Groenlandia

La obsesión con Groenlandia de Trump incomodó hasta a sus aliados ultras europeos

La presión de Washington sobre Groenlandia ha obligado a la derecha populista europea a distanciarse del magnate republicano

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Groenlandia ha sido una línea roja para las aliadas ultras de Trump
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Las amenazas de Donald Trump han tensado hasta una relación que hasta hace poco parecía sólida. El presidente estadounidense, reelegido con un discurso de nacionalismo duro y confrontación exterior, ha puesto en aprietos a buena parte de la derecha populista europea, que durante años vio en él una fuente de inspiración y legitimidad. Su presión sobre Groenlandia ha activado alarmas entre líderes aliados.

El 17 de enero Jordan Bardella, jefe de la Agrupación Nacional francesa, y delfín de Marine Le Pen, calificó de “inaceptables” las amenazas “contra la soberanía de un Estado” tras el anuncio de un arancel adicional del 10% a países europeos que enviaron equipos militares a Groenlandia. Añadió que el “chantaje comercial es igualmente intolerable”.

De Venezuela a Groenlandia

Además des semanas antes con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, declaró: “El respeto del derecho internacional y de la soberanía de los Estados no puede aplicarse de manera selectiva”. En la misma línea, una de las primeras en condenar la intervención en Caracas fue la propia Le Pen, quien condenó la operación militar de Estados Unidos en Venezuela porque “la soberanía de los estados nunca es negociable”.

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Donald Trump no oculta que quiere tomar Groenlandia
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La reacción ilustra el dilema que atraviesa a los llamados “patriotas” europeos. Muchos celebraron la reelección de Trump y su combinación de nacionalismo económico, rechazo a la inmigración y escepticismo climático. Sin embargo, cuando el nacionalismo estadounidense roza el terreno de la presión territorial, las afinidades se resienten. La amenaza de que Washington impusiera aranceles de hasta el 25% a Dinamarca, Francia, Alemania, Reino Unido y otros países por oponerse a la compra de Groenlandia sentó un peligroso precedente en sus aliados morales europeos. Trump justificaba su postura alegando que Estados Unidos “necesita Groenlandia para su seguridad nacional”.

Trump lo hace “a la americana, un estilo que no es europeo”

En Alemania, la Alternativa para Alemania (AfD) ha sido uno de los ejemplos más claros de incomodidad. Alice Weidel, la líder del partido ultra germano, sostuvo que Trump “ha violado una promesa fundamental de campaña, el no interferir en otros países”. Su copresidente, Tino Chrupalla, fue algo más ambiguo: defendió que el mandatario actúa en función de los intereses estadounidenses, pero subrayó que “los métodos del Lejano Oeste deben rechazarse, y el fin no siempre justifica los medios”. La crítica es inusual en un partido que durante años buscó respaldo explícito de Washington para romper su aislamiento político interno.

Las encuestas explican el cambio de tono. Un sondeo reciente mostró que el 71% de los alemanes ve a Trump más como un adversario que como un aliado. Solo una minoría valora positivamente su gestión. Ese rechazo popular convierte cualquier cercanía excesiva en un lastre electoral.

Francia vive una tensión parecida, con la mirada puesta en las presidenciales de 2027. La Agrupación Nacional ha construido un discurso de “Francia primero” con ecos trumpianos, aunque sin adoptar lemas explícitos. Un dirigente del partido lo resumió así: “Aunque no usemos el eslogan ‘Hagamos Francia grande otra vez’, de eso se trata”. Bardella ha señalado que aprecia la defensa de los intereses nacionales de Trump, pero que lo hace “a la americana, un estilo que no es europeo y menos aún francés”.

Italia muestra un enfoque más conciliador. La primera ministra Giorgia Meloni calificó de “error” la imposición de nuevas sanciones o aranceles y afirmó: “Hablé con Donald Trump hace unas horas y le dije lo que pienso”. Aun así, intentó rebajar la tensión atribuyéndola a “un problema de entendimiento y comunicación” entre ambas orillas del Atlántico -que ella se ha ofrecido a solventar como mediadora-, y señaló que la OTAN debe jugar un papel central para gestionar la crisis en una zona “claramente estratégica”.

Meloni
Meloni, Le Pen y Weidel
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“Trump se parece cada vez más a un rey Midas invertido”

No todos los populistas europeos han alzado la voz. En Polonia, España o los Países Bajos, el silencio ha sido la tónica, quizá por no comprometer relaciones estratégicas con Estados Unidos. Otros, como el ideólogo de los Demócratas Suecos Mattias Karlsson, fueron más directos: “Trump se parece cada vez más a un rey Midas invertido. Todo lo que toca se convierte en mierda”.

Para los partidos que aspiran a ampliar su base electoral, la ecuación es delicada. Un sondeo del 19 de enero reveló que el 73% de los votantes del centro-derecha francés quiere oponerse a una anexión de Groenlandia por parte de Estados Unidos, frente al 59% de los simpatizantes de la Agrupación Nacional. Ganar a esos electores exige marcar distancia.

Trump sigue siendo un aliado ideológico para la extrema derecha europea, pero cuanto más explícitas son sus amenazas y más visibles sus presiones, mayor es el coste político para quienes se le acercan.¿Habrá influido en su giro respecto a la conquista de Groenlandia?