Opinión

La antibiblioteca

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Comprendo perfectamente lo que Umberto Eco quería decir al hablar de los libros como medicina y al no considerarlos meros objetos de consumo. El escritor y filósofo italiano decía que es una tontería pensar que se tienen que leer todos los libros que se compran, y que es una tontería criticar a aquellos que compran más libros de lo que nunca podrán leer, porque sería como decir que se deben usar todos los cubiertos o gafas o destornilladores o taladros o cualquier otro objeto que tengamos en casa antes de comprar otro nuevo.  A esto llamaba Umberto Eco la antibiblioteca, a todos esos libros que has comprado y aún no leíste, pero ahí están, para ese día en que decidas acercarte a ellos y leerlos, o no. 

Y es que sé que no soy la única que sigue comprando libros, aunque no sepa cuándo los voy a leer, y aunque la pila de libros sin leer que hay en casa no deje de crecer.  Y sigo comprando libros, aunque seguir comprando libros se haya convertido desde hace mucho tiempo en un problema físico porque hay libros por todas partes, porque las estanterías rebosan, aunque sean grandes, y altas, y haya muchas, y se haga doble fondo de libros.  Da igual, como tantas otras personas, sigo comprando libros. 

Para mí, al igual que para muchas personas no es difícil de explicar, aunque puede que muchos otros no consigan entenderlo.  Rodearme de libros, y seguir comprando libros me hace sentir mejor.  Sólo el hecho de saber que todos esos libros están ahí, para mí, que no importa cuánto tarde en leerlos o en volver a ellos, porque los libros no tienen prisa, me hace sentir mejor.  

Realmente da igual cuantos libros tengas, siempre son pocos.  Da igual si lo compraste nuevo o en una tienda de segunda mano, en una feria, en un mercadillo, o te lo regalaron.  Un libro, tus libros, son un tesoro, son tu tesoro.  Y es que los libros, como decía Eco, para mí, como para muchos, son medicina para el alma. Y por eso es necesario tener todo tipo de libros porque uno nunca sabe cuál puede necesitar, al igual que un día necesita un analgésico para el dolor de cabeza y otro día otra medicina para otra dolencia, un día necesitas leer aquel poema, y otro día necesitas cuentos, y pasado un tiempo leer aquella novela que nunca leíste o releer la que te dejó tan grato recuerdo hace no sabes ni cuánto tiempo. 

Los libros son medicina y son todo menos mercancía.  «Aquellos que compran sólo un libro, lo leen y luego se deshacen de él aplican la mentalidad de consumidor a los libros, es decir, los consideran un producto de consumo, un bien. Los que aman los libros saben que un libro es cualquier cosa menos una mercancía” decía también el autor de El nombre de la rosa.  No son una mercancía, y, además, como afirmaba el escritor, son nuestra memoria vegetal.  

Porque los libros, hechos a partir de fibras vegetales son nuestra memoria como especie y nuestra memoria histórica, donde siempre podemos volver a ver cómo hemos sido, qué hemos hecho, cuál ha sido nuestro camino y nuestro recorrido.  Como seres vivos poseemos una memoria orgánica, y en esta era tecnológica que habitamos además tenemos teras y teras de memoria mineral en forma de silicio, aunque en realidad la memoria mineral comenzara hace miles de años cuando los libros eran tablillas. Y esta memoria vegetal que son los libros, persiste a pesar de que parezca imponerse la tecnología en todos los ámbitos.  

Según datos del Ministerio de Cultura, en España se publican cerca de noventa mil nuevos libros al año y más del sesenta y seis por ciento de la población lee por ocio en su tiempo libre, con más de un cincuenta por ciento leyendo al menos una vez por semana. Por género, son casi el setenta y dos por ciento mujeres, y el grupo más lector son los jóvenes de entre catorce y veinticuatro años, y la tendencia, según datos oficiales, es ascendente en los últimos años.  

Decía mi queridísimo Raby Bradbury, sí, el de Crónicas Marcianas o Fahrenheit 451, novela en la que los libros eran quemados por orden gubernamental para que las personas no fueran infelices ya que leer provocaba infelicidad según ese gobierno, que no es necesario quemar libros para destruir una cultura, que bastaba con hacer que la gente dejara de leerlos, pero con estas cifras de lectores parece que no todo está perdido. 

Así que, en un nuevo Día del Libro, los que amamos estos objetos llamados libros, celebramos que estos existan, que nos acompañen desde nuestra infancia, que ahí sigan, para nosotros y con nosotros, compartiendo nuestras vidas, nuestras relaciones, nuestras mudanzas, nuestros viajes.  Que, hablando de viajes, cuántas veces nos cuesta tanto elegir qué libros nos van a acompañar en un viaje, y es que no podemos hacer como el gran visir Abdul Kassem Ismael que amaba tanto a sus libros que, cuando tenía que viajar, se llevaba sus más de cien mil volúmenes, ordenados alfabéticamente, en cuatrocientos camellos que hacían de biblioteca ambulante.

En un nuevo Día del Libro, si es que es eres uno de sus muchos amantes, ojalá tengas al menos una persona en tu vida que hoy te regale un libro, y ojalá tengas al menos una persona en tu vida a la que regalar un libro.