Profunda preocupación por la situación de la premio Nobel de la Paz iraní Narges Mohammadi y otros miles de presos de conciencia y activistas que cumplen condenas en las cárceles de la República Islámica en medio de una guerra que entra en su segunda semana y continúa escalando no solo en territorio iraní sino en toda la región. Y de un apagón de comunicaciones que hace extraordinariamente difícil cualquier contacto con la población reclusa en el país de Oriente Medio.
Con todo, Artículo14 ha podido conocer a partir de su entorno familiar, y concretamente de su esposo, el periodista y escritor Taghi Rahmani, que la activista por los derechos humanos continuaba -este miércoles sumaba su 90ª jornada consecutiva privada de libertad- en la cárcel de Zanján, situada a unos 320 kilómetros al norte de la capital iraní, Teherán, objeto de reiterados bombardeos israelíes y estadounidense, y en una precaria situación de salud.

Una Premio Nobel sentenciada a 44 años de cárcel
La premio Nobel de la Paz 2023 y activista por los derechos humanos -a quien las autoridades iraníes han impuesto un total de 44 años de cárcel por distintos delitos a lo largo de su vida, de los cuales debe cumplir activamente al menos 17 años- fue trasladada el pasado 10 de febrero desde un centro de seguridad de la localidad de Mashhad, en el noreste de Irán, al citado penal general de Zanján en medio de un ambiente generalizado de terror tras la represión gubernamental de las protestas del mes de enero, la cual dejó miles de muertos y heridos.

En un comunicado emitido el pasado 1 de marzo -horas después del inicio de la operación bélica israelo-estadounidense contra el régimen de los ayatolás-, la Fundación Narges Mohammadi expresaba “su profunda preocupación por las vidas de los presos políticos y detenidos por participar en las protestas”.
Today marks the 87th day since Narges Mohammadi’s brutal arrest. As she is exiled to Zanjan prison, she is caught between the walls of a brutal regime and the terrifying sounds of explosions outside.
While the world marks a day for women’s rights, many Iranian women spend these… pic.twitter.com/eZtd3qyUN7
— Narges Mohammadi | نرگس محمدی (@nargesfnd) March 8, 2026
Al margen de su estado de salud -la activista fue trasladada en enero al hospital-, la mayor preocupación en estos momentos sobre Mohammadi es que el rápido deterioro de la seguridad en el país ponga en riesgo vital a la población reclusa. De hecho, el 2 de marzo, la ONG Iran Human Rights Society denunciaba la “situación caótica y de emergencia” que se vive en la cárcel de Evin, situada en el noreste de Teherán.
Miedo a un bombardeo
La organización aseguraba que una parte del personal de la temible prisión de la capital iraní había huido de las instalaciones dejando encerrados a los presos, y privándolos del “acceso al comisario y a sus necesidades básicas”. Además, la ONG asegura que “en el pabellón de mujeres y el pabellón 7 se ha dejado de distribuir comida, salvo una exigua cantidad de pan”. No en vano, el 23 de junio del año pasado -durante la conocida como guerra de los 12 días-, la cárcel de Evin fue objeto de un bombardeo israelí que costó la vida a al menos 71 personas entre presos y funcionarios y miembros de las fuerzas de seguridad.

El activista Reza Khandan, marido de la activista iraní Nasrin Sotoudeh -actualmente fuera de prisión gracias a un permiso médico-, quien cumple condena en Evin, pedía a las autoridades judiciales iraníes en carta urgente desde la cárcel la liberación inmediata de todos los presos políticos debido al peligro extremo que corren por los bombardeos actuales.
Desde Madrid, la presidenta de la Asociación Iraní pro Derechos Humanos en España, Fariba Ehsan, hacía hincapié en la gravedad de la situación que viven los presos en plena escalada del conflicto. “Los funcionarios de las cárceles han huido y quienes están vigilando en estos momentos a los presos son miembros de la Guardia Revolucionaria, unos bárbaros, y si estos ven que el régimen empieza a caer pueden acabar ejecutando a los presos. Por otro lado, los bombardeos estadounidenses e israelíes los ponen también en peligro. Tenemos que ser su voz”, explica la activista a Artículo14.
