Todo el mundo me habla del eclipse solar total que se producirá el próximo 12 de agosto. A mí nunca me han interesado mucho estos fenómenos, pero reconozco que ahora sigo lo que se publica con cierta curiosidad. Comprendo la expectación que despierta uno de esos eventos astronómicos que sólo se vive una vez en la vida.
Este espectáculo se contemplará en varias partes de España porque cruzará la península ibérica de oeste a este. De modo que habrá muchos puntos de observación para seguirlo. Los expertos ya han determinado que el concejo asturiano de Navia será uno de los enclaves más especiales porque la oscuridad completa durará casi dos minutos.
El otro día me contaba una amiga que en el norte ya están los hoteles llenos. La fecha coincide con las vacaciones y habrá avalancha de turistas. Para controlar la situación, el Gobierno creó el año pasado una comisión interministerial en la que se implican 13 ministerios. Ya se están elaborando los dispositivos de seguridad y movilidad en colaboración con las comunidades autónomas.
Para quien quiera saber si desde su zona lo podrá ver bien, sólo tiene que alzar hoy la vista hacia arriba. Según el Real Observatorio Astronómico de Madrid, el astro hará un recorrido similar al del periodo estival. Se trata del día espejo o gemelo, una especie de ensayo general.
Para poder observar el eclipse total del próximo 12 de agosto, no solo tienes que estar en la franja de totalidad, tienes que poder ver el Sol sobre el horizonte. Puedes comprobar si eso es posible en tu localidad haciendo una prueba en los próximos días. Abajo lo explicamos. pic.twitter.com/8kATiVqEoY
— Real Observatorio (@IGN_RObsMadrid) April 22, 2026
La verdad es que entre esto y los astronautas de la misión Artemis II llevamos una buena racha de ciencia ficción infiltrada en nuestra cotidianidad. Además, en estos días, no dejo de pensar en una película que me impresionó bastante: ‘La vida de Chuck’, de Mike Flanagan. Está basada en una novela corta de Stephen King publicada en 2020 y para mí es un cuento de una belleza incalculable. La he visto varias veces y siempre encuentro algún nuevo detalle a destacar.
Esta cinta está dividida en tres partes y el eclipse me hace pensar en la primera. No tiene nada que ver, pero no lo puedo evitar. De todas formas, no voy a desvelar de qué va porque así cualquiera podrá sorprenderse con la historia. Sólo quiero detenerme en dos momentos maravillosos. Uno de ellos es el de la secuencia de baile del protagonista, interpretado por Tom Hiddleston. Son más de cinco minutos completamente hipnóticos y luminosos. El actor aprendió ocho estilos en seis semanas y es impresionante verle danzar, con traje, al ritmo de las melodías de una baterista callejera. Empieza a moverse y, poco a poco, va contagiando su energía. La compleja coreografía es la representación exacta de la felicidad. Así de simple.
El otro instante espectacular llega con una escena que también me transporta al espacio. Ocurre durante una clase de Literatura en la que su profesora, la señorita Richards, lee un poema de Walt Whitman. En un momento dado pronuncia unos versos de ‘Canto a mí mismo’ que le dan sentido a todo: “¿Me contradigo? De acuerdo, me contradigo. Soy inmenso, contengo multitudes”.
Los alumnos están revoloteando y sólo un pequeño Chuck le presta atención. Al irse se detiene a preguntarle qué significa lo que ha escuchado. Ella pone sus dedos sobre las sienes del niño y le da una explicación en la que se esconde el sentido de la vida: “Aquí está todo lo que ves, todo lo que sabes. Los aviones del cielo, las alcantarillas de la calle. Cada año que vivas, ese mundo de dentro de tu cabeza se hará más grande, detallado, vibrante y complejo. Construirás ciudades, países y continentes y los llenarás de personas; de caras reales e inventadas. (…) No te pares ahí. Llénalo todo con toda la gente que conoces, toda la gente que conocerás y toda la gente que te imagines. Será un universo. Un universo aquí entre mis manos. Tú contienes multitudes”.
La docente le hace ver que cada ser humano cuenta con experiencias, recuerdos, lugares, emociones y relaciones, entre otras muchas cosas, que le definen. Cada persona forma parte de un cosmos y, a su vez, contiene uno propio en su interior. No somos sólo el jefe de la oficina, la madre que pone la cena o el joven al que le preocupa un problema. Somos más porque dentro de nosotros mismos llevamos retazos de nuestros sueños, deseos y amores. Y al morir nuestra estrella se extingue, pero brilla siempre para quienes nos quisieron. Así no hay ninguna existencia insípida, todas tienen un valor.
