Solo tres de cada diez embajadores designados por los países de la Unión Europea eran mujeres, según un informe de la Fundación Civio elaborado junto a la European Data Journalism Network. Estos datos de 2024 evidencian que, aunque ha habido avances, la igualdad sigue lejos de alcanzarse en el nivel más alto de la carrera diplomática.
La distribución no es uniforme dentro del bloque comunitario. Finlandia es la excepción, siendo el único país de la UE donde las mujeres superan a los hombres en las embajadas, con 39 embajadoras frente a 34 embajadores.
Irlanda se acerca a la paridad con el 49%, mientras que en el extremo opuesto se sitúan Italia y la República Checa, donde la representación femenina apenas alcanza el 15% y el 13%, respectivamente.

Incorporación tardía de las mujeres
El informe asegura que la escasa presencia femenina en las embajadas no es un fenómeno reciente ni casual. “La diplomacia ha sido tradicionalmente –y de manera formal– un ámbito reservado exclusivamente para los hombres”, explican las profesoras de Ciencias Políticas Karin Aggestam y Ann Towns. En Italia, por ejemplo, las mujeres no pudieron acceder a la carrera diplomática hasta los años sesenta. En España, durante el franquismo, entre 1941 y 1962, uno de los requisitos para ingresar en la Escuela Diplomática era explícito: “Ser varón”.
Aun así, incluso en contextos restrictivos surgieron figuras pioneras. Antes de la dictadura franquista, Margarita Salaverría había aprobado las oposiciones a la carrera diplomática y, durante la Segunda República, Isabel de Oyarzábal fue nombrada embajadora de España en Suecia entre 1936 y 1939, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en ocupar ese cargo en Europa. Otros países tardaron décadas en dar pasos similares. Grecia no nombró a su primera embajadora hasta 1986 y Portugal no lo hizo hasta 1998, cuando Maria do Carmo Allegro de Magalhães fue destinada a Namibia, aunque ya en 1975 Maria de Lourdes Pintasilgo había sido embajadora ante la UNESCO.
El acceso tardío a la carrera diplomática es una de las claves para entender la desigualdad actual. Deborah Rouach, codirectora del Instituto de Género en Geopolítica, lo resume así: “Para explicar la baja proporción de mujeres en puestos de alto nivel o en puestos de embajadoras es necesario tener en cuenta el hecho de que las mujeres se integraron tarde en la carrera diplomática, alrededor de la década de 1970”.

Mejora progresiva
Los datos históricos confirman una mejora progresiva, aunque lenta. Según el proyecto GenDip de la Universidad de Gotemburgo, en 1968 la presencia de mujeres en embajadas no alcanzaba ni el 1%. A comienzos de los años 2000, tanto la media mundial como la europea se situaban por debajo del 9%. En 2024, la media global llegó al 23%, mientras que los países de la UE alcanzaron el 30%, una diferencia de siete puntos que muestra cierto liderazgo europeo, pero también un estancamiento relativo.
Las barreras actuales ya no son legales, sino estructurales y sociales. Ann Towns señala que el propio modelo tradicional de la diplomacia sigue condicionando las trayectorias profesionales: “Toda la estructura diplomática –o la propia idea de ser embajador– se ha basado históricamente en la figura de un embajador hombre con su esposa e hijos”. Ese esquema, añade, no se reproduce de la misma manera cuando quien ocupa el cargo es una mujer, ya que “los maridos no suelen estar dispuestos a asumir únicamente el rol de esposo”.

Estas dinámicas influyen desde las etapas intermedias de la carrera. Un estudio de los politólogos Romain Lecler y Yann Goltrant citado en el informe concluyó que las mujeres diplomáticas tenían cinco veces más probabilidades de solicitar permisos o rechazar destinos internacionales, además de optar con mayor frecuencia por países cercanos. Como resultado, tenían el doble de probabilidades de no alcanzar los puestos de mayor rango. En España, una encuesta del Tribunal de Cuentas en 2021 reveló que el 68% de las mujeres de la carrera diplomática considera que su sexo les perjudica para acceder a una embajada, mientras que muchos hombres opinan que ser mujer favorece ese acceso.
Infrarrepresentadas
La desigualdad también se manifiesta en los destinos de mayor peso político y económico. “Si miras los puestos de mayor peso (…) en esos destinos las mujeres están infrarrepresentadas. Hay una sobrerrepresentación de hombres”, explica Towns. En 2024, Italia solo contaba con cuatro embajadoras en países del G20, y Polonia y Bélgica no tenían ninguna mujer en esos destinos clave.
Pese a este panorama, hay señales de cambio en la base del sistema. En España, en 2021 se alcanzó un hito histórico cuando, por primera vez, una promoción de la carrera diplomática contó con más mujeres que hombres, una tendencia que se repitió en 2022. Francia y Suecia también han registrado aumentos significativos en la presencia femenina dentro de sus cuerpos diplomáticos. El desafío ahora es evitar que ese progreso se pierda antes de llegar a la cima y lograr que la diplomacia europea deje de ser, como advierte Towns, una carrera donde las mujeres se quedan por el camino antes de alcanzar el máximo nivel.
