El precio del petróleo vuelve a colocarse en el centro de la preocupación económica internacional. El barril de Brent, referencia en Europa, cerró en torno a los 112,78 dólares y llegó a moverse alrededor de los 112,96 dólares, en un contexto de enorme volatilidad marcado por la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán y por el temor a una interrupción prolongada del suministro energético en Oriente Medio.
El Brent no se veía en estos niveles desde julio de 2022, y distintos análisis de mercado coinciden en que marzo se encamina a convertirse en uno de los meses más explosivos para el crudo en mucho tiempo.
La subida no responde solo al nerviosismo habitual de los mercados. El actual repunte del precio del petróleo está directamente ligado al riesgo geopolítico. El foco está puesto en el estrecho de Ormuz, uno de los pasos estratégicos del comercio energético mundial, por donde transita en torno a un 20% del petróleo transportado por mar. La posibilidad de que ese cuello de botella siga parcialmente bloqueado, sumada a las amenazas sobre infraestructuras clave de exportación iraníes, ha elevado el miedo a una crisis de suministro de mayor alcance.
Una escalada que empuja al crudo a máximos
La tensión acumulada durante marzo explica buena parte del salto del precio del petróleo. El Brent se encamina a cerrar el mes con una subida récord cercana al 56%, mientras el crudo estadounidense también acumula avances extraordinarios, en torno al 54%. El Brent ha firmado su mayor alza mensual en términos comparables desde que existen registros modernos de este tipo de movimientos, con el mercado descontando ya no un sobresalto puntual, sino una perturbación más duradera.

Durante las últimas sesiones, el mercado ha oscilado con violencia. El Brent llegó a tocar niveles próximos a 116,89 dólares el 29 de marzo, e incluso algunos seguimientos en directo lo situaron cerca de 117 dólares en medio de nuevas amenazas sobre instalaciones energéticas iraníes. Después cedió algo de terreno por las informaciones que apuntaban a posibles contactos o movimientos hacia una desescalada, pero se mantiene claramente por encima del umbral de los 110 dólares. Esa resistencia en cotas tan elevadas refleja que el mercado sigue dando mucho peso al riesgo de que el conflicto afecte de manera estructural al flujo global de crudo.
Ormuz, Kharg y el miedo al corte del suministro
La clave de fondo no está solo en el precio actual, sino en lo que el mercado teme que pueda ocurrir después. Reuters destaca que la continuidad del cierre parcial del estrecho de Ormuz mantiene viva la inquietud sobre el abastecimiento internacional, mientras otros medios económicos insisten en que una afectación más severa de las rutas del Golfo tendría consecuencias inmediatas en la energía, el transporte y la inflación global.

A ese riesgo se suma la presión sobre instalaciones concretas. En el mercado lleva días pesando la amenaza de ataques o daños sobre infraestructuras energéticas iraníes, incluida la isla de Kharg, uno de los grandes centros de exportación del país. Esa posibilidad agrava el temor a una pérdida relevante de oferta justo cuando el sistema energético internacional ya se mueve con un margen estrecho. Algunos analistas citados por MarketWatch advierten incluso de que las opciones del mercado empiezan a contemplar escenarios de petróleo a 150 dólares si la crisis se prolonga y se produce una interrupción más seria del flujo regional.
Qué puede pasar ahora con el precio del petróleo
El comportamiento del precio del petróleo dependerá ahora de dos fuerzas que tiran en sentidos opuestos. Por un lado, el mercado sigue viendo margen para nuevas subidas si persiste el cierre de Ormuz o si se dañan infraestructuras críticas. Por otro, han aparecido señales de posibles contactos o movimientos diplomáticos que, aunque todavía insuficientes para calmar del todo a los inversores, sí han evitado que el barril siga escalando al mismo ritmo. Reuters resume muy bien ese equilibrio inestable: el petróleo continúa extremadamente volátil porque conviven rumores de desescalada con riesgos reales de suministro aún sin resolver.

Lo importante es que el mercado ya no interpreta la subida como una reacción meramente emocional. El FMI ha advertido de que el conflicto en Oriente Medio puede traducirse en más inflación y menor crecimiento a escala global si persisten las disrupciones en energía, gas y fertilizantes. Eso significa que el precio del petróleo no es ya solo una noticia del mercado energético: puede convertirse en un problema directo para hogares, empresas, bancos centrales y gobiernos.
