Guerra en Irán

La cúpula iraní bajo fuego: la guerra descabeza el poder en Teherán

Desde el inicio de la ofensiva de Estados Unidos e Israel, numerosos altos cargos políticos, militares y de inteligencia iraníes han sido eliminados

Una mujer iraní sostiene una fotografía del difunto líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei
EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

La confirmación este lunes de la muerte de Mayid Jadamí, jefe de Inteligencia de la Guardia Revolucionaria iraní, es un nuevo golpe al núcleo dirigente de la República Islámica. Su fallecimiento, reconocido por las propias autoridades iraníes tras el anuncio previo de Israel, es el más reciente de una cadena de ataques selectivos que han ido eliminando, uno a uno, a algunos de los principales responsables políticos, militares y de seguridad del país.
Jadamí, general de división y responsable de inteligencia desde junio de 2025, había asumido el cargo tras la muerte de su antecesor en un conflicto anterior con Israel. Su figura estaba vinculada a operaciones estratégicas clave, desde la gestión de información militar hasta la represión interna.

Pero la lista de víctimas ilustres comenzó mucho antes. El 28 de febrero, primer día de la ofensiva conjunta lanzada por Estados Unidos e Israel, supuso un golpe devastador para el liderazgo iraní. Ese mismo día murieron el líder supremo, Alí Jameneí —máxima autoridad política y religiosa del país durante décadas—, así como varias figuras esenciales de su entorno más cercano, entre ellas su asesor principal, Alí Shamjani.

Imagen distribuida por las Fuerzas de Defensa de Israel del jefe de Inteligencia iraní, Mayid Jadamí.
EFE

La lista es larga

También cayó Mohammad Pakpur, comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, uno de los pilares del sistema de poder iraní. Junto a él murió Abdorrahim Musaví, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, encargado de coordinar todas las ramas militares. Desde el principio estaba claro que no solo se golpeaban objetivos estratégicos, sino que apuntaban al corazón del aparato de mando.

A esto se sumó la muerte de Aziz Nasirzadeh, ministro de Defensa, responsable del desarrollo militar y, en particular, de los programas de misiles.

Con el paso de los días, los ataques continuaron afectando a otras figuras clave. El 17 de marzo fue asesinado Alí Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, considerado uno de los políticos más influyentes del país y responsable de coordinar la estrategia de defensa. Ese mismo día murió también Gholamreza Soleimani, comandante de la milicia Basij, una organización fundamental en el control social y la represión de protestas.

El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán Alí Lariyani
El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán Alí Lariyani
EP

La ofensiva no se detuvo ahí. En fechas posteriores se confirmaron las muertes de Ismail Jatib, ministro de Inteligencia, pieza central en el aparato de seguridad interna, y de otros responsables vinculados a la inteligencia y la coordinación militar, como Abdollah Jalali Nasab y Amir Shariat. También falleció Ali Mohamad Naini, portavoz de la Guardia Revolucionaria, encargado de la comunicación estratégica del régimen.

Además de Mayid Jadamí, este lunes Israel también anuncio en paralelo la muerte de Ajer Bakri, comandante de la Unidad 840 de la Fuerza Quds —encargada de operaciones exteriores—.

Esmail Khatib, ministro de Inteligencia de Irán.
EP

“Mártires”

Desde el inicio de la guerra, el objetivo ha sido debilitar de forma sistemática los distintos niveles de liderazgo iraní, desde la cúspide religiosa hasta los mandos operativos, pasando por los responsables políticos y de inteligencia. En menos de un mes, la República Islámica ha perdido a buena parte de su élite dirigente, siendo uno de los golpes más severos en su historia reciente.

Mientras tanto, el balance humano del conflicto sigue aumentando. Las autoridades iraníes dejaron de ofrecer cifras actualizadas tras los primeros días, cuando hablaban de más de un millar de muertos. Sin embargo, organizaciones independientes elevan considerablemente ese número, incluyendo tanto combatientes como civiles. En paralelo, los enfrentamientos en Líbano y los ataques cruzados con Israel han ampliado el alcance regional de la guerra.

A pesar de las pérdidas, Teherán mantiene su narrativa oficial, calificando a los fallecidos como “mártires” y prometiendo represalias. Sin embargo, la sucesión de bajas en puestos clave plantea interrogantes sobre la capacidad real del sistema para recomponerse a corto plazo. La sustitución de figuras con décadas de experiencia y redes de poder consolidadas no es inmediata.

La muerte de Jadamí es la confirmación de que la estrategia de descabezamiento continúa activa y que, por ahora, el conflicto sigue cobrando víctimas en los niveles más altos del poder iraní.

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