Semana Santa

Mujeres cofrades: mayoría en el culto, pero minoría en el poder

En pleno siglo XXI, aunque hay alrededor de 1,6 millones, siguen casi invisible en cargos, capataces y otros espacios de decisión

Mujeres cofrades
Mujeres vestidas como personajes bíblicos caminan junto a penitentes con capuchas altas durante la procesión de Semana Santa
Julian Bohorquez / Shutterstock.com

En pleno siglo XXI, sorprende descubrir que todavía hay cofradías en España que se resisten a la inclusión plena de mujeres. En Sagunto (Valencia), la Cofradía de la Purísima Sangre mantiene en sus estatutos la palabra “varones”, excluyendo a mujeres de sus procesiones pese a la presión social y a varias votaciones. En Tenerife, la Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna se ha negado incluso a acatar una sentencia del Tribunal Constitucional que ordenaba admitir mujeres, llevando el caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Este choque entre tradición y derechos de género nos remite siglos atrás, a una historia sorprendentemente diferente a la imagen clásica de las cofradías españolas, dominadas por hombres en túnicas y capirotes.

Imagen de archivo de la Semana Santa Saguntina
Ajuntament de Sagunt

Viudas, solteras y casadas

El estudio “Cofradas, confradas y cofradesas: la presencia femenina en las hermandades y cofradías de Sevilla (siglos XV-XVII)”, de la investigadora cordobesa Laura Tinajero Márquez, rescata del olvido a estas mujeres. Durante los siglos XIV y XV, viudas, solteras e incluso mujeres casadas participaban activamente en hermandades y cofradías, tanto religiosas como profesionales. Asistían a cultos, contribuían económicamente y, en algunos casos, ocupaban cargos y oficios dentro de estas corporaciones.

Las cofradías no eran solo espacios de devoción, también funcionaban como redes de apoyo mutuo, garantizando entierros dignos, asistencia en momentos de necesidad y un sentido de identidad colectiva vinculado a la fe y al trabajo. Documentos oficiales y testamentos de la época registran términos como cofrada, confrada o cofradesa, evidencia de una presencia femenina plenamente reconocida.

Cofradía María del Dulce de León

Pero esta igualdad relativa comenzó a quebrarse en el siglo XVI. Reformas eclesiásticas tras el Concilio de Trento y restricciones laborales que impedían a las mujeres acceder a maestrías y oficios relegaron a las cofradas a un papel más invisible. Un ejemplo paradigmático ocurrió en Valencia en 1488, cuando las panaderas, hasta entonces mayoría en su gremio, fueron excluidas de los exámenes profesionales por orden del rey Fernando el Católico.

En Sevilla, las exigencias eran incluso más estrictas. Se requería demostrar “limpieza de sangre” y conducta intachable. Las mujeres quedaban excluidas de cabildos, banquetes y órganos de gobierno, limitando su visibilidad y participación.

Historias de resistencia

A pesar de estas restricciones, la historia conserva episodios que rompen el molde. En 1679, Luisa, esposa de un dirigente de la hermandad de Los Negritos, fue elegida hermana mayor, acompañada de una mayordoma. Más extraordinario aún fue el cabildo femenino de 1690 en Triana, donde 38 mujeres asumieron juntas la dirección de la Hermandad del Patrocinio, conocida como El Cachorro. Estas excepciones demostraban que la exclusión nunca fue absoluta.

Además, muchas cofradas ejercieron labores esenciales. Participaban en procesiones con cirios, realizaban tareas asistenciales y hospitalarias, y sostenían económicamente las hermandades mediante donaciones, como el caso de Marina de la Torre. Incluso administraban negocios y propiedades, manteniendo un papel activo en la economía local.

La exclusión no terminó con la Edad Moderna. Durante gran parte del siglo XX, las mujeres sevillanas no podían desfilar como nazarenas; algunas lo hacían disfrazadas bajo túnicas masculinas. No fue hasta 1987 cuando una mujer participó oficialmente en Sevilla, y hasta 2011 que todas las cofradías de la ciudad aceptaron su presencia en procesiones.

Semana Santa 2026 - Sociedad
El paso de palio de la Virgen Nuestra Señora de la Hiniesta de la Hermandad del mismo nombre entre la multitud tras salir la Iglesia de San Julián de Sevilla.
EFE/ Julio Muñoz

Tal y como registra la Iglesia Católica, en España hay actualmente 14.247 hermandades y cofradías. Unos tres millones de cofrades. La gran mayoría de estas procesiones están comandadas por hombres que cargan con las pesadas recreaciones escultóricas. Pero poco a poco son más el número de mujeres que rompen con este tradicional dominio masculino. Un estudio del profesor Daniel Marín, de la Universidad Pablo de Olavide, destaca un proceso de feminización de la base social de las hermandades en Andalucía.

Las mujeres representan el 54,1% de quienes pertenecen o han pertenecido a ellas. Si extrapolásemos ese porcentaje al total de cofrades en España, obtendríamos una cifra orientativa de alrededor de 1.600.000 mujeres cofrades. No obstante, el trabajo puntualiza que esta mayor presencia “no implica una igualdad plena en la participación ni en el acceso a los espacios de mayor visibilidad y responsabilidad dentro de las corporaciones”.

Pioneras y rezagadas

Algunas regiones han liderado avances. Es el caso de Sevilla, pionera en la normalización de la participación femenina, con muchas hermandades que incorporaron mujeres incluso antes del decreto de 2011 del arzobispo Juan José Asenjo. También en Gandía (Valencia), hay una participación plena de mujeres en cortejos y juntas.

En el lado opuesto se sitúan Sagunto, con la exclusión formal de mujeres de las procesiones, y La Laguna (Tenerife), con la oposición a sentencias judiciales que obligan a admitir mujeres. El 4 de noviembre de 2024, una sentencia del Tribunal Constitucional declaró discriminatorio el rechazo que lleva imponiendo desde el siglo XVII una organización religiosa de San Cristóbal de La Laguna y ordenó modificar sus estatutos. Más de 16 meses después, María Teresita Laborda, la mujer que lleva más de seis años batallando por participar en los actos que organiza, sigue sin poder incorporarse como “esclava” de esta cofradía, que se autodefine como una “organización de caballeros”.

Concentración de 2022 en Sagunto reclamando por tradición, por igualdad en la Semana Santa
D. GONZÁLEZ / ARABA PRESS

La Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna, conjuntamente con el Obispado de Tenerife, han llevado el caso a Estrasburgo. Desde el pasado noviembre, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) estudia el recurso y ha abierto la fase contenciosa.

Los trabajos de investigadores como Laura Tinajero y Daniel Marín permite reconstruir una historia olvidada, donde las mujeres fueron pilares de solidaridad, devoción y actividad económica. Hoy su legado empieza a ocupar el lugar que merece, el de quienes, incluso desde los márgenes, contribuyeron a dar continuidad a una de las tradiciones más emblemáticas de la cultura española.

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