En el ecosistema tecnológico contemporáneo, donde la innovación se mide tanto por la disrupción como por la capacidad de generar comunidad, la figura de Lindsay Kaplan se ha consolidado como una de las voces más singulares. Su trayectoria transita desde el marketing corporativo hasta el capital riesgo, nos ilustra su evolución como emprendedora. Ella es un claro ejemplo de las tensiones y oportunidades que enfrentan las mujeres en la economía digital, especialmente en un momento en que la inteligencia artificial define las reglas del juego.
Kaplan no es ajena a los cambios estructurales del sector. Como cofundadora de Chief, creó una plataforma que buscaba corregir la falta de espacios seguros y eficaces para que las mujeres en posiciones de liderazgo pudieran compartir experiencias, mentorizar y construir poder colectivo. La premisa era ambiciosa porque buscaba acompañar a las mujeres líderes.

“El impulso vino de un lugar muy personal”, ha explicado. “Nos dimos cuenta de que nos pedían ser mentoras, pero ¿quién estaba mentoreando a las mentoras?”. Esa pregunta pone de relieve una carencia estructural en el mundo corporativo, donde el ascenso femenino no siempre viene acompañado de redes de apoyo equivalentes.
Una red valorada en mil millones de dólares
Las mujeres han demostrado ser fundamentales en la rentabilidad y sostenibilidad de las empresas, pero siguen enfrentando barreras invisibles. Kaplan lo aborda desde la creación de la comunidad. “No hay muchas plataformas sociales que sean amigables para las mujeres, ni espacios donde se pueda tener un diálogo progresista sobre el liderazgo”.
Chief, valorada en más de mil millones de dólares, se creó como una red profesional de apoyo. “Nuestra misión fue cambiar la cara del liderazgo”, afirma Kaplan. El modelo incluye grupos reducidos de ejecutivas que se reúnen mensualmente con un coach, configurando lo que ella describe como “una junta directiva personal”
Tras su etapa como directora en Chief, Kaplan ha dado un giro estratégico hacia la inversión. Su incorporación como venture partner en un fondo centrado en consumo marca una nueva fase como inversora que busca proyectos con identidad propia.

“Puedes tener todo el dinero del mundo para invertir en algoritmos y publicidad”, ha señalado, “pero si no tienes al fundador adecuado, capaz de construir comunidad y generar la atención necesaria para crear un producto que la gente quiera, todo ese dinero es irrelevante”. En esa afirmación condensa una crítica al modelo dominante de crecimiento basado exclusivamente en inversión.
En un entorno saturado de propuestas, Kaplan insiste en la necesidad de diferenciarse. “Lo que le importa al consumidor es qué hay para él. ¿Qué obtiene a cambio? Los fundadores están tan acostumbrados a presentar sus proyectos a inversores que les cuesta cambiar el chip y pensar en el cliente”.
Esta reflexión adquiere especial relevancia en el auge de la inteligencia artificial. Para Kaplan, la IA no es una solución mágica, sino una herramienta que debe integrarse. “La IA puede ayudar a resolver problemas como la soledad, las citas, la salud o la identidad”, afirma, “pero soy muy consciente de que no toda la IA va a conectar con las personas en la vida real”.
Priorizar (o no) la IA
Su enfoque es contracultural. Frente a la tendencia de posicionar la inteligencia artificial como eje central del producto, Kaplan propone un uso más discreto. “Las mejores marcas emergentes están utilizando IA, pero no necesariamente están construyendo su identidad alrededor de ella”, sostiene.
En este sentido, introduce la idea de estrategias “contrarias”, es decir, apuestas que van en contra de la corriente dominante. “Mientras muchas empresas tecnológicas están gritando ‘IA’ desde los tejados, otras están dejando estratégicamente que pase a un segundo plano”, explica. El objetivo es evitar que eclipse el valor real del producto.
El marketing, en este contexto, se convierte en un campo de batalla complejo. Kaplan reconoce que “las plataformas sociales se han convertido en un lugar muy inestable tanto para publicitar como para construir comunidad”. Ante esta incertidumbre, propone explorar nuevas vías, especialmente a través de la economía de los creadores.
“La economía de los creadores reescribió quién controla la distribución”, afirma. Ya no son las marcas las que determinan el alcance de sus mensajes, sino los individuos que generan contenido y conversación. Este cambio obliga a las empresas a replantear su relación con el público, apostando por la autenticidad y la coherencia.
En paralelo, el propósito empresarial ha pasado de ser un valor añadido a una exigencia. “Muchas marcas han hablado de diversidad, equidad e inclusión”, reconoce Kaplan, “pero es fácil decirlo y mucho más difícil integrarlo en el ADN del negocio”. La coherencia entre discurso y acción se ha convertido en un factor clave para la credibilidad.
Seguir apostando por la diversidad empresarial
Este desafío es especialmente relevante para las mujeres en posiciones de liderazgo. A menudo, se espera de ellas una sensibilidad social que no siempre se exige a sus homólogos masculinos. Sin embargo, Kaplan defiende que esta perspectiva puede ser una ventaja competitiva. “Las generaciones más jóvenes recompensan a las marcas que tienen un propósito claro”, señala.
De cara al futuro, su visión es cautelosamente optimista. “Espero que las empresas sigan invirtiendo en diversidad y en mujeres líderes”, afirma. Recuerda, no obstante, que en momentos de crisis —como la pandemia— muchas mujeres abandonaron el mercado laboral. “Mi predicción es que las compañías redoblarán sus esfuerzos para retener talento y crear políticas que permitan a las mujeres seguir creciendo”.
IA e inclusividad: empreas del siglo XXI
En este escenario, la inteligencia artificial vuelve a plantear interrogantes. Puede ser una herramienta para escalar soluciones, pero también un riesgo si no se gestiona adecuadamente. La clave, según Kaplan, está en mantener el foco en las personas. La tecnología debe servir a las necesidades humanas, no al revés.
Su apuesta por startups “extrañas” no es casual. Responde a una convicción profunda: la innovación real suele surgir en los márgenes, en aquello que inicialmente no encaja. En un mercado cada vez más homogéneo, lo diferente se convierte en un valor estratégico.
En última instancia, la trayectoria de Kaplan ofrece una lección sobre el liderazgo en el siglo XXI. No se trata solo de dirigir empresas, sino de construir comunidades, cuestionar narrativas dominantes y apostar por modelos más inclusivos. En un mundo atravesado por la inteligencia artificial, esa combinación de visión tecnológica y sensibilidad humana puede marcar la diferencia.
Para las mujeres emprendedoras, el camino sigue siendo complejo, pero figuras como Kaplan demuestran que es posible definirlo. Como ella misma sugiere, el futuro no pertenece necesariamente a quienes tienen más recursos, sino a quienes son capaces de generar significado.
