La última petición a la UCO: “Investiguen la muerte de mi hermana Déborah”

El éxito policial en Hornachos reaviva un clamor familiar: piden la misma atención en otras desapariciones forzosas y crímenes sin resolver

“Hay abandonos que no hacen ruido, pero lo destruyen todo”. Estas palabras concentran el dolor de 24 años exigiendo una respuesta: quién y por qué asesinó a Déborah Fernández, el 30 de abril de 2002. Tenía 21 años. Su cuerpo desnudo lo halló una mujer diez después en la cuneta de la carretera que une Bayona con A Guarda, a unos 40 kilómetros de su casa, en Vigo. Una distancia que condicionó, como en tantos otros casos, el reparto de competencias policiales en un caso de por sí marcado por actuaciones polémicas, desde una autopsia inconclusa que no logró establecer si se trataba de una muerte súbita o por asfixia, hasta archivos judiciales de la causa, para espanto de una familia que una y otra vez ideó las maneras de reabrirla.

Su hermana Rosa nunca ha tirado del todo la toalla. Pese a los parones que, reconoce, ha necesitado cíclicamente para coger aire, para cuidarse. “Caí en un pozo, me pudo el agotamiento…”, relató a Artículo14 hace dos años, justo tras una de esas veces en las que recuperaba fuerzas para encajar otro archivo de la causa. En dos décadas, la investigación ha sumado siete jueces, tres fiscales y seis equipos de investigadores de la Policía Nacional. Rosa ha llegado a hablar de una mano negra: “Durante años no hubo una investigación, no hubo dirección, no hubo voluntad. Mientras el tiempo borraba pruebas, nadie actuaba”, denuncia ahora.

Rosa Fernández muestra una fotografía de su hermana Déborah, asesinada

“Queremos a la UCO”

La resolución del crimen de Hornachos, Badajoz, ha reavivado una antigua petición de la familia de Déborah: “Queremos que la UCO se haga cargo del caso. No pedimos un favor, pedimos responsabilidad”, claman ahora como ya lo hicieran en 2017, cuando la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil detuvo al Chicle, resolviendo la atroz violación y muerte de Diana Quer. Ante la posibilidad de reactivar su caso, a familia de la joven viguesa buscó coincidencias con el de la joven madrileña asesinada en A Pobra do Caramiñal, A Coruña, planteando una posibilidad: ¿y si compartían asesino a la vista de que al eterno sospechoso, su exnovio, nunca lo sentaron en el banquillo?

“Evidentemente, la resolución del caso de Francisca Cadenas ha tenido un inevitable efecto llamada y ha provocado sentimientos contradictorios: de alegría compartida con la familia de Francis y, a la vez, de cierto agravio comparativo”. Es el diagnóstico de una de las voces más experimentadas en estas lides, de entender, acompañar y asesorar en su espera a familiares de desaparecidos. Paco Lobatón sirvió de bastón a los Meneses Cadenas durante casi nueve años, como lo ha hecho y seguirá haciendo con decenas de familias a través de su Fundación QSDGlobal.

Agentes de la UCO en el callejón que cruzó Francisca la noche de su desaparición, en 2017

Francisca, Diana, Manuela…

“Nadie nos ha llamado para confirmar que lo ha cogido la UCO… Ojalá sea porque están siendo discretos y quieren que todo sea confidencial”, explicaba con cautela a este medio uno de los hijos de Francisca, en 2024. Para ellos, la entrada de la UCO fue un punto de inflexión: Habían pedido la intervención de estos acreditados investigadores tiempo atrás, a la vista de sucesivos éxitos policiales: Diana Quer, Gabriel Cruz, el cuádruple crimen de Pioz… Los Meneses lo pidieron por el cauce oficial y usando los medios como altavoz. Y, como hiciera la familia de Déborah Fernández, ellos también buscaron coincidencias con otro caso: el de Manuela Chavero, desaparecida en 2016, en Monesterio. Ambas mujeres eran de Badajoz, y a ambas se les perdió la pista de noche, en la puerta de casa. Aunque no compartieron mano criminal, resultó estar por igual entre sus vecinos más cercanos.

“A veces el caso se atasca, llega a ese llamado punto muerto: no tenemos por dónde tirar porque hemos revisado todas las líneas hasta llegar incluso a una conclusión que, sin pruebas, tampoco podemos trasladar a la ligera: que se trate de una muerte accidental”, apuntan fuentes policiales. Sienten que a veces se les reclame una atención que no pueden prometer por falta de recursos o porque, consideran, no hay recorrido criminal pese al convencimiento de la familia. Cada caso tiene su porqué, como repasa el propio Lobatón: “El de Paquito Pérez Bédmar -87 años, en 2025-, por su posible relación con el asesino serial Dinamita Montilla; el de Malén Ortiz -15 años, en 2013-, por la fatiga investigadora que sufre el caso; el de Rosalía Cáceres -74 años, en 2020-, porque tiene una familia muy enérgica en su petición de búsqueda… Aunque, de todos, el que me parece más hiriente es el de Henry Alejandro Jiménez -20 años, en 2019-, por carencias inexplicables en un caso con testigos y hasta vídeos de la noche en que ocurrió todo”.

Paco Lobatón, durante una acto en recuerdo de Francisca Cadenas, en Hornachos

Como Gina, la madre de Henry, que ha golpeado todas las puertas posibles, sin éxito, la familia de Déborah asume que no están solos en su desesperación: “El sistema en el que creímos durante años nos dejó -como a tantos otros- en la estacada, sin respuesta y sin soluciones… Y ahora no buscamos culpables a la ligera. Buscamos respuestas”. Con ese fin han solicitado en el juzgado que la investigación pase a manos de la UCO, y están a la espera de respuesta. “Ojalá, esta vez, sirva para algo”.

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