La guerra en Oriente Medio desconecta las bolsas de la economía real

El impacto del conflicto en Irán ya golpea de lleno en el bolsillo de los ciudadanos. Sin embargo, los mercados mantienen el optimismo al calor de las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. ¿Por qué?

Ahorrar en tiempos de guerra.
KiloyCuarto

Los inversores no están disfrutando de la primavera sin pensar demasiado. Todo lo contrario: evalúan sus opciones antes de decidir su próximo movimiento. Están tranquilos.

Mientras, esperan acontecimientos y, ante cualquier muestra de esperanza, reaccionan con fervor.   

El pasado 28 de febrero, Estados Unidos e Israel atacaron Irán.

Se esperaba. Lo que no era tan previsible es que la operación Furia Épica se convirtiese en un conflicto regional, en una ratonera para los atacantes y en una amenaza para la economía mundial. 

Sus efectos, sin embargo, apenas tardaron en notarse. 

El bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que transita el 20% del petróleo que se consume en el mundo y sus derivados, ha dinamitado los precios de la energía. 

Tu bolsillo ha acusado el golpe. La gasolina, las vacaciones, las compras, la hipoteca… Todo ha subido. 

Y el cielo está cubierto de nubes que no se sabe si descargarán lluvia o darán paso al sol.  

El escenario macroeconómico

En España, la inflación escaló al 3,3% en marzo. Es la mayor subida en cuatro años y el nivel más alto desde junio de 2024. 

El Banco de España anticipa ese umbral de precios para el conjunto del año, pese a la reducción de la fiscalidad energética impulsada por el Gobierno. Pero, podría llegar al 5,9% en 2026 si la guerra se alargase. 

La actividad económica también se resentirá y el ritmo de creación de empleo aflojará en los próximos trimestres y en 2027. Mientras, la tasa de paro reducirá su ritmo de mejora. 

Eso, en casa. 

Fuera de nuestras fronteras, más de lo mismo.

La inflación en la eurozona se situó en el 2,5% en marzo por el alza del precio del combustible.

El escenario apunta a subidas de tipos de interés y no se descartan precios del petróleo nunca vistos —200 dólares por barril— y que la economía mundial entre en recesión si la guerra se extendiese más de un año. Esto último lo dice Larry Flink, CEO de la mayor gestora de fondos del mundo: BlackRock.

Los mercados, pendientes de Trump

Pese a todo, los inversores apenas reaccionan. O, como apuntaba hace unos días Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE): “Demasiado optimistas”. 

En marzo, los máximos históricos dieron paso a caídas en las bolsas. El Ibex 35 cedió un 7,4%. El S&P 500 retrocedió un 5,09% y el Nasdaq 100, un 4,75%. 

Pero el mes terminó con euforia. In extremis. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, anunció que el conflicto acabará en “dos o tres semanas” y desató la alegría en los mercados. 

El S&P, índice de referencia de la renta variable estadounidense, subió un 2,91% y el Nasdaq, un 3,83%. El precio del Brent descendió con fuerza, un 14%, y en las bolsas asiáticas y europeas también ganó el alivio. 

Se confirme el fin de las hostilidades o no, la pregunta es: ¿Reflejan los mercados el temor a la inflación y el dolor que la guerra en Irán está causando a los ciudadanos, a la economía real?

Pablo Gil, economista y experto en bolsa, cree que no.

La actividad económica frente al bolsillo

Para la situación tan peligrosa que estamos viviendo, muy poquito”, subraya. 

“Los mercados todavía no reaccionan con severidad a un incremento del 50% en el precio del petróleo porque confían en que buena parte de esa subida se va a revertir de forma rápida tan pronto se selle un acuerdo de paz”, señala. 

De ahí la respuesta a las declaraciones de Trump.

Sin embargo, conviene no vender la piel del oso antes de cazarlo. Ese escenario no está tan claro. 

El barril de petróleo, que llegó a tocar los 116 dólares, sigue por encima de los 100 dólares, en el Sudeste Asiático hay países en modo emergencia y Bruselas recomienda a los europeos reducir desplazamientos y teletrabajar.

