Opinión

García vs. Delgado: escabechina de politiquillos

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El sanchismo es una escabechina de politiquillos. Sólo el yerno de Sabiniano y la “actriz del cine mudo” (Raúl del Pozo), o sea, Sánchez y Ayuso, triunfan en un mundo que acumula más criaturas extintas que el límite Cretácico-Paleógeno. Dos césares que premian la fidelidad, pasan de los optimates y condenan en caliente –véase la ejecución política de Pablo Casado– o en frío –mandar a Óscar López a combatir contra la presidenta de la Comunidad de Madrid es una venganza refinada– a disidentes y traidores. Dos soles, estatal el uno, autonómica –y no sólo– la otra, sin satélites que les eclipsen. A diferencia de Feijóo: a ver qué gallo canta en Génova, 13, de aquí al verano del año que viene, si Moreno Bonilla arrasa en Andalucía.

A saber, desde el 2 de junio de 2018, es decir, desde que Sánchez plancha la oreja en La Moncloa, han caído Albert Rivera e Inés Arrimadas, de Ciudadanos, formación que descansa en paz; el Ana Rosa de Canal Red, Pablo Iglesias, de Podemos; Pablo Casado, del PP –después de haberse cobrado al presidente Rajoy en una moción de censura defendida por Ábalos, que duerme en chirona–, y la sumanda saliente Yolanda Díaz, quien declaró en abril que no irá “en ninguna lista”.

Amén del propio Sánchez y de Ayuso, también sobrevive el líder de Vox, Santiago Abascal. En Bambú, 12 ha habido purga o espantá, según quien lo cuente, y las encuestas, desde el presunto pinchazo de las elecciones de Castilla y León –las excesivas expectativas depreciaron un buen resultado–, revelan un panorama menguante para el último partido que ha colocado una idea que ha puesto a bailar a todo dios, la “prioridad nacional”, y que ha permitido que María Guardiola y Jorge Azcón sean presidentes de Extremadura y de Aragón, respectivamente. Igual, como “El muerto vivo” de Peret, no están muertos, sino de parranda. Méndez-Monasterio no es tonto.

Mientras Vox demolía buena parte de sus cimientos originarios, la izquierda allende el PSOE, más perdida que Camavinga contra el Bayern, convocaba una pelea de gallos, por no decir de pollos, para reubicarse y reinventarse, y todo lo contrario, qué más da, con tal de seguir cobrando de la cosa pública. Así, de los guionistas de Sumar II, que es Podemos III, llega la batalla por las primarias de Más Madrid entre una ministra de Sanidad, Mónica García, a la que detestan los galenos, y el diputado regional Emilio Delgado, que da muy bien como tertuliano donde Ferreras.

Precisamente, este lunes, en Al rojo vivo, ambos disimularon muy malamente, tratrá, lo poco que se toleran y lo mucho que se detestan. Tras el peloteo de cartón piedra inicial, Delgado pidió que vote “toda la gente que ha venido haciéndolo con normalidad todos estos años, y que no se limite a nadie el derecho al voto”; por su parte, García subrayó que “todo el que participe de Más Madrid es militante de Más Madrid”. Quien no se remangue, al carajo. Al diputado, que anunció su intención de liderar la candidatura hace cosa de medio año, le llamó la ministra el viernes por la noche para anunciarle, según El País, que se lanzaba “en la verbena”. A este no le hizo maldita gracia: “Me pones en una tesitura. O me bajo del acto y todo el mundo piensa que soy un niñato y un malqueda, o me lo como”. Respuesta de García: “A mí tampoco me pareció bien lo de Rufián”. Son ideales para una versión política de La isla de las tentaciones presentada por Cintora. Lo que debe estar disfrutando Ayuso con semejante vodevil.