Víctor de Aldama había prometido hablar, tirar de la manta y contar todo lo que hizo como miembro de esa supuesta organización criminal que es la que le hace estar en el banquillo. Su relato no defraudó, al menos en titulares, pero habrá que ver que credibilidad le da la sala a su relato.
El relato de Aldama duele y asombra a parte iguales, porque relata el modus operandi de una trama criminal impulsada por los políticos que llegaron a la Moncloa con el objetivo de regenerar la democracia. Al final, parece, no se trataba de eso, sino de moverle el sitio al Partido Popular, para poder ser ellos los que también se corrompieran desde el poder.
Aldama no se cortó al apuntar hacia lo más alto: Pedro Sánchez era conocedor de todo el entramado montado por sus subordinados que sirvió, entre otras cosas para financiar al PSOE con 1,8 millones de euros procedentes de constructoras a las que se les adjudicaban obras que luego sufrían modificaciones para poder costear esa mordida. Venezuela también ayudó, y es que Sánchez quería a toda costa liderar la Internacional Socialista y para eso hacía falta dinero… dinero canalizado al principio por Juan Guaidó y luego por el régimen de Maduro (vía Delcy Rodríguez). La Audiencia Nacional, que es quien investiga este caso, tendrá que determinar qué hay de verdad en este relato, pero Aldama sabe a lo que juega: los socios del Gobierno que han mirado sin ningún pudor hacia otro lado ante los escándalos protagonizados por Ábalos, Koldo y Cerdán, han puesto en numerosas ocasiones el tema de la financiación ilegal como línea roja para permitir que la legislatura continúe. Veremos si siguen adoptando la táctica del avestruz.

Aldama quiso también soltar su munición contra Begoña Gómez. Al comisionista le dijeron (vía María Jesús Montero) que la SEPI iba a vender unos terrenos. Él se interesó por uno en concreto en pleno barrio de Salamanca costaba 250 millones de euros, pero Koldo le dijo que no podía ser, que Begoña lo quería para hacer ella misma un negocio con el Instituto de Empresa, el mismo que luego la colocó al frente del África Center.
En su larga comparecencia Aldama se ratificó en todos los puntos de sus confesiones previas, dando además algún dato más: que en México le pagó “las señoritas” a Ábalos porque necesitaba relajarse, que el exministro compatibilizaba su relación con Jésica Rodríguez con la de otras “señoritas” que llegaron a viajar en su vehículo oficial… Y que Jésica tenía cogido “por los huevos” al ministro porque poseía un video suyo comprometido. Aldama costeó el tren de vida de Ábalos y de su todopoderoso asesor: les daba al mes diez mil euros, pagó el tratamiento de fertilidad de la mujer de Koldo, el descapotable de la mujer del ministro… Y así hasta entregarles casi 4 millones de euros.
María Jesús Montero dio orden, además, de que al comisionista se le aplazara una deuda que tenía con Hacienda. Para demostrar la buena relación que la vicepresidenta tenía con el ministro de Transportes, Aldama, no se anduvo con sutilezas: “A Montero se le hacía el coño agua con Ábalos”.
El abogado de Ábalos apuntó que lo que buscaba en realidad el comisionista era alardear y aparentar relaciones de poder, a lo que él respondió con una verdad incontestable: “No soy tan imbécil de poder ir a la cárcel –aseguró- si lo que digo no es verdad”. Lo que ya no sonaron tan ciertas fueron sus palabras de arrepentimiento. “No lo volvería a hacer, pero nadie me obligó a estar ahí”. Ayer donde estaba, es en el banquillo, y quizá en no mucho tiempo, en la cárcel, aunque puede que por menos años de los que le corresponderían gracias a sus confesiones. “Arrepentidos los quiere Dios”, y el fiscal Luzón, que pudo apuntalar su escrito de acusación.