Incluso si se alcanza una resolución rápida, el impacto de lo sucedido en las últimas cinco semanas permanece

Los grandes productores de petróleo de Oriente Próximo han alcanzado su máxima capacidad de reserva y algunas instalaciones, como la planta de gas natural licuado de Ras Laffan en Qatar, tardarán entre tres y cinco años en recuperar su actividad. 

La inflación se suma

Gil pone énfasis en la inflación: “La gente tiene que entender que se agrega; cuando baja, nadie te devuelve lo que has perdido hasta ese momento. Y aquí se van concatenando muchos efectos inflacionistas desde la pandemia”. 

Así, “cada vez hay más diferencia entre lo que perciben los ciudadanos y lo que nos cuentan; entre cómo evoluciona el PIB y cómo lo hace la renta per cápita, que es la parte del PIB que le corresponde a cada ciudadano”, subraya.

Javier Díaz-Giménez, profesor del departamento de Economía y titular de la Cátedra Cobas AM sobre Ahorro y Pensiones de IESE Business School, es rotundo: “La bolsa, los mercados, no son la economía”.

Anticipa que el impacto en los precios se concentrará en “la gasolina y la electricidad, los alimentos no elaborados y todo lo demás por los efectos de segunda ronda y la logística”. 

Y pone el foco en los salarios. 

“Esto es una sorpresa de inflación y habrá una pelea de rentas para ver quién consigue subir antes los sueldos. Con tu salario, vas a poder comprar menos hasta que te lo suban y, si te lo suben, habrá más inflación”, añade. 

Y alerta de que “el turismo es prescindible; en Semana Santa, las decisiones ya estaban tomadas, pero de cara al verano vamos a ver”. 

El ocaso del TACO

¿Qué va a pasar en las próximas semanas? 

¿Cómo van a valorar los mercados cada una de las declaraciones de Trump?

Pablo Gil cree que los inversores “cada vez reaccionan con menos severidad a lo que hace Trump porque saben que es altamente probable que revierta las medidas tan pronto llegue el daño a los mercados financieros, que son el termómetro  que pone las líneas rojas a sus actuaciones”. 

Pero, en este caso, hay una variable nueva a tener en cuenta. 

Las infraestructuras críticas. Las instalaciones petroleras, las plantas desalinizadoras y los pozos de gas

“Si las destruyes o las dañas gravemente, la oferta de energía desaparece del mercado y da igual lo que diga o haga Trump”, asegura Gil. 

El famoso TACO (Trump Always Chickens Out, en referencia a que Trump siempre termina echándose atrás y los mercados se lo perdonan) quedaría invalidado si eso sucediera. 

Si es tal el riesgo, ¿por qué los inversores aún no mueven ficha?

Los bancos centrales, al rescate

Ambos expertos coinciden en que los inversores están cómodos. 

Instalados en la inercia de las últimas décadas, creen que otros solucionarán el problema, sea cual sea. 

“Desde 2008, los bancos centrales han rescatado la economía mundial dos veces y han multiplicado por nueve los dólares y euros en el mercado. Los inversores están pensando en cómo optimizar su cartera y en que el mundo no se acaba”, destaca Díaz-Giménez.

De la misma opinión es Pablo Gil: “El mercado lleva metido en una espiral de 15 años donde todo me lo arreglan. Y eso ha generado una menor preocupación por el riesgo”. 

Recuerda lo sucedido en la pandemia, con los bancos centrales y los gobiernos inyectando dinero en el sistema ante la peor recesión en un siglo: “Fue una lección para empresas y ciudadanos”. 

Como decirles, “no hay que preocuparse, ya nos lo arreglarán”.

Pero, ante un shock de oferta energética, como puede darse en este caso, “sus herramientas no son muy eficaces, ni por el lado de la política fiscal ni tampoco por el lado de la política monetaria”. 

De ahí, en este caso, hayan optado por la prudencia. 

¿El peligro? 

Que los inversores no sean conscientes de que, “si nos vamos al peor escenario, no hay otra solución que ajustar la demanda y la única manera de que esta baje es que haya una crisis y, para que haya una crisis, tiene que haber una recesión”, ahonda Gil.