Afirman que un diplomático, y más un jefe de misión, no puede, no debe, ejercer su cargo encerrado en un despacho. Reclaman una política de comunicación “sana” para poder tener una adecuada relación con la prensa y cumplir con su función: representar a España en el exterior. “Un diplomático y un periodista están encaminados a llevarse bien porque tienen la misma función: informar”.
Este medio ha contactado con ex embajadores y diplomáticos de menor rango que prefieren permanecer en el anonimato y que denuncian una imposición del silencio que, aseguran, se ha agravado con el tiempo. “No tiene que ver con el color político, sino con el ministerio”, aseguran.
Coordinación con la OID
La relación con la prensa está coordinada con la oficina de coordinación diplomática y la OID -Oficina de Información Diplomática-. Es el órgano dentro del Ministerio de Asuntos Exteriores encargado de autorizar entrevistas. La coyuntura actual se produce por una excesiva restricción a la hora de dar luz verde. “La carrera diplomática es escalafonada, como la carrera militar. Y todas las entrevistas deben ser autorizadas”, explica un diplomático, Jefe Adjunto de Misión en el exterior. Lo que, asegura, tiene sentido en cuanto a que debe haber un control. Lo que sí afirma es que el nivel de supervisión actual “no se había visto previamente”.

Transmitir la imagen del país más allá de lo coyuntural
“Los diplomáticos y, particularmente los embajadores, son enviados por el jefe del Estado. Es decir, no por el Gobierno”, puntualiza un ex embajador que estuvo al frente de una legación europea hasta el pasado año. “Un diplomático tiene que defender la política exterior que marca cada Gobierno, pero lo envía el Jefe del Estado”. Y sustenta la importancia de la puntualización en cuanto a que “La misión es transmitir la imagen del país, algo que va mucho más allá de lo coyuntural“.
Múltiples filtros
Un diplomático que trabaja en una consulado europeo cuenta los filtros que deben pasar antes para poder hacer siquiera una entrevista para unos alumnos de un colegio. “El tema era mejores destinos para diplomáticos. Edulcorado y agradable”, afirma. “Tuve que mandar las preguntas de antemano, después las respuestas y para terminar todo el texto”.
Otro representante, también destinado actualmente en la UE, afirma directamente: “Cuando quedo con periodistas no paso ni la factura del café. Estamos en un nivel que no se ha visto nunca. Siempre ha habido control, pero estamos cruzando el límite”.
Pedir permiso para hacer entrevistas sobre temas menores
Según afirman, los mismos embajadores tienen que pedir permiso para hacer una entrevista, aunque trate sobre un tema menor. “Cualquier embajador en una embajada normal, no te hablo de Washington o Rabat, tiene que pedir permiso para cualquier tema, aunque no sea comprometido de ninguna forma”, explican. “Como podría ser la semana del aceite en Estocolmo”.

Ceses de embajadores por publicaciones o desencuentros
Desde que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, fuera nombrado embajador en 2023, nueve embajadores han dejado el cargo. Los puestos de embajador, como otros puestos también, son de libre designación.
Sin embargo, las fuentes consultadas matizan que esa discrecionalidad debería operar sobre “la base de unos méritos profesionales y del criterio de que alguien puede ocupar un puesto mejor cualificado que otros”. El problema, advierten, surge “cuando se pasa de determinados límites y la decisión se apoya en criterios no profesionales”.
Los ceses se han interpretado como un aviso, aunque también perciben que los se han detenido. Y no niegan que también sucediera con ministros anteriores, aunque puntualizan que no de una forma tan seguida. “Hubo un momento en que se produjo un freno en los nombramientos arbitrarios. Es decir, que la llamada de atención sirvió para algo”, afirma, refiriéndose a las publicaciones de la prensa.
Cuando un embajador es cesado, explica, regresa al ministerio con “la mochila”: “un nivel 30, que es el más alto en la administración”, hasta que se le asigna un nuevo destino en los servicios centrales. Aunque la libre designación es una prerrogativa legítima del Gobierno, advierten de que su aplicación “debería basarse en méritos y trayectoria, no en afinidades o represalias”, si se quiere preservar la reputación institucional de la diplomacia española.

“Mordaza a los diplomáticos”
Según describen estas fuentes, la “obsesión por el control del micro” está afectando a la esencia del servicio diplomático español. “Uno no puede representar a su país si está atenazado por el miedo”, resume un veterano embajador. “La imagen de España es la de un país con una larga historia, con luces y sombras, pero en general brillante. Esa imagen debemos preservarla. Por eso hay que mirar a largo plazo, no actuar con una visión puramente coyuntural“, insiste.
Contraste con los años anteriores
“En años anteriores, el contacto con la sociedad y con la prensa era parte del trabajo. Hoy, en cambio, hay un intervencionismo y un control que nos están restando confianza y autonomía”, explican las mismas fuentes. Y recuerdan los tiempos en los que el ministerio impulsaba, incluso, planes de comunicación abiertos: “Hace años elaboramos estrategias de comunicación para nuestras embajadas y oficinas consulares, e incluso se lanzaron sus redes sociales con criterios de apertura y responsabilidad. Hoy eso se ha revertido”.
La antigua relación con la prensa
Destacan como, antiguamente, la Escuela Diplomática organizaba cursos con la Asociación de la Prensa de Madrid, en los que profesionales de medios asistían a conferencias para familiarizarse con los asuntos internacionales y la labor del servicio exterior. “Esos seminarios eran de enorme utilidad porque ayudaban a que la prensa conociera la diplomacia desde dentro”.
El ejemplo de otros modelos
Las reglas de la comunicación en diplomacia que rigen en Reino Unido es la comparativa a la que acuden. En el país anglosajón, los diplomáticos funcionan bajo la dirección del Foreign Commonwealth and Development Office. Hace tiempo que usan las redes sociales como “diplomacia pública” para conectar con los ciudadanos y rebatir noticias que consideran erróneas o bulos. Para ello, deben seguir el Diplomatic Service Code, de manera que no pueden divulgar información confidencial y mantener la imparcialidad.
