El precio del petróleo vuelve a colocarse en el centro de la tormenta geopolítica. La nueva escalada entre Estados Unidos e Irán, unida al cierre de facto del estrecho de Ormuz y al ultimátum lanzado por Donald Trump, ha devuelto al mercado energético a una zona de máxima tensión. Este lunes, el barril de Brent, referencia en Europa, se mueve de nuevo en el entorno de los 110 dólares, mientras el mercado intenta medir hasta dónde puede llegar una crisis que ya ha alterado el comercio mundial de crudo y gas.
La clave del repunte está en el mismo lugar desde hace días: Ormuz. Ese estrecho concentra una parte decisiva del tráfico energético global y cualquier interrupción tiene un efecto casi inmediato sobre el precio del petróleo. La amenaza ahora no es abstracta. Trump ha dado a Irán de plazo hasta el martes por la noche para reabrir la vía marítima y ha endurecido su mensaje hasta niveles inéditos. En una entrevista con The Wall Street Journal, el presidente estadounidense llegó a advertir: “Si no hacen algo antes del martes por la noche, no tendrán ninguna central eléctrica y no les quedará ningún puente en pie”.
El precio del petróleo se dispara con Ormuz en el centro del conflicto
El mercado no está reaccionando solo a una retórica agresiva, sino a un riesgo real de suministro. La crisis ha llevado el crudo a su nivel más alto en varios años y el bloqueo de Ormuz afecta a una de las arterias fundamentales del sistema energético mundial. Ese es el motivo por el que el precio del petróleo ha dejado atrás con tanta rapidez los niveles previos al recrudecimiento del conflicto y se ha instalado en cotas que vuelven a inquietar a gobiernos, empresas y consumidores.

La dimensión del problema es enorme. Ormuz canaliza una porción crítica del comercio internacional de hidrocarburos. La disrupción actual ya está siendo descrita por analistas como uno de los peores shocks de suministro registrados hasta la fecha. En ese contexto, el mercado no está descontando solo lo que ya ha pasado, sino también el riesgo de que la situación empeore si el ultimátum de Trump se cumple sin acuerdo previo.
Trump endurece el tono y multiplica la presión sobre Irán
La novedad más inquietante de las últimas horas no es solo el movimiento del crudo, sino el tono del propio Trump. El domingo, el presidente amenazó con desatar el “infierno” sobre infraestructuras iraníes si Teherán no reabre el estrecho dentro del plazo fijado. Esa mezcla de ultimátum político y amenaza militar ha añadido una prima de riesgo inmediata al precio del petróleo, porque el mercado entiende que ya no se trata únicamente de una guerra regional, sino de un pulso directo sobre uno de los principales nudos energéticos del planeta.
Aun así, la situación sigue siendo ambigua. Trump ha dejado entrever que todavía podría existir una salida negociada. Esa posibilidad explica que la volatilidad sea extrema: cada declaración puede empujar el crudo hacia arriba o aliviarlo temporalmente. Pero, a esta hora, la sensación dominante sigue siendo de fragilidad. El precio del petróleo sube porque el mercado compra miedo, no certidumbre.
Irán resiste y el tráfico marítimo sigue muy lejos de la normalidad
Desde el lado iraní, la respuesta ha sido de firmeza. Fuentes recogidas por The Wall Street Journal a partir de medios iraníes apuntan que en las últimas 24 horas solo 15 buques han cruzado el estrecho con autorización. Una cifra muy alejada de la normalidad previa al conflicto. Reuters, además, informa de exenciones puntuales como la concedida a Irak. Esto sugiere que no hay una reapertura plena, sino un sistema restringido, selectivo y todavía altamente inestable.

Ese detalle es fundamental para entender el actual precio del petróleo. Aunque parte del tráfico pueda moverse con permisos concretos, el mercado sigue viendo Ormuz como una ruta insegura. Y eso basta para tensionar las cotizaciones. No hace falta un cierre total y absoluto para que el miedo empuje el barril al alza: basta con que armadores, traders y gobiernos perciban que la vía ha dejado de ser fiable.
La OPEP+ intenta reaccionar, pero el mercado duda
En paralelo, la OPEP+ ha tratado de enviar una señal de estabilidad. Reuters informó de un acuerdo para aumentar la producción en 206.000 barriles diarios en mayo de 2026. El problema es que esa subida tiene un carácter casi teórico mientras Ormuz siga bajo presión. El mercado puede tener más oferta sobre el papel, pero eso no garantiza que el crudo llegue con normalidad a destino. Por eso la medida no ha sido suficiente para contener el precio del petróleo.
En realidad, la gran duda no es cuántos barriles puede producir el cartel, sino cuántos podrán circular sin sobresaltos. Esa es la razón por la que el mercado energético sigue instalado en una lógica de crisis. Y esa es también la explicación de por qué el precio del petróleo ha recuperado el umbral psicológico de los 110 dólares: no se está negociando solo el presente del crudo, sino el miedo a una interrupción todavía mayor en los próximos días.
