La habitación propia

Los libros japoneses que tienes que leer para entender el mundo

Esta es una guía para empezar a leer literatura japonesa, con diez libros esenciales, contemporáneos y clásicos modernos, que explican por qué este género habla tan directamente de lo que somos

Los libros japoneses que tienes que leer para entender el mundo
kiloycuarto

En las librerías, en los clubes de lectura, en las listas de los más vendidos: la literatura japonesa lleva años ocupando un espacio que ya no es marginal ni exótico. Pero ¿qué dice de nosotros que precisamente ahora, en este momento de aceleración y ruido, busquemos refugio en una narrativa construida sobre el silencio, la elipsis y la belleza de lo pequeño? La literatura japonesa contemporánea ha alcanzado una presencia que va mucho más allá del éxito comercial de Haruki Murakami, y la pregunta que surge no es cómo ha llegado hasta aquí, sino qué necesidad lectora está satisfaciendo.

Porque hay algo en esa narrativa, su ritmo contenido, su capacidad para hacer del silencio un personaje, que parece responder a una fatiga muy concreta: la de vivir en un presente que lo explica todo y lo convierte todo en contenido. Las narrativas niponas funcionan de otra manera y a otro ritmo, uno que se basa en la sugerencia en lugar de la explicación.

Nobel de Murakami - Cultura
El escritor japonés Haruki Murakami
Archivo

El porqué del éxito de la literatura japonesa

El fenómeno tiene capas. La más superficial es la del ecosistema cultural: el anime, el manga, la estética wabi-sabi, la fascinación occidental por una cultura que parece haber encontrado una relación distinta con el tiempo y con las cosas. Todo eso ha creado un suelo fértil para que las autoras japonesas encuentren lectores más allá de sus fronteras tradicionales.

Pero hay una capa más profunda, y tiene que ver con el diagnóstico que esa literatura hace del mundo contemporáneo. La alienación, la precariedad emocional, los vínculos frágiles, la presión de encajar en estructuras sociales que no están hechas para casi nadie son temas que atraviesan la mejor narrativa japonesa y son también los temas que definen la experiencia de vivir en la actualidad en cualquier ciudad del mundo.

La dependienta (2016), una novela corta de Sayaka Murata, es quizá el ejemplo más nítido de esta coincidencia. Su protagonista, Keiko, lleva dieciocho años trabajando en un supermercado 24 h y ha encontrado en esa rutina la única forma de encajar en un mundo que le resulta profundamente incomprensible. Lo que Murata retrata, con una frialdad pasmosa, es la normalidad como imposición, la presión permanente de ser de cierta manera, de querer ciertas cosas, de seguir ciertos itinerarios de vida. Es una novela que provoca cierta incomodidad al leerla, pero por lo habitual de lo que relata. 

‘La dependienta’ de Sayaka Murata
Duomo Nefelibata

Una sensibilidad que no es nueva

Lo significativo es que esa mirada sobre la alienación y la dificultad de pertenecer lleva décadas, en algunos casos incluso más de un siglo, instalada en la literatura japonesa. Lo que hoy parece una tendencia editorial es, en realidad, la continuación de una genealogía muy coherente.

Indigno de ser humano (1948), de Osamu Dazai, sigue siendo uno de los libros más vendidos en Japón décadas después de su publicación. Su protagonista, Yōzō, es un hombre incapaz de conectar con los demás, que siente la condición humana como una exigencia inalcanzable. El libro se publicó en 1948, pero podría haberse escrito esta misma mañana.

Confesiones de una máscara (1949) de Yukio Mishima es un ejemplo de la exploración de la identidad y el deseo de la literatura japonesa del siglo XX. La construcción del yo como actuación permanente, el deseo como secreto que deforma la percepción de todo lo demás. Mishima escribió un libro moderno sobre lo que cuesta ser quien se es en una sociedad que no lo permite.

‘Confesiones de una máscara’ de Yukio Mishima
Alianza Editorial

Antes, Natsume Sōseki había hecho algo parecido desde un registro completamente distinto. Soy un gato (1905-1906) es una sátira de la modernización japonesa de la era Meiji narrada desde la perspectiva irónica y despiadada de un felino que no tiene nombre. Lo que acerca al libro a la actualidad es su capacidad para observar la sociedad con una distancia que la vuelve ridícula: los rituales de la clase media, las pretensiones intelectuales y la comedia del estatus. La mirada del gato es la mirada del que no pertenece, del que se siente ajeno a lo que está ocurriendo y en eso, los japoneses son expertos.

