En España, el nombre en boca de todos es Noelia Castillo. El caso de la joven de 25 años ha provocado un intenso debate médico, jurídico y ético sobre la eutanasia más allá de la enfermedad terminal. Pero no es la primera vez que Europa se enfrenta a la cuestión de la eutanasia por problemas psiquiátricos.
Los primeros países de la Unión Europea que aprobaron la eutanasia fueron Bélgica y Países Bajos. Después se sumó Luxemburgo. En estos tres países, al igual que en España, la legislación vigente permite que un médico practique la eutanasia. Mientras que Alemania, Italia y Austria solo permiten el suicidio asistido.

El precedente: Milou Verhoof
En Países Bajos, ha habido un caso, también muy mediático, que es un precedente para Castillo. Milou Verhoof, tenía 17 años, gozaba de buena salud física pero llevaba años con tratamientos psiquiátricos. Su diagnóstico -trastorno límite de la personalidad- le había dejado con dificultades para regular sus emociones. Al igual que la joven española, Verhoof fue violada con tan sólo 13 años. Más tarde desarrolló estrés postraumático, depresión y patrones de autolesiones violentas. Se intentó suicidar varias veces. Según su familia, ningún tratamiento lograba aliviarla.
Verhoof pidió la eutanasia, pero en un primer momento no fue aceptada. No fue hasta que su familia se puso en contacto con el psiquiatra Menno Oosterhoff que el caso avanzó. Según la legislación neerlandesa, la eutanasia está permitida cuando el sufrimiento del paciente se considera “insoportable” y sin perspectivas de mejora, y cuando la solicitud es voluntaria y está bien meditada. La ley se aplica, con garantías adicionales, a los menores.

Milou Verhoof murió con sus zapatos de tacón
El caso de Milou cumplía ese requisito. El 2 de octubre de 2023, falleció en su dormitorio, rodeada de sus padres, tras recibir una inyección letal. En los días previos, ella misma eligió la ropa con la que sería enterrada: un vestido de noche y zapatos de tacón. Murió en brazos de su madre. Para su familia, fue un final controlado y digno de lo que consideraban una batalla ya perdida. Su madre, Mireille Verhoof, aseguró más tarde que confiaban en la conclusión del médico de que su hija “realmente no podía seguir adelante” y que sus días se habían vuelto “insoportables”. Estaba exhausta.
Hay un documental, La lucha de Milou continúa, en el que queda retratado todo este proceso. Milou fue la primera menor en Países Bajos en morir por eutanasia debido a un sufrimiento psicológico incurable, y al año siguiente comenzaron las críticas.

En abril de 2024, catorce psiquiatras y médicos expresaron su preocupación ante la Fiscalía neerlandesa. Cuestionaron si Milou había sido plenamente capaz de tomar una decisión autónoma en un estado de angustia aguda. También señalaron el tratamiento público que se le había dado a su caso, incluida una conversación grabada en vídeo sobre su deseo de morir, que posteriormente se publicó en internet. Para los firmantes, la cuestión residía en que una adolescente con una enfermedad mental grave nunca puede cumplir el criterio de una solicitud de muerte “bien meditada”.
Este es el principal debate de la eutanasia psiquiátrica. A diferencia de las enfermedades físicas terminales, los trastornos mentales no ofrecen pronósticos claros. Oosterhoff, especialista en psiquiatría infantil y adolescente, se ha convertido en una de las figuras más visibles asociadas a la eutanasia psiquiátrica en Países Bajos. En el caso de Milou, siguió los procedimientos legales: consulta con otro psiquiatra, documentación de la diligencia debida y revisión final por parte de las autoridades. Todos sus casos, incluido este, superaron el escrutinio a posteriori de los Comités Regionales de Revisión de la Eutanasia.

Según datos de la UE (que no tiene competencia para lidiar con la eutanasia) en Países Bajos y Bélgica se ha observado un aumento del número de personas que solicitan la eutanasia a lo largo de los años, y los estudios no muestran indicios de que la legislación haya dado lugar a ningún tipo de abuso. En cuanto a la eutanasia entre pacientes psiquiátricos, aunque es una pequeña proporción del total de casos, también ha habido un incremento. De un único caso registrado en 2003 a más de un centenar en los últimos años.
La muerte de Noa Pothoven
El caso de Milou Verhoof se sitúa en los límites de ese marco, pero no es un hecho aislado. Verhoof, a pesar de ser menor de edad, contaba con el apoyo de sus dos progenitores. Hubo un caso anterior, el de Noa Pothoven que también generó muchísima polémica entonces. En 2019, la neerlandesa de 17 años, falleció tras años de traumas que incluyeron una agresión sexual a los 11 años y una violación a los 14. Tenía trastorno por estrés postraumático, depresión y trastornos alimentarios. Había solicitado la eutanasia, pero se le denegó, pues era demasiado joven y los médicos consideraron que su caso era potencialmente tratable.
Los titulares de todo el mundo afirmaban que había sido sometida a eutanasia. En realidad, Noa Pothoven dejó de comer y beber. Anteriormente había sido alimentada a través de una sonda, pero tras prolongadas discusiones, su familia acordó dejar de forzar el tratamiento y, en su lugar, se centró en los cuidados paliativos para aliviar sus últimos días de vida.
La eutanasia, según la legislación neerlandesa, es una intervención médica activa: un médico que administra fármacos letales a petición del paciente. En la muerte de Noa Pothoven no hubo intervención. Los padres de Noa creen que el sistema le falló debido a los largos tiempos de espera y a los tratamientos que ella describió como “degradantes y humillantes”.
