Irán sigue sufriendo severos golpes. Tras fijarse como misión inicial de la guerra asesinar a líderes políticos y de seguridad y objetivos militares del régimen iraní, Estados Unidos e Israel centran ahora sus bombardeos en infraestructuras energéticas. Este miércoles, los cazas de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) bombardearon una crucial instalación energética en el suroeste de Irán.
Se trata del primer ataque a una instalación de gas natural, que es un pilar de la economía del régimen iraní. Según el medio Axios, el ataque fue coordinado con la Casa Blanca. Anteriormente, Washington se había opuesto a intentos israelíes previos de atacar este tipo de infraestructuras energéticas, y exigió disponer de luz verde estadounidense para operaciones de este tipo.

Donald Trump, que sigue sin aclarar cómo y cuándo será la salida de una guerra que ha elevado ya los precios del combustible y le genera crecientes críticas domésticas, bendijo el ataque israelí en su red Truth Social. “Recordad, todos los estúpidos ahí fuera, que Irán es considerado por todos como el estado número uno que patrocina el terror. “Los estamos poniendo rápidamente en su lugar!”, exclamó.
En respuesta al ataque israelí, el régimen iraní anunció el miércoles que atacaría cinco instalaciones energéticas en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar “en las próximas horas”. Con su capacidad de disparar misiles balísticos y drones severamente dañada, Teherán apuesta por seguir golpeando a los países árabes vecinos como medida de presión a Occidente para forzar la detención de la guerra.

La amenaza comenzó a materializarse en cuestión de horas. Qatar informó de un incendio en la zona de Ras Laffan -donde se ubica la mayor instalación de producción de gas natural licuado del mundo- tras un “ataque iraní”, mientras que Arabia Saudí aseguró haber interceptado y destruido un dron que se aproximaba a una de sus instalaciones gasísticas en la provincia oriental. Riad también afirmó haber derribado varios misiles balísticos dirigidos hacia la capital.
La instalación atacada por la aviación israelí es la South Pars, considerada la reserva de gas más grande del mundo, que está ubicada en el mar frente a la costa de la provincia sureña de Bushehr. Según la agencia Tasnim, varias instalaciones fueron dañadas, pero no se produjeron víctimas mortales.

Si bien Irán afirma que está atacando objetivos militares estadounidenses en la región, los líderes árabes del Golfo han denunciado reiteradamente los ataques como una violación del derecho internacional y han declarado que tienen como objetivo infraestructura civil. Majed al Ansari, portavoz del Ministerio de Exteriores de Qatar, condenó el miércoles a Israel por atacar South Pars, señalando que el yacimiento de gas iraní es una extensión del yacimiento North Field de Qatar.
El ataque representa “un paso peligroso e irresponsable en medio de la actual escalada militar en la región. Atacar la infraestructura energética constituye una amenaza para la seguridad energética mundial, así como para los pueblos de la región y su medio ambiente”, declaró al-Ansari. Las monarquías del Golfo insisten en la necesidad de buscar soluciones diplomáticas para terminar la guerra, cuyo fin parece lejano. Desde Israel se asume que el conflicto podría eternizarse en una guerra de desgaste prolongada en el tiempo.

En paralelo, las FDI también informaron el miércoles del asesinato de Esmaeil Khatib, ministro de inteligencia iraní, durante un ataque aéreo nocturno en la madrugada del miércoles en Teherán. Se trata del tercer alto cargo eliminado en apenas dos días, tras la muerte del influyente dirigente Ali Larijani y del comandante de las milicias Basij, Gholamreza Soleimani.
La respuesta política desde Teherán no se hizo esperar. El nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, lamentó la muerte de Larijani con “gran pesar”, al que calificó como una figura “inteligente y comprometida” del sistema político iraní, y advirtió de que “los asesinos criminales” deberán pagar por su muerte. “Derramar esta sangre al pie del árbol del sistema islámico solo lo hace más fuerte”, afirmó, subrayando que cada muerte “tiene un precio” que será cobrado.

En la misma línea, la Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) elevó el tono de sus amenazas y prometió represalias contra infraestructuras energéticas en la región, emitiendo incluso advertencias de evacuación para zonas cercanas a instalaciones petroleras y gasísticas en Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Según el ministro de Defensa hebreo Israel Katz, se esperan más “sorpresas significativas” próximamente, y anticipó una escalada del conflicto tanto en Irán como en Líbano, donde fuerzas terrestres israelíes iniciaron la invasión para intentar desarticular a Hizbulá.

De acuerdo con el Ejército israelí, el ministerio de Inteligencia de Irán “es la principal organización de inteligencia del régimen, que jugó un rol central en las actividades terroristas y represivas”. Khatib ejercía “un rol significativo durante las recientes protestas en Irán, tanto en arrestos como asesinatos de manifestantes”. También se le acusa de coordinar ataques contra intereses israelíes y estadounidenses en el extranjero.
Según publicó el Wall Street Journal, la inteligencia israelí estaría advirtiendo a policías y soldados iraníes de que están en el punto de mira. En una llamada filtrada al diario, un agente del Mossad amenazó en persa a un policía iraní: “lo sabemos todo de ti”. En consecuencia, muchos agentes están abandonando sus posiciones y durmiendo en tiendas, vehículos o mezquitas.

La intención de las FDI es mostrar al pueblo iraní que los agentes del régimen están debilitados y constantemente amenazados, para así allanar el terreno a una rebelión interna. Durante varios días, la fuerza aérea israelí atacó varios puestos de control de las milicias represivas Basij en varios puntos de Teherán. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu volvió a alentar a los iraníes a que salgan a las calles para tumbar al régimen.
Mientras tanto, en las calles de Teherán decenas de miles de personas participaron en el funeral de Ali Larijani, asesinado el martes. Larijani era considerado el “hombre fuerte” del régimen, que ejercía como coordinador de los estamentos políticos y militares de Irán.
