece consolando a niños convalecientes.

También es alguien permanentemente instalado en un estado de infantilismo, que vive rodeado de juguetes y libros de cuentos —¿cómo podría alguien tan dulce y santurrón escribir una canción tan paranoica y cargada de sexualidad como Billie Jean?— y cuya creciente obsesión por los animales lo lleva a comprar una llama, una jirafa y un chimpancé; es evidente que se siente más cercano a ellos que a su propia familia, pero aun así la película no trata ese hecho como una reacción psicológica a una infancia profundamente problemática o a las presiones de la fama, sino más bien como una excentricidad entrañable. Por último, esta versión de Jackson es un personaje carente de opiniones personales o rasgos definibles, y la película asimismo renuncia a explorar su proceso creativo y sus influencias musicales. Tampoco, es verdad, concede mucho espacio a sus otros personajes: los hermanos del cantante quedan reducidos a meros figurantes de lujo.

Una escena de la película ‘Michael’.

En realidad, lo único que sostiene su relato de ascenso a la cima es la retahíla de canciones inmortalizadas por el artista tanto en solitario como al frente de The Jackson 5 que lo trufan, una música tan buena que sin duda satisfará a todos los espectadores ávidos de revivir los años de gloria de su ídolo y seguramente garantizará el éxito de Michael en la taquilla, a pesar de que, visualmente, los momentos de la película que las acomodan dejan mucho que desear a causa del empeño de la cámara por restar energía a las coreografías de baile. Pero que nadie espere de Michael mucho más que eso, salvo una sucesión de escenas repetitivas en las que Joe golpea a su hijo, aterroriza al resto de su familia y manipula a quienes lo rodean para asegurar su propio bienestar económico. Él es el único conflicto dramático que la película presenta.

En la piel de su propio tío, Jaafar Jackson —hijo de uno de los hermanos de Jackson, Jermaine— hace exactamente lo que la película le pide: capturar las inflexiones vocales y los pasos de baile del llamado Rey del Pop al recrear algunas de sus actuaciones más famosas, como su moonwalk en el especial televisivo Motown 25: Yesterday, Today, Forever o el icónico baile de zombis del videoclip de Thriller.

Una escena de la película ‘Michael’.

Su interpretación, sin embargo, es poco más que una imitación que no ahonda en el ser humano tras el icono, al menos a tenor de lo que se ve en pantalla. El matiz es relevante puesto que, inicialmente, Michael ofrecía algo más. En su primera versión, al parecer, la acción arrancaba con una recreación de la redada policial que tuvo lugar en el rancho Neverland en 1993, durante la que la policía examinó y fotografió el cuerpo de Jackson para compararlo con las descripciones que de él había hecho Jordan Chandler, un niño de 13 años que lo había acusado de violarlo. Posteriormente, sin embargo, Fuqua descubrió que existía un acuerdo extrajudicial según el que los herederos del cantante -productores de la nueva película- tenían prohibida la representación o la mención de Chandler en cualquier obra cinematográfica, por lo que tuvo que eliminar del metraje toda alusión a las acusaciones. Aunque entrevistas recientes con Fuqua sugieren que su visión original tenía el objetivo de negar con firmeza cualquier irregularidad por parte de Jackson pero, el mero hecho de abordar el asunto al menos la habría dotado de cierto punto de vista y un argumento que defender.

E incluso sin tratar ese episodio concreto, en cualquier caso, un biopic sobre Jackson podría haber funcionado a modo de verdadera reflexión sobre el coste que el estrellato infantil y un padre abusivo pueden llegar a tener en una persona. Sin embargo, Michael omite los aspectos más problemáticos de la historia de su genial protagonista con el fin de vender el mayor número posible de entradas -y discos-, y de ese modo no solo da por bueno el consejo que Gordy da a su joven pupilo en el transcurso de su metraje, sino que pone de manifiesto la triste ironía que define todo el proyecto. Sea cual sea la opinión que se tenga sobre Jackson, es incuestionable que fue un creador impulsado por la necesidad de ofrecer entretenimiento único y espectacular. La nueva película carece por completo de ese espíritu y por tanto, aunque resulta obvio que ha sido concebida a modo de devoto homenaje, en última instancia es ante todo un agravio hacia el artista que la inspira.

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