En La mujer de la arena (1962) de Kōbō Abe, un entomólogo cae en un hoyo de arena del que no puede escapar y debe convivir con una mujer que lleva toda la vida atrapada allí. La fábula existencial de Abe, tan cercana a Kafka pero con ese toque distintivo de los japoneses, plantea preguntas sobre la identidad y el encierro que la filosofía contemporánea sigue sin resolver.

Y luego está Yasunari Kawabata, Premio Nobel en 1968, cuya País de nieve condensa en apenas cien páginas todo lo que la narrativa japonesa ha sabido hacer con el tiempo y con el paisaje. La historia de amor entre Shimamura y la geisha Komako transcurre en una estación termal nevada, pero lo que Kawabata narra es sobre todo la ausencia y la falta de afecto. Una obra en la que el silencio pesa tanto como los personajes.

‘País de nieve’ de Yasunari Kawabata
Austral

Claves para leer literatura japonesa: lo que no se dice

Hay un concepto japonés, ma, que designa el espacio vacío entre dos elementos: la pausa y la distancia que da sentido a lo que la rodea. La literatura japonesa contemporánea está construida, en buena medida, sobre esa lógica. Lo que no se dice importa tanto como lo que se dice; lo que no ocurre define lo que ocurre.

El cielo es azul, la tierra blanca (1994), de Hiromi Kawakami, es uno de los ejemplos más bonitos de esta poética. La historia de afecto improbable entre una mujer y su antiguo profesor de instituto transcurre en conversaciones sobre comida, en salidas a bares de sake y en silencios compartidos. Kawakami hace algo que es clave en la literatura, no explica el vínculo; lo muestra acumulándose, despacio, como sedimento. Leerla requiere aprender a leer de otra manera, dejándose llevar por la acumulación de lo pequeño en lugar de esperar el giro dramático.

Kitchen (1988), de Banana Yoshimoto, ofrece una entrada más accesible a esa sensibilidad. La novela de duelo y familia elegida que catapultó a Yoshimoto a la fama internacional tiene varias capas. Parece una obra sencilla, pero presenta una arquitectura emocional muy precisa sobre cómo se recompone una vida después de la pérdida. Lo que la distingue de la novela de duelo occidental es su relación con el cuerpo y con los objetos cotidianos, la cocina como espacio de consuelo y la comida como lenguaje afectivo.

‘Kitchen’ de Banana Yoshimoto
Tusquets

Antes de que se enfríe el café (2015), de Toshikazu Kawaguchi, es un best-seller internacional. Sus relatos breves sobre un café de Tokio donde es posible viajar al pasado combinan lo fantástico con una mezcla de arrepentimientos, despedidas y palabras que nunca se dijeron. Una obra que plantea una pregunta internacional, como el éxito de la misma, ¿qué habrías hecho diferente si hubieras podido?

Hay un tema que atraviesa tanto los clásicos modernos como las novelas más recientes: la presión de estructuras productivas y sociales que resultan asfixiantes. El gato que venía del cielo (2001), de Takashi Hiraide, lleva ese tema a su expresión más contenida. La historia de una pareja de traductores que acoge accidentalmente a un gato callejero cuenta cómo sus vidas se van vaciando despacio y cómo un acontecimiento casi imperceptible, la llegada y la partida de un animal, puede transformar la percepción de lo que importa. El minimalismo de Hiraide elimina todo lo que no sea esencial y confía en que el lector complete lo que falta. Una vez más, haciendo uso de los silencios y las pausas como característica de la literatura nipona. 

Leer Japón para aprender a mirar diferente

Si hay algo que comparten estos libros es la relación con el tiempo, una disposición a quedarse en el momento sin necesidad de que ese momento lleve a ningún clímax, de que la historia resuelva lo que la vida no resuelve.

Leer literatura japonesa contemporánea y sus clásicos modernos es, en ese sentido, un ejercicio de reajuste de la percepción. Es entender cómo son los japoneses a través de su narrativa y del uso de las palabras para contar historias que conectan de manera literal a oriente y occidente.

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