Guerra

Un mes de “furia épica” no logra doblegar al régimen de los ayatolás

La ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel logra desestabilizar el aparato militar iraní y degradar sus capacidades militares, pero no logra anular su capacidad de respuesta ni evitar el riesgo de una guerra prolongada

El primer mes de guerra abierta entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha dejado un balance militar complejo. Si bien la superioridad aérea de dos de los ejércitos más poderosos del mundo es evidente, la campaña no se traduce en una victoria decisiva. Lejos de un desenlace rápido, el conflicto ha evolucionado hacia una guerra regional de incierta duración, con unas repercusiones sobre la economía global que tardarán tiempo en repararse.

Desde el inicio de las hostilidades, la estrategia de Washington y Jerusalén ha seguido una lógica clara: desarticular el núcleo de mando iraní y neutralizar su capacidad ofensiva, especialmente en el ámbito de misiles balísticos y drones. No obstante, en la actual fase del conflicto los aliados difieren en la estrategia.

Trump busca un alto el fuego, Netanyahu, golpear

Donald Trump valora un alto al fuego para detener el incremento de los precios del petróleo -derivados del bloqueo del estrecho de Ormuz-, mientras que Benjamin Netanyahu sigue apostando por golpear con dureza al régimen iraní para abrir el terreno a una sublevación interna, que cada día parece más improbable. Las fuerzas de represión interna Basij vigilan las ciudades iraníes para contener con violencia cualquier ápice de revolución.

Soldados israelíes inspeccionan los restos de un misil balístico iraní que cayó en los Altos del Golán
EFE

Uno de los principales logros iniciales ha sido el duro golpe atestado al aparato político-militar iraní. La primera oleada de ataques se centró en objetivos de alto valor simbólico en Teherán y otras ciudades clave. Altos mandos militares y responsables de seguridad, incluyendo jefes del Estado Mayor, comandantes de las Guardias Revolucionarias y figuras clave del entorno del poder han sido abatidos.

Tras la eliminación del líder supremo de Irán

La muerte del líder supremo Alí Jameneí en el primer día de guerra desató cierta euforia inicial, pero su hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei, se muestra decidido a continuar la estrategia de confrontación diseñada por su padre. Israel y Estados Unidos buscaban romper la cadena de mando y generar confusión operativa, pero las Guardias Revolucionarias demuestran capacidad de seguir operando como células independientes, y cumplen órdenes, aunque sus lideres sean liquidados.

Mujeres iraníes portan carteles que muestran al líder supremo iraní Mojtaba Jamenei
EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

El segundo eje de la campaña en Irán

El segundo gran eje de la campaña ha sido la destrucción sistemática de infraestructuras militares. Según datos difundidos por la Casa Blanca, más de 10.000 objetivos han sido atacados en territorio iraní desde el inicio del conflicto. En las primeras semanas, las cifras ya eran significativas: unos 3.000 objetivos golpeados y al menos 43 embarcaciones iraníes destruidas o dañadas, incluyendo activos navales vinculados a la Guardia Revolucionaria. Esta dimensión marítima ha sido clave, especialmente en relación con el control del Estrecho de Ormuz, vital para el comercio energético global.

Los ataques también han alcanzado instalaciones sensibles en ciudades como Isfahán y Shiraz, incluyendo infraestructuras relacionadas con el programa de misiles y, potencialmente, con el ámbito nuclear. En caso de que Irán no acepte la tregua, Trump amenazó con desplegar botas sobre el terreno para garantizar el tráfico por Ormuz e incluso capturar el uranio enriquecido que esconde el régimen iraní.

IRán
Vista aérea de la Isla de Jarg, Irán
EFE/EPA/EUROPEAN UNION, COPERNICUS SENTINEL

Pese a que los bombardeos aéreos se centran en infraestructuras militares o de poder del régimen, la Media Luna Roja iraní denunció más de 1.300 ataques en apenas seis días, con al menos 174 zonas residenciales afectadas y más de un centenar de instalaciones civiles dañadas, incluidos centros de salud y servicios básicos. El Ministerio de Energía iraní ha reportado daños severos en redes de agua y electricidad.

La mayor campaña aérea de la historia de Israel

Desde el punto de vista estrictamente militar, uno de los mayores logros ha sido la superioridad aérea casi total. Israel ha descrito la operación como la mayor campaña aérea de su historia, con cerca de 200 aviones atacando unos 500 objetivos en la primera gran oleada de ataques.

Humo negro sobre Teherán
EFE

Según fuentes militares israelíes, se habría destruido aproximadamente el 80% de los sistemas de defensa antiaérea iraníes y más del 60% de sus lanzaderas de misiles. Esto se traduce en una capacidad mucho menor de Irán para interceptar ataques o lanzar salvas masivas de misiles balísticos. No obstante, con pocos proyectiles, Irán logra generar gran disrupción -e impactos- en Israel y el Golfo Pérsico.

Destruir defensas aéreas, radares y plataformas de lanzamiento

De acuerdo a datos del Pentágono, los lanzamientos de misiles balísticos iraníes han caído un 86% respecto a los niveles iniciales, mientras que los ataques con drones se han reducido en un 73%. En una primera fase de la ofensiva, los ataques sorpresa buscaron eliminar centros de mando y liderazgo político. Posteriormente, la ofensiva se centró en destruir defensas aéreas, radares y plataformas de lanzamiento.

Golpe a los ayatolás
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en la reunión del gabinete
Efe

En los últimos días, también se añadieron infraestructuras civiles y energéticas como blancos de ataques, como ocurrió con el bombardeo israelí sobre la reserva energética de South Fars. Analistas apuntan que esta doctrina pretende aumentar el coste interno de la guerra para Irán y presionar hacia una negociación. La campaña ha incluido ataques contra activos navales, puertos y redes logísticas, así como operaciones dirigidas contra aliados regionales de Teherán en el Líbano e Irak.

Irán resiste

A pesar de los golpes asestados, Irán ha demostrado una notable capacidad de adaptación, readaptando sus cadenas de mando dañadas y manteniendo operativo partes de su arsenal. Durante este primer mes, Teherán ha lanzado múltiples oleadas de misiles y drones contra Israel y bases estadounidenses en la región. También ha amenazado infraestructuras estratégicas y ha saboteado el tráfico por el estrecho de Ormuz, su principal baza para generar presión global.

Personal de seguridad, rescate y paramédicos israelíes trabajan en el lugar del impacto directo de un misil iraní en Arad, Israel. EFE/EPA/ABIR SULTAN EPA

La capacidad de resistencia del régimen iraní, inferior militarmente a sus rivales, pone en entredicho la estrategia aplicada por EE UU e Israel. Como recuerdan varios análisis, la degradación de capacidades no equivale a una neutralización total. El primer mes de guerra ha redefinido el equilibrio militar, pero en caso de frenar el conflicto, es cuestionable que se logren los objetivos fijados.

Irán conserva suficiente capacidad ofensiva para sostener el conflicto y mantener la presión regional, e incluso logra fotos “victoriosas”, como los continuos impactos de sus misiles balísticos con bombas de racimo en todo el territorio israelí. Por ahora, tras un mes de guerra, la campaña militar no se traduce en cambios drásticos en Oriente Medio.