Dicen que dormir es media vida, porque no es solo el tiempo que pasamos durmiendo (que realmente suele ser un tercio), sino que cómo dormimos determina la calidad de nuestra vida cuando estamos despiertos. Para Calderón de la Barca el sueño era toda la vida, que no sólo una parte, que toda la vida es sueño, aunque en este caso quizá hablaba de otra cosa. Dormir es imprescindible para tener una buena vida, para tener una buena salud, física y mental. Por más que haya personas que consideren que dormir es perder el tiempo, es tan necesario o puede que incluso más que tener una buena alimentación.
El pasado viernes 13 de marzo se conmemoró el Día Mundial del Sueño, un día que viene celebrándose desde 2008 para concienciar sobre la importancia del sueño en la salud. Según barómetros y estudios publicados recientemente, más de la mitad de los españoles tiene problemas relacionados con el sueño.
Lo dice la Sociedad Española de Neurología, pero lo sabemos todos de manera experimental, dormir bien, tener un sueño de calidad, es imprescindible para la salud en general y para el bienestar mental.
¿Cómo saber si tenemos un sueño de calidad? Tan fácil como comprobar cómo nos sentimos. Si la sensación es de descanso y energía, si nos sentimos bien, el sueño ha sido de calidad. No hay que buscar ningún otro dato.
Que los españoles tenemos hábitos que no comparte casi nadie en el mundo, ya lo sabemos, y entre ellos están nuestros horarios. No hay extranjero que no se sorprenda cuando se encuentra con los horarios españoles para cenar y para dormir. Que la pregunta que me han realizado amigos de otros países al descubrir nuestras tardías horas de cenar o de irnos a dormir es muy pertinente: entonces, ¿cuántas horas duermes? Porque las cifras no cuadran cuando hay que madrugar al día siguiente.
Y así ves a tantas personas casi arrastrándose a sí mismas cada día, sin ganas de hacer nada, no digamos trabajar, no hay ningún misterio, están cansadas, o peor.
Claro que el tema de corregir los hábitos es en algunos casos imposible. Porque un hábito, para quedarse con nosotros, necesita tiempo. Dicen que con veintiún días ya podemos considerarlo nuestro, aunque hay estudios científicos que elevan la cifra hasta diez semanas.
Dicen también estudios científicos sobre el sueño que dormir cerca de quien queremos facilita el sueño ya que se reducen los niveles de cortisol (ya que dormir con la persona que queremos libera oxitocina), y nuestro cerebro interpreta que estamos en un entorno seguro.
Aún más, no sólo es más fácil quedarse dormido cerca de alguien a quien queremos, sino que, además, según un estudio de la Universidad de Arizona, quien duerme con su pareja duerme mejor que aquellos que lo hacen solos. Así que también queda resuelto el misterio de muchas personas que siempre duermen peor cuando están solos.
Dormir mal o dormir poco, o las dos cosas a la vez, complican la salud, pudiendo provocar enfermedades físicas como la diabetes, la hipertensión o la obesidad, y mentales como la depresión. Por el contrario, dormir bien fortalece nuestro sistema inmune, mejora nuestro equilibrio emocional y previene enfermedades crónicas.
Así que habrá que tomarse en serio lo de dormir bien teniendo en cuenta cómo impacta en el resto de nuestra vida. Acostarse pronto y junto a la persona que quieres ya nos pone en el camino para un sueño de calidad. Así que, ya sabes, no lo digo yo, lo dice la ciencia.
