Opinión

El show de Truman

Actualizado: h
FacebookXLinkedInWhatsApp

A veces pienso si no estaremos viviendo todos (o casi todos) como Truman Burbank, aquel personaje interpretado por Jim Carrey, que vivía su vida sin saber que en realidad no era tal, no era real, sino que era un programa de televisión que se retransmitía y seguían millones de personas, un reality show en toda regla.  Si te suena esto que te estoy contando es porque en algún momento de tu vida has visto El show de Truman, una película a punto de cumplir treinta años (se estrenó en 1998) y que a mí me causó una gran impresión cuando la vi, ya sabes, como cuando ves Matrix y empiezas a plantearte qué es verdad y qué es mentira de todo lo que te rodea.

Pues a veces pienso si no estaremos viviendo todos como Truman porque, aunque en la película su vida está dirigida por la Corporación dueña del canal de televisión que la emite en directo (él es el único que ignora este hecho de todos los que conviven con él) y nuestras vidas parecen muy alejadas de la suya, si lo piensas, en el fondo, y por muy duro que parezca hacerse esta reflexión: ¿cuánto de lo que ocurre a nuestro alrededor no está programado? Y de todo lo que ocurre, ¿cuánto afecta a nuestras vidas?

Hemos visto como ha comenzado una guerra en cuestión de nada.  Hace unos días cerramos los ojos y, de repente, al abrirlos había una guerra en marcha (una guerra televisada, claro, porque hay muchas otras en el mundo de las que no sabemos nada, porque no nos cuentan nada de ellas).  Que puede que sea una guerra o sea un conflicto, o una escalada bélica, que qué maravilla el lenguaje cuando uno juega con él para no decir lo que no se quiere decir, ¿verdad?  Y la guerra empieza, y la guerra termina, y empieza otra guerra…

Y yo miro a mi alrededor y pienso cuántas cosas de las que suceden en nuestro mundo y que siempre terminan afectándonos, no estarán, no están en realidad dirigidas y controladas sin que nosotros sepamos hasta dónde llega el control.  Cuánto de lo que nos presentan es real y cuánto es teatro, y todos, o casi todos, mientras, pensando que lo que vemos es la realidad.

En el siglo IV antes de Cristo un tal Platón fundó en Atenas la Academia, la institución donde enseñaba Filosofía y que tuvo alumnos tan ilustres como Aristóteles.  Ya entonces, hace más de dos mil años, Platón hablaba del Mito de la caverna, un lugar donde los hombres sólo veían las sombras proyectadas de lo que ocurría en el exterior, pero que tomaban como la realidad misma.  Truman, en su “vida real” no veía sino sombras.  Todo a su alrededor era una “realidad” construida para parecer tal, siendo como era un programa de televisión.

Supongo que tú, al igual que yo, te preguntas muchas veces, cuando ves lo que se nos muestra, qué será verdad de todo lo que nos cuentan y cuánto no estará ya decidido o guionizado por alguien.  Cuánto es apariencia sin una realidad detrás.

Y mientras, vemos como todo sucede a nuestro alrededor como si no pudiéramos hacer nada, como si todo tuviera que ser como es. Eso pensaba Truman hasta que un día decidió que quería salir de esa vida que controlaban otros para vivir una vida controlada por él mismo. Truman consiguió escapar no sin antes escuchar la voz del director del reality show aconsejándole que no dejara su vida dentro del show, que sólo ahí, en el reality controlado por la Corporación podría estar seguro.

Aun así, Truman escapó.

Yo, sinceramente, no veo como salir de todo esto que nos rodea.  Lo único que se me ocurre es hacer lo contrario de Truman, salir del mundo real (lo que me sea posible) para entrar en el mundo irreal de la ficción, que para eso llevo años creando mi antibiblioteca, que en palabras de Umberto Eco son todos los libros que aún no he leído y me están esperando.

Buscaré un sitio con buena luz y donde pueda escuchar a los pájaros. Creo que es una estupenda escapatoria.