La guerra en Oriente Medio entra en una fase de incertidumbre prolongada, con advertencias de que sus efectos podrían alargarse durante meses o incluso años. Desde Europa, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha alertado del impacto económico del conflicto, que ya está disparando el coste de la energía sin aumentar el suministro, y ha pedido reducir la dependencia exterior en un contexto de crisis energética creciente.
Mientras tanto, las negociaciones entre Estados Unidos e Irán siguen bloqueadas pese a una nueva propuesta de Teherán sobre el estrecho de Ormuz, que Washington analiza con escepticismo. El alto el fuego se mantiene, pero es frágil, y la tensión continúa tanto en el plano diplomático como sobre el terreno, con nuevos ataques en Líbano y posiciones enfrentadas sobre cómo avanzar hacia un acuerdo que ponga fin a la guerra.
