Los líderes europeos llegan este jueves a Bruselas con la ambición de recuperar el control de una agenda que tantas veces se les ha escapado de las manos. La reunión de marzo del Consejo Europeo tenía como objetivo reforzar la ventaja económica del bloque, impulsar su agenda “Una Europa, un mercado” y abordar cuestiones a largo plazo sobre competitividad, inversión y autonomía estratégica. Sin embargo, como ya es habitual, una nueva crisis global se ha vuelto a interponer.
Una guerra -esta vez en Irán– ha vuelto a redefinir las prioridades de la noche a la mañana. Lo que se pretendía que fuera una cumbre con visión de futuro se ha visto relegada a la gestión de crisis, con los líderes comunitarios apremiando por contener las consecuencias inmediatas: el aumento de los precios de la energía, los renovados riesgos inflacionistas y la incertidumbre geopolítica que emana de un conflicto en Oriente Próximo cada vez más amplio.

Una crisis tras otra
El patrón se repite. La UE planifica a largo plazo, pero gobierna a corto plazo, viéndose obligada una y otra vez a actuar de forma reactiva ante crisis que se producen más allá de sus fronteras. Desde el Brexit a la pandemia de coronavirus, de la invasión rusa de Ucrania hasta las tensiones comerciales impulsadas por Washington, pasando por la actual guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, la Unión ve cómo su margen de maniobra estratégico se ve consumido por emergencias que escapan a su control.
Preparing for tomorrow’s #EUCO with @eucopresident António Costa.
From competitiveness to energy security, from Ukraine to Iran’s destabilising actions, Europe must stay united at home and strong across the globe. @Europarl_EN will play its part. pic.twitter.com/LFXyQli6Ti
— Roberta Metsola (@EP_President) March 18, 2026
El precio del petróleo, que supera los 100 dólares por barril, acecha a los 27. Se espera que los líderes se centren en gran medida en mitigar el impacto sobre los hogares y las empresas, al tiempo que evalúan cómo salvaguardar la seguridad energética y evitar reacciones políticas adversas en sus países. El temor es que otra crisis energética pueda fortalecer aún más a las fuerzas populistas que ya se alimentan del descontento económico.
Las voces cantantes en este Consejo Europeo
Ante la enésima crisis, algunos líderes han querido dar un paso al frente y marcar estilo político y personal. La crisis de Irán ha abierto una nueva etapa para los estilos de liderazgo rivales entre los 27, con varias figuras destacadas posicionándose como la voz de la respuesta de la Unión Europea.

El canciller alemán, Friedrich Merz, ha adoptado el mensaje que más se repite en los pasillos comunitarios: “Esta no es nuestra guerra“. Alemania no quiere agravar las tensiones con Washington. Con su índice de popularidad en descenso en su país, Merz llega a Bruselas bajo presión, y su instinto es evitar riesgos que puedan agravar esa vulnerabilidad.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, está adoptando una postura más firme. Su discurso del “no a la guerra”, junto con los llamamientos a respetar el derecho internacional en las conclusiones del Consejo Europeo, sitúan a Madrid en un bando dispuesto a formular una crítica más explícita del conflicto (y de Trump). Se trata de una línea que encuentra eco en algunos sectores, pero que corre el riesgo de generar fricciones con quienes temen enemistarse con Estados Unidos.

La primera ministra italiana Giorgia Meloni aporta un matiz diferente, al calificar el conflicto de “guerra ilegal”. Su postura busca proteger los intereses italianos y fomentar medidas en la UE para mitigar las consecuencias.

Y luego está Francia. El presidente Emmanuel Macron ha optado por una vía más ambigua: señala su disposición a desempeñar un papel en materia de seguridad -incluida una posible participación en la escolta de buques a través del estrecho de Ormuz una vez termine la guerra-. Macron ha verbalizado que “no somos parte del conflicto”, por lo que no ha recogido el guante de Trump para abrir o liberar el Estrecho con una operación militar.
Groenlandia, el punto de inflexión
El conflicto en Irán ilustra la persistente fragmentación de la Unión Europea en materia de política exterior, sin embargo, en muchas capitales insisten en que la amenaza de anexionarse Groenlandia por parte de Trump cambió las mentalidades de los líderes comunitarios. Fue un revulsivo: desde entonces la desconfianza en el magnate republicano es mayúscula.
Así, algunos Estados miembros abogan ahora por un tono más firme y una defensa más clara del derecho internacional, incluso a costa de generar tensiones con Washington. Otros sostienen que preservar la colaboración con Estados Unidos -en lo relativo a Ucrania, la OTAN y el comercio- debe pesar más a la hora de tomar decisiones comunes.
Mientras tanto, otras cuestiones críticas siguen sobre la mesa, aunque no ocupen un primer plano. El presupuesto a largo plazo de la UE, la capacidad industrial de defensa y la política migratoria exigen atención. Se espera que el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, se dirija a los líderes, en un claro recordatorio de que la “primera guerra” de Europa no ha desaparecido, aunque una segunda acapare los titulares.
