Lo único que le faltaba a esta legislatura en vía muerta es que el PNV, el canario en la mina, la culebra bajo la roca, empezara a hacer de las suyas. Que comenzara a reclamar el precio de su lado de la balanza para tratar de recomponer su maltrecho orgullo de cara a una galería cada vez más oscura. Sin duda era el perejil que le faltaba a esta salsa explosiva que combina inacción, incapacidad, deslealtad y pasotismo. Una salsa insípida que pretende ser picante, pero que solo abrasa a los que la cocinan.
Este Gobierno, cimentado en la mentira del somos más, no hay semana que no se dé de bruces contra el único muro que existe: el de la realidad. En estos últimos días no solo tenemos la estampa de Ábalos, Koldo y Aldama declarando en el Supremo. A la dantesca escena se le suma el primer aniversario de aquel Apagón Nacional que dejó a España a oscuras en una indefensión sin precedentes. Un entuerto por el que aún no se han dado ni explicaciones convincentes ni se ha asumido ninguna responsabilidad, más allá de un par de retoques cosméticos que no han conseguido tapar la gran vergüenza de una de las jornadas más distópicas del siglo.
Al cúmulo de despropósitos, hay que añadirle que el PNV les haya dejado plantado en el decreto de vivienda. Justo uno de los temas fundamentales, del comer y del vivir, que asedian y atacan de forma más directa el corazón, la entraña y, sobre todo, la apariencia del autodenominado ‘gobierno más progresista de la historia’. La izquierda tiene la losa del mercado de la vivienda sobre sus hombros y, aunque haya otras piedras igual de pesadas que lastren su camino hacia ninguna parte, ésta es una de esas que retratan la nula capacidad de gestión del Ejecutivo. Se suele hablar mucho del bolsillo, de que ese indicador no miente, y muy poco del techo. Y el no encontrar techo a un precio asequible hace que el ciudadano medio empiece a cuestionarse si La Moncloa actual solo tiene tejado y se ha olvidado de poner los pies en el suelo que pisan todos los españoles.

La propaganda gubernamental se podrá empeñar en seguir fabulando con los cohetes, en diseñar copys llamativos que evoquen realidades sociales paralelas, pero la verdad, que no suele ser tan vistosa, acaba siempre por arrollar el maquillaje y la falsedad. El fascismo es una argucia que languidece, aunque Vox se deje la vida en proseguir con el boca a boca con el PSOE, la ilusión de un bloque de investidura compacto hace tiempo que saltó por los aires. Ya no hay sorpresa, y la bisoñez y las ganas de creer en la fórmula incompatible del mal menor para combatir a los reaccionarios con reaccionarios hace tiempo que se esfumó. Porque aquellos pactos que únicamente atendían a la conveniencia y al chantaje han terminado de dar la cara definitivamente.
Puigdemont, para sorpresa de las almas más cándidas, desde el minuto uno puso su pica en la tortura al socialismo. Y Sánchez, por supervivencia, decidió alimentar a ese monstruo para comprar su estancia en el poder. Al mismo tiempo, fue bebiendo del alma de todos esos partidos a su izquierda que han quedado como mera comparsa del teatrillo, los mismos que hoy, agonizando, se han entregado a una guerra civil sin cuartel para intentar repartirse las migajas de una épica que se resume en: hay que montar otra movie que le sirva de muleta al sanchismo. Quítate tú, que me pongo yo. Ahí tienen a Mónica García y a Emilio Delgado dándose sopapos quinceañeros en directo. A Rufián encantando de conocerse recitando tuits. A Yolanda consumida en brilli-brilli. Y a Pablo Iglesias tocándose la perillita y frotándose las manos prediciendo por dónde viene el guantazo y por dónde andará el dinero cuando el sanchismo se haga cenizas.
Bildu, que es la formación que probablemente haya salido más beneficiada de esta ciénaga de oportunistas, le ha ido comiendo progresivamente la tostada al establishment vasco, aprovechando la debilidad del demacrado presidente. Los de Otegi han ido sembrando a largo plazo mientras los de Sabin Etxea se dedicaban a resistir. Ahora el PNV, que continúa dependiendo del PSOE para sustentar su poder, ha decidido empezar a sacar la patita. Recodemos que esta formación es la que decantó la moción de censura presentada por Ábalos para hacer caer a Rajoy. Hoy, decide poner el grito en el cielo por un meme creado por Inteligencia Artificial que los socialistas vascos le han dedicado a Aitor Esteban. Como siempre, usan los contextos más peregrinos para saltar y sacar pecho.
Ayer ya le decían a Sánchez que él decidirá si quiere ir acompañado a las urnas. El presidente replicó que sí, que claro, que la compañía del PNV es de las mejores. Sánchez, que se benefició de la traición de los vascos a Rajoy, sabe que los vascos no son un socio fiable. Lo mismo que les ocurre a los jetzales con el líder de los socialistas. El PNV está siempre al calor del poder, y parece evidente que están empezando a pasar frío cerca de Sánchez. Veremos quién tirita primero.
