Hace escasos días, se ha cumplido el 75 aniversario de una unidad especializada del Ejército del Aire y del Espacio no tan conocida pero fundamental: la Policía Aérea.
Su trabajo en seguridad, protección y operatividad es fundamental para que todo pueda funcionar correctamente en el Ejército. Y, como en todos los ámbitos de las Fuerzas Armadas, la participación femenina tampoco pasa desapercibida en ella.
75 años de Policía Aérea, 75 años de una labor “discreta y constante”

Una de las unidades con mayor trayectoria en el Ejército del Aire y del Espacio está de enhorabuena.
La Policía Aérea, o Policía de Aviación, ha cumplido 75 años recientemente. Concretamente, el pasado 27 de febrero.
Fue en esa misma fecha, pero en el año 1951, cuando una Orden publicada en el Boletín Oficial del Ministerio del Aire establecía a esta unidad. Formó parte, entonces, del Arma de Aviación.
Su cometido original, el de la protección, la seguridad y la operatividad de las unidades, instalaciones y personal del Ejército del Aire y del Espacio, apenas ha variado. Su identificación es llamativa, un óvalo gris con las letras “P.A.” bordadas en seda blanca. Y siguen dando la cara siempre que se les necesita.
En el Ejército, describen la labor del cuerpo como “discreta y constante”. No son ampliamente conocidos por la sociedad, pero sus cometidos son imprescindibles en el día a día de las labores en las bases, centros y demás recintos militares relacionados con el Aire.
Entre estas funciones, se incluyen la vigilancia de las instalaciones del Ejército del Aire y del Espacio, el control de la circulación de vehículos, las detenciones autorizadas, la custodia de detenidos o prisioneros de guerra, la investigación de hechos a requerimiento del mando y la prevención de actividades perjudiciales para el Ejército y sus fines.
Las mujeres en este cuerpo de especialidad

El Ejército del Aire y del Espacio cuenta con 3.206 mujeres. Y algunas de ellas sirven también en la Policía Aérea.
Una de ellas es la soldado María Gil, quien ha pasado por los diferentes puestos que ofrece esta unidad especializada.
Hace poco, comentó en la Revista Española de Defensa que es una labor “que pasa desapercibida”, pero que es “fundamental para que todo funcione y para que el personal que trabaja en el cuartel general pueda realizar su labor con normalidad”.
Otra de ellas, presente en el Aeródromo Militar de Santiago, es la cabo Raquel Tarrío. Lleva ya unos cuantos años en el puesto, y lo que más le gusta es contribuir a la seguridad de la base y apoyar las labores de otras unidades, según contó a Faro de Vigo.
Como María y como Raquel, hay muchas otras mujeres que forman parte de la Policía Aérea con orgullo. Junto al resto de compañeros, su función y la de la propia “P.A.” evoluciona con el tiempo para afrontar los desafíos de seguridad contemporáneos. Su trabajo es sinónimo de garantía y apoyo crucial a las misiones encomendadas al Ejército del Aire y del Espacio.
