Crisis energética

Los otros Ormuz: los cuellos de botella que amenazan la energía mundial

Rutas frágiles. Aparte del estrecho de Ormuz hay otros cuatro cuellos de botella a punto de colapsar la cadena de suministro energético mundial. "Es un punto débil para Europa", advierten las expertas

Ormuz
El mapa de los estrechos con más riesgo
KiloyCuarto

Imaginemos un almacén lleno de comida. Al otro lado, miles de personas reclaman alimentos porque tienen hambre. No hay problema de abastecimiento. De hecho, en el interior del almacén hay la suficiente comida como para abastecer a los miles de personas que, al otro lado, esperan su ración. El único problema es que para transportar esos alimentos fuera del almacén hay una única puerta. Es bastante peligrosa y tiende a bloquearse ante cualquier amenaza o pequeña inestabilidad. Si la puerta se cierra, nada importa toda la comida que hay al otro lado.

Esta es la metáfora con la que expertas en Transición Energética intentan hoy explicar la paradoja de la energía. A pesar de vivir el momento de la historia en el que más petróleo y gas se produce, el mundo atraviesa desde hace un mes la crisis energética más grave en décadas y, potencialmente, la más seria desde el shock petrolero de los años 70.

Adquirir estas energías depende, en gran medida, del precio acordado o de las relaciones diplomáticas entre el país productor y el importador, pero también de numerosas tensiones geográficas y políticas que muchas veces no dependen de ninguno y siguen tensando toda la cadena de suministro. Tal y como explican las expertas, para que ese petróleo o gas llegue a los países que lo compran, casi siempre tiene que pasar por los mismos embudos geográficos.

Un granelero con bandera de Tailandia atacado mientras transitaba por el estrecho de Ormuz
EFE

El bloqueado estrecho de Ormuz

El estrecho más conocido es el de Ormuz, bloqueado por los ayatolás desde que el 28 de febrero Estados Unidos e Israel atacaron el corazón de Teherán.

Desde entonces, Donald Trump amaga con enviar más tropas y amenaza con enviar una misión naval especial para reabrirlo. La Unión Europea, ajena al uso de la fuerza y tras muchos desencuentros, prefiere apostar por la diplomacia. Para las expertas, sin embargo, ni una ni otra sirven para poner fin a esta guerra energética. En cualquiera de los dos casos, explican, la solución depende de un tercero que puede abrir y cortar el grifo cuando considere.

Con tan sólo 55 kilómetros de ancho en su punto más estrecho, por Ormuz circula más del 25% del comercio marítimo mundial. Con su blindaje por parte de los ayatolás, el precio del gas en Europa ya se ha disparado un 76% y cada vez son más recurrentes los titulares anunciando el barril de brent por encima de los 100 dólares.

Cuenta atrás energética

Prácticamente todo el crudo que circula (circulaba) por Ormuz es con destino a Asia y Europa. Y desde que estalló el conflicto, el mundo ya ha entrado en una cuenta atrás energética.

La situación es especialmente complicada por la falta de alternativas reales. Tan sólo Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos, dos países también golpeados por la República Islámica, tienen capacidad real para poder evitarlo. Sus oleoductos son, sin embargo, insuficientes. Entre ambos tan sólo podrían transportar 2 millones de barriles al día frente a los más de 20 que transitaban por Ormuz antes de que estallara el conflicto.

Aunque el estrecho de Ormuz es el punto más crítico, no es la única arteria global en jaque tras la guerra de Irán. El de Malaca, especialmente importante para países como Japón o Corea del Sur, también es vulnerable a las tensiones militares.

Vista de la descarga de buques portacontenedores en el puerto de Felixstowe
EFE/EPA/NEIL HALL

El de Bab el-Mandeb o el de Suez se enfrentan a los ataques persistentes de los hutíes en Yemen (aliados de Irán); y el de Panamá también se encuentra en riesgo no por las guerras sino por el cambio climático. Si no es por un conflicto concreto, es por el clima o las presiones políticas. La abundancia es inútil en un sistema cuya estructura sigue siendo débil.

La Unión Europea, en riesgo elevado

Los países con más riesgo hoy por hoy son Pakistán y Bangladesh. No sólo por la gran dependencia que tienen del petróleo y gas externo, sino por su poca “capacidad de resiliencia”. Es decir, sus pocas defensas para poder absorber el golpe.

La Unión Europea, por ejemplo, también tiene una exposición muy alta. Aunque la UE tiene capacidad financiera para poder resistir los golpes de las crisis económica, la dependencia del bloque comunitario es notablemente alta. Al menos el 28% del petróleo que exportamos procede de Ormuz y del corredor de Suez.

Vista aérea del Canal de Panamá

La solución, insisten, no pasa por depender de otros aliados “más fiables”, sino de dejar depender directamente de terceros y apostar por energías “limpias y renovables”.  “La seguridad energética tiene que ver menos con multiplicar las rutas y más con reducir la exposición general al petróleo y el gas importados”, explica Maria Patushkova, una de las autoras del informe

Para Kelly McGlynn, el comienzo de la guerra en Ucrania demostró todo esto. “La dependencia de Europa de los combustibles fósiles es un punto débil estratégico”, explica, y apunta a la verdadera solución: no multiplicar rutas, sino depender menos de lo que circula por ellas. En este sentido, “redoblar los esfuerzos alejándonos del gas y avanzando hacia la independencia energética europea, es la vía más práctica hacia la estabilidad, la seguridad y la competitividad a largo plazo“, sentencia McGlynn.