Despega con éxito la misión Artemisa II con destino a la Luna

Los cuatro astronautas han despegado desde Cabo Cañaveral (Florida) con el objetivo de alcanzar la órbita lunar durante 10 días

Más de medio siglo después del último viaje tripulado a la Luna, la NASA vuelve a mirar al satélite terrestre con ambición renovada. La misión Artemis II marca un punto de inflexión en la historia de la humanidad por lo que simboliza en términos científicos, políticos y culturales.

Por primera vez, una tripulación diversa; con una mujer, una persona negra y un astronauta no estadounidense, se dirige hacia la órbita lunar. No habrá alunizaje, pero sí tendremos acceso humano a la cara oculta de la Luna, ese territorio invisible desde la Tierra que durante siglos alimentó la imaginación y la ciencia.

La misión forma parte de un programa más amplio cuyo horizonte es la construcción de una base lunar permanente que permita, a más largo plazo, el viaje a Marte. Artemis II es el comienzo de una aventura prometedora en la exploración espacial.

El cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial y la nave espacial Orion de la misión Artemis II durante su despegue este miércoles.
EFE/ Bill Ingalls / NASA

Un lanzamiento bajo tensión

El despegue desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, fue un espectáculo de precisión técnica y expectación global. Decenas de miles de personas se congregaron en los alrededores, evocando las multitudes de la era Apolo.

Sin embargo, los minutos previos estuvieron marcados por la incertidumbre. Un problema en el sistema de escape de lanzamiento, el mecanismo que permite evacuar a la tripulación en caso de emergencia, obligó a detener la cuenta atrás a diez minutos del despegue. Durante ese lapso, ingenieros y técnicos resolvieron la anomalía contrarreloj.

Después, el ritual casi litúrgico de confirmaciones técnicas: “Booster, go”; “GNC, go”; “Range, go”. Cada respuesta liberaba tensión acumulada durante años de preparación.

Finalmente, la autorización del director de lanzamiento dio luz verde. Desde la cápsula, el comandante Reid Wiseman respondió con una frase que sintetiza el espíritu de la misión: “Vamos por toda la humanidad”.

El cohete más potente jamás construido por la NASA

El encendido de los motores RS-25 y los propulsores sólidos generó una columna de fuego y un empuje de más de 8,8 millones de libras. El cohete, el más potente jamás construido por la NASA, ascendió hacia el cielo crepuscular, con una Luna casi llena como telón de fondo. “Tenemos una vista increíble”, comunicó Wiseman poco después del despegue. “Estamos viendo un magnífico amanecer lunar”.

El cohete Space Launch System (SLS) que transporta la cápsula Orion.
EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH

Un viaje más allá de los límites conocidos

A bordo viajan cuatro astronautas: además de Wiseman, el piloto Victor Glover, la ingeniera de vuelo Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen.

La nave Orión completa primero una órbita terrestre de aproximadamente 25 horas antes de iniciar su trayectoria hacia la Luna. Durante el viaje, alcanzará una distancia de más de 400.000 kilómetros de la Tierra, superando el récord establecido por el Apolo 13.

A unos 10.000 kilómetros por encima de la cara oculta lunar, la tripulación contemplará un paisaje que solo una docena de seres humanos ha observado directamente. El viaje durará alrededor de diez días y servirá como banco de pruebas para futuras misiones. Entre los hitos técnicos, destacan la apertura de los paneles solares, cuatro alas con miles de células fotovoltaicas, y maniobras complejas de propulsión y orientación que serán esenciales en futuras operaciones de acoplamiento en el espacio profundo.

El regreso de una ambición global

La última vez que los seres humanos pisaron la Luna fue en 1972, durante la misión Apolo 17. Desde entonces, la exploración tripulada se había limitado a la órbita terrestre.

Artemis II rompe esa barrera y recupera la capacidad de viajar al espacio profundo. Frente a la lógica de la carrera espacial de la Guerra Fría, el programa Artemis se presenta como una empresa internacional de colaboración. El objetivo inmediato es preparar el terreno para un alunizaje en el polo sur lunar previsto para el 2028. Esa región, rica en hielo de agua, podría ser clave para establecer una base lunar con presencia humana sostenida.

Jeremy Hansen, Christina Koch y Victor Glover. EFE

Christina Koch, la primera mujer en la órbita de la Luna

En la rueda de prensa previa al lanzamiento, Christina Koch evitó centrarse en sus logros individuales. Su discurso puso el acento en el trabajo colectivo. “Esto no trata del logro de una persona”, afirmó. “Lo que podemos celebrar es que hemos llegado hasta aquí como equipo”. Frente al heroísmo individual de los años sesenta, Artemis reivindica la inteligencia distribuida y la diversidad como herramientas para resolver problemas complejos.

La astronauta subrayó también la importancia de la comunidad técnica que sostiene la misión. “Nosotros necesitamos a los controladores de vuelo, a los ingenieros, a los equipos de lanzamiento. Nos apoyamos en sus hombros”, dijo. “No estaríamos aquí sin ellos”.

En un momento en el que la exploración espacial vuelve a estar en el centro del tablero geopolítico, el mensaje de Koch conmueve porque presenta el espacio como un proyecto colectivo de la humanidad y no como un escaparate de rivalidades nacionales.

Artemis II es una misión de validación tecnológica, donde se esperan recoger datos relevantes para volver a pisar suelo lunar. Es decir, es un ensayo general de la próxima era de exploración.

Objetivo: Marte en una década

El programa prevé una secuencia de misiones que culminará con la instalación de infraestructuras permanentes en la Luna y el desarrollo de sistemas de propulsión avanzada, incluida la propulsión nuclear para viajes de larga duración con el fin de visitar Marte en la próxima década.

En ese contexto, el vuelo actual adquiere un carácter fundacional. Cada maniobra, cada dato recogido, cada decisión tomada en tiempo real contribuye a diseñar el futuro de la presencia humana fuera de la Tierra.

El lanzamiento de Artemis II ha reactivado una emoción que parecía relegada a los archivos de la historia, pero, a diferencia del programa Apolo, el relato ya no se construye únicamente sobre la conquista, sino sobre la permanencia y la sostenibilidad.

La humanidad vuelve a la Luna con la responsabilidad de compartir una ambición que ya no se mide solo en kilómetros, sino en la capacidad de construir un futuro común más allá de nuestro planeta.

